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Nada por ahora
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Is London's To Love? - Antonella Pizzi, J.C. Hyacinth, J. Alvarez









El Volumen de Historias Cortas, "Is London's to Love?" es una pequeña evocación hacía la parte romántica de un Londres de los años de 1800. Lleno de bailes, criaturas míticas, aristocracia y por supuesto, gallardos caballeros buscando un buen partido como esposa.

1.       El Disfraz del caballero por Antonella Pizzi.

¿Su Nombre? Lord Christopher Helsting, era el gallardo heredero del condado de Wilbestook; un hombre atractivo y educado. Un encantador en potencia…
…Y un caballero disfrazado.
O por lo menos eso es lo que opina la Señorita Valerie Novak, después de culminar su primer encuentro en una fiesta.

2.       El Despertar del Amor por J.C. Hyacinth.

La Señorita Ginebra Gentry podría ser quizá la mujer más acomplejada dentro de esta temporada en Londres. Tímida, callada y completamente opaca, se ve deslumbrada cuando una de las muchachas más escandalosas y hermosas de la sociedad decide explicarle unas cuantas cosas y hacerle compañía el resto de la velada.

3.       Más Allá de la Oscuridad por J. Alvarez.

Luz Angélica se sentía como una mariposa atraída hacia el fuego.  Saint Damon, Conde de  Whithe Casthel,  era un hombre maldito, un asesino que la asechaba para matarla y destruirla,  pero no podía dejar de pensar en él, de desearlo aunque signifique su muerte.
Saint solo tiene un propósito: aniquilarla. Le molesta su luz, le estorba su ingenuidad; sin embargo está atado a ella por una pasión que va más allá de cualquier explicación.
La muerte, la luz  y la oscuridad lucharan cuando surja el amor.


4.       El Corazón de una dama por Antonella Pizzi.

La señorita Ann Prescott es la sensación de la temporada. No, no hay que equivocarse en referencia a esta situación, porque Ann  no es una “belleza” y su forma física no es la que la llevo a ser la criatura más buscada entre la alta clase, si no el hecho de que una personalidad tan extravagante como la suya ha escandalizado a la mayor parte de todo Londres. Pero aun así, Ann es increíblemente fascinante y deseada.
…O eso es lo que surge en la mente de Lord Gael Carrington. El insigne, frío e inquebrantable conde, se funde por el deseo y la lujuria que siembra en él una hermosa y cándida joven. El problema entre ellos es que, se llevan igual que un perro y un gato y ninguno está dispuesto a ceder ante el otro.
¿Podrá la atracción entre ambos superar el orgullo?

5.       Más Allá de la Luz por J. Alvarez.

Frederick  Dagmar Eisenheim, el duque  Blackpool, siempre quiso encajar y ser  como un noble normal, pero no lo era. Desde pequeño podía ver fantasmas y mover objetos. Ahora está a punto de lograr su gran deseo: ser aceptado totalmente por la sociedad inglesa. Sin embargo, Melina Brunelli se atravesó en su camino, más que una mujer es un demonio malcriado que lo vuelve  loco.
Por más que quiere olvidarla o deshacerse  de ella, su obstinación, belleza, corazón  y gran ímpetu lo encadenan cada vez más a una pasión que dominará su vida.
Melina Brunelli no entiende como ese hombre la exaspera hasta querer arrancarse los cabellos y quedarse calva, al mismo tiempo, cada vez que la mira su cuerpo se enciende  de algo que no puede explicar.
Dos seres que se entenderán más allá de sus ambiciones, de lo que creen correcto, más de la luz en donde solo tu corazón manda.

Descarga: Aquí.




Después de todo el trabajo que tomó, por fin hemos logrado terminarla. Estoy feliz de haber participado en este volumen de historias cortas con Hyacinth y Citu (J. Alvarez); me divertí a la hora de escribir mis propias historias y disfruté leyendo las de ellas. Por eso espero de todo corazón, que ustedes también lo disfruten.

Blog de Citu (J. Alvarez): http://enamoradadelasletras.blogspot.com/


Nota: Habilitaré las descargas de mis viejas historias de nuevo.



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Besos a Medianoche. Capítulo XI. Parte I.



Alexander jamás se había considerado a sí mismo como alguien impulsivo. Ni siquiera en su vida como humano había recordado el hacer alguna locura a parte de lo que sería normal para un hombre atractivo y con fácil encanto para seducir a las mujeres.
            Sin embargo, en los últimos cinco años se jactaba de decir que se había convertido en una especie de acosador.
            Cuando su compañera había estado aun en la tierna edad de diecisiete años y justo antes de irse a Australia, él terminó visitando la habitación de ella a mitad de la noche solo para terminar de convencerse a sí mismo que era una mejor idea dejarla ir. Tenía la excusa de que había sido una simple despedida, la última vez que la vería.
            Entonces, ¿Cuál era la auto justificación que se plantearía a si mismo esta vez?
            Poco después de haber pagado el restaurante y haberse despedido de Ethan, no pudo siquiera encaminarse correctamente a casa, aunque ciertamente se obligó a sí mismo a moverse durante los primeros pasos; de alguna forma u otra, sus instintos lo llevaron por otro sendero y antes de darse cuenta terminó frente a un conjunto de apartamentos.
             Sabía quien vivía allí.
            Se preguntaba que maldiciones pasaba por su cabeza, ó como de un momento a otro sabía tanto de ella.
            No tenía poderes mentales ni toda esa mierda de la que era poseedor Blasius ó un delicado y potente oído e instinto animal como Ethan.
            Él simplemente lo había sabido.
            “…¿Qué demonios está sucediendo?”.
            No recordaba que los compañeros tuvieran una conexión tan potente sin estar unidos; y aun así terminó en una de las ventanas de los últimos pisos, como si ya lo hubiera hecho antes.
            De hecho, se sintió como un deja vu de aquella vez en que hizo lo mismo antes de irse a Australia, pero eso no justificaba que tuviera el conocimiento suficiente para saber en donde vivía Kirsten Shower y aun si lo supiera, como había dicho antes, el estar allí sin motivo alguno lo convertía en un verdadero acosador.
            Había entrado en silencio a la habitación, cuidando que sus pasos no fueran demasiado ruidosos y que pudieran llegar a despertarla; aun así, mientras examinaba la habitación en tonos pasteles con un escritorio al fondo repleto de montañas de papeles y libros, no esperó que al dirigir su mirada a la cama mientras avanzaba se iba a encontrar con tal visión. Toda esa cremosa piel expuesta sin ningún pudor y el cabello pelirrojo esparcido por la almohada blanca haciendo un exquisito y perfecto contraste.
            Kirsten Shower fue toda una visión en esos momentos.
            Era inclusive más hermosa que las valquirias, y él sentía el mórbido deseo de tocarla; ¿Y por qué no? De marcarla toda, para que fuera solo de él.
            Lamentablemente, entre sus pensamientos sobre por cual parte debería comenzar a marcar del cuerpo de Kirsten, retrocedió un paso y tropezó con el objeto que se encontraba tras él.
            …Cuando era más joven, Kirsten no tenía el sueño tan ligero según lo que recordaba. Esta vez, no contó con la misma suerte que la última vez que la visitó y ella pensó que se trataba de un sueño.
            Ahora habían terminado en esa incómoda situación.
            Alex tenía la virtud de lograr parecer tranquilo y como si estar en la habitación de ella sin permiso fuera lo más normal del mundo; aunque por dentro se sentía avergonzado y de alguna forma cohibido.
            —Que usted no sea normal, no significa que pueda entrar a la habitación de alguien más, o a la casa de alguien más sin permiso —Decía Kirsten. Tenía el ceño gravemente fruncido y sus bellos ojos azul cielo con gloriosos matices oscuros, brillaban con bastante desaprobación. Lo interesante del asunto es que Kirsten parecía ser una mujer muy racional y seria, bastante para su corta edad.
            —Tiene toda la razón —Admitió con los labios algo apretados y pensando en que hacer ahora. Ella se había cubierto hasta la clavícula con la sabana, dejando una clara línea de rechazo entre ellos.
            “…No puedo culparla. Primero la beso a la fuerza, y luego me aparezco en su habitación como si nada”. Visto desde el lado inteligente, lo dejaba en una muy mala posición con respecto a su compañera.
            —No pienso hacerte nada malo —Prometió Alex mientras alzaba ambas manos a la altura de su pecho en son de paz.
            Kirsten continuó observándolo con desconfianza.
            —¿Qué es lo que quiere? Pero por sobre todo… ¿Cómo supo mi dirección?
            Oh, mierda.
            —No es posible que explique eso ahora mismo —Alex se apresuró a carraspear, y como si hubiese sido invitado se sentó en la butaca cerca de la cama de Kirsten. Ella lo miró estupefacta y con los labios entreabiertos.
            —Si, claro. Siéntete como en casa.
            Alex sonrió enarcando las cejas, un poco avergonzado por la situación; no era nada bienvenido allí. ¿La habría asustado el que la besara? Él tampoco se lo había esperado, pero mientras más se encontraba con ella, la necesidad de reclamarla era más insistente y poderosa. Termina haciendo locuras sin sentido como colarse a la habitación de la pobre joven, como si se tratara de un pervertido acosador.
            —Sólo quería hablar contigo —Apoyó ambas manos en sus muslos y se inclinó unos segundos hacía adelante.
            —Y fue muy sensato entrar por mi ventana a la medianoche. Ya veo —Kirs se cruzó de brazos por sobre la sabana  y la arruga de disgusto en su frente se intensificó —. ¿Qué es lo que es tan importante que no pudo esperar hasta mañana o cualquier otro día, Señor Night?
            Ella comenzaba a pensar que el hombre necesitaba un psiquiatra. No un psicólogo, si no un psiquiatra directamente.
            Era sumamente atractivo, la luz de la luna que se colaba por la ventana abierta de par en par, hacía que sus ojos se vieran verdes. Nunca lograba aclarar el color de ojos de Alexander Night, a veces se veían tan azules, otras tan verdes, y finalmente algunas otras eran un exquisita y perfecta mezcla de ambos.
            El cabello castaño claro caía sobre sus hombros de forma despeinada, haciendo contraste con su piel ensombrecida por la oscuridad y la barba incipiente que recorría con sensualidad e insinuación su mandíbula.
            Los labios que la habían besado hasta dejarla sin aliento horas atrás se veían llenos y brillantes. Su corazón dio un vuelco y sus entrañas se revolvieron por el deseo de volver a besarlo.
            …Ese hombre era el pecado que había tomado forma en una sensualidad oscura y de alguna forma antigua e inicua.
            Pero estaba loco.
            —No es algo relevante. Solo quería saber más de ti —Contestó él enderezándose y acariciándose la nuca mientras desviaba la vista —. Eso era todo lo que quería hablar contigo y sentía que no podía esperar hasta mañana.
            Ella parpadeó por la respuesta y ladeó un poco la cabeza.
            —Aun así, Señor Night…
            —Te deseo.
            …¡¿QUÉ?!
            —¿Perdone? —Al hacer la pregunta, la voz de Kirsten sonó aguda por la sorpresa. Alex, quien había desviado la vista unos instantes, regresó a mirarla con intensidad.
            —Te deseo, Kirsten —El sonido profundo, serio y necesitado de la voz de Alex lograron que toda su piel se erizara de expectación. De un momento a otro sintió todo el cuerpo caliente a pesar que llevaba muy poca ropa encima.
            Instintivamente, se cubrió aun más con las sabanas. La declaración de Alexander Night no la hacía sentir temerosa, más bien, contra todo lo ético y racional, la excitaba.
            —N-No comprendo… Yo… —Tartamudeaba bajando la vista, mientras intentaba regularizar su apresurada respiración y tranquilizar su desbocado corazón.
            Oyó a Alex levantarse de la butaca de su habitación y caminar despacio hacia ella.
            Debería haber retrocedido, pero cuando él hincó una rodilla en la cama y le tomó la barbilla con una de sus manos para hacerlo mirarlo, perdió todo pensamiento coherente. Estaba tan cerca que sentía la respiración de él contra sus propios labios.
            Su mirada estaba cargada de fuego y la quemaba.
            —Te deseo —Susurró con voz baja, sin apartar ni un segundo la mirada de ella —. Tu cuerpo, tu corazón y tu alma. Todo tiene que ser mío… Aunque no lo sepas, naciste para pertenecerme, Kirsten, y te lo haré comprender con mi propio cuerpo y ser —Cuando lo vio inclinar más el rostro, Kirsten cerró los ojos. Alexander le llenó las mejillas, barbilla, parpados y frentes de suaves besos delicados… No hacía nada más, y eran unas caricias tan pequeñas que parecían el simple roce del pétalo de una rosa; más sin embargo, acabó con la respiración nuevamente agitada —… Pero esta noche no.
            Lentamente separó su rostro del de ella e inclinándose nuevamente tras unos segundos, rozó sus labios con los de ella.
            “…Dios… Siento que mi corazón se me saldrá por la boca”.
            No pudo moverse mientras él se separaba del todo de ella y se ponía de pie.
            —Regresaré —Susurró sonriéndole.
            ¿Regresaría?.
            Lo miró fijamente desde su posición. Alex caminó a un paso tan sensual y atrapante, como el de una pantera, hasta el marco de la ventana. Él apoyó primero un pie en la ventana y se sentó con las piernas hacía afuera; en un abrir y cerrar de ojos desapareció.
            Kirsten esperó lo suficiente como para tranquilizarse.
            Se levantó de la cama y caminó hacía la ventana.
            Él había dicho que había subido por las escaleras para incendio, pero cuando se asomó, recordó que en realidad la escaleras para incendio estaban en la sala.
            “¿Qué carajos...?”.


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 N.A: ¡Hola a Todos! ¿Como van? Esta ha sido mi primera semana de clases del segundo año de la universidad. Debo admitir que aunque mi horario tiene algunas cosillas pesadas, está lo suficientemente liviano para tambien permitirme escribir. Dos cosas: Ya vamos por el capítulo 11 de Besos a Medianoche, y también ya van 100 páginas de historia ¿No es genial?. También el blog está por cumplir las 30.000 visitas, muchas gracias a todas.

No olviden que mañana es 23 de febrero. La publicación del volumen de historias cortas en el que estuve trabajando toda la semana, tiene su debut mañana. Espero que se pasen para descargarlo, leerlo y dejarme su opinión... Es un trabajo sobre mi genero favorito: el romance histórico, además que realmente aprecié mucho la ayuda que recibí para ellos.

Este capítulo va dedicado especialmente para personas que sé que tienen tiempazo siguiendome: Pamela, Alex, Pierina y Firiel. Muchos besos chicas; gracias por el apoyo que recibo con sus comentarios y fuera del blog también (en el caso de Pieri y Firiel).

 
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Portadas

Hola, Chicas... Lo siguiente es con objetivo de preguntar si había alguna de ustedes que supieran hacer portadas y quisieran ayudarme a hacer una ya que lo necesito.

Obviamente recibirán crédito por la misma.

Si hay alguien interesando, por favor escriban aquí y dejenme su e-mail para poder contactarla.

Besos y Abrazos,
Anto.
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Besos a Medianoche. Capítulo X. Parte II.



—¿Dónde está la cosita más hermosa que haya habitado esta casa?
Kirsten siempre había pensado que Abby era un poco extraña, pero al verla acuclillarse así y hablarle de esa forma al enorme perro que repentinamente había adoptado —En algún momento dado del día anterior, había comprado hasta un collar rojo que resaltaba en el pelaje del animal—, comenzaba a dudar de su cordura.
El perro movía su cola animado desde que Abby había entrado al departamento, y ahora frotaba su rostro sobre el de ella.
—¿Por qué le compraste un collar? Pensaba que te desharías de él en cuanto se recuperara —Dijo Kirsten mientras se descolgaba el bolso cruzado y pasaba a dejarlo con cuidado en la cómoda que se encontraba en la entrada.
—No seas mala, Rhett es un buen chico. Además, pensé que le quedaría lindo y no me equivoque —Abby la miró por sobre el hombro mientras le hacía caricias en el pelo al “lobo”.
—¿Rhett? —Parpadeó al oír el nombre y luego entrecerró los ojos —. Deja de leer tanto lo que el viento se llevó[1].
—¿Por qué crees que le puse Rhett debido a lo que el viento se llevó? —Preguntó Abby mientras se ponía de pie. El perro comenzó a frotar su cabeza en la mano de ella, como protestando por el hecho que había dejado de lado sus caricias para hablar con Kirsten. Que lamentable animal… Mira que mendingar cariño de esa forma.
Suspirando, Kirs se obligó a sí misma a alzar la vista y regresar a mirar a Abby.
—Eres una escritora y lectora compulsiva, de ti me esperaría que los nombres de tus hijos fueran salidos de algún libro de Lisa Kleypas[2] ó Julia Quinn[3].
—¿Puedo preguntar qué tiene de malo eso? —Abby se llevó las manos a las caderas frunciendo el ceño con mucha amplitud —. Hyacinth[4] es un nombre lindo para una niña.
—Sí, eso supuse —Y no le sorprendía para nada la respuesta de su amiga. Suspirando y terminando de sacarse las cosas que tenía encima, entre esos, los guantes y la chaqueta; comenzó a caminar pegada a la pared por si de un momento a otro el “amable Rhett” le apetecía saltar y comérsela —.Estaré en mi cuarto, asegúrate de encerrar a tu perro en el tuyo. No puedo caminar tranquila con él andando por allí.
No se quedó a escuchar la respuesta de Abigail, simplemente se perdió a través del pasillo hasta su habitación.
Era lunes, así que al día siguiente no tenía razones para ir al colegio a impartir clases. Decidió por retirarse lo que le quedaba de ropa, y ni siquiera se molestó en colgarla de nuevo en el armario porque aguantaban otra puesta, simplemente dejó la ropa en una silla y seguidamente se dejó caer boca abajo sobre la cama.
—Estoy en el cielo —Susurró con la cabeza aun enterrada en la almohada. Le dolían los pies, no se había dado cuenta de ello hasta que se descalzó las botas y las dejó a un lado.
De alguna forma sus músculos estaban ligeramente entumecidos. No sabía si era por el trabajo, el frío ó el estrés.
Cerró los ojos y se acomodó un poco mejor en la cama; ni siquiera se molestó en levantarse y ponerle pasador a la puerta.
Sólo le hacía falta una ligera siesta para recuperar fuerzas, al día siguiente se encargaría de ordenar los papeles de su trabajo y finalmente prepararía las actividades del miércoles para los niños.
Agradecía estar por acabar las prácticas... Y con ese último pensamiento se quedó dormida.

***

Un ruido la despertó quien sabe a qué horas.
Suspirando rodó en su cama hasta quedar de perfil y entreabrir los ojos. No hacía frío, a pesar que no se había colocado las sabanas; seguramente Abigail había regulado la temperatura de la calefacción.
Aun adormilada, su mirada captó una alta figura estática al lado de la cama.
¡Oh, mierda!.
Se sentó de golpe y separó los labios para gritar, pero una mano la acalló antes de que pudiera articular ni el más mínimo sonido. Definitivamente su sueño se había ido por completo.
—Por favor, no grites… tranquila… —La voz masculina y profunda vibró en sus oídos e hizo que su respiración se agitara enseguida. Pero en cuanto su mirada se cruzó con la azul verdosa del inesperado visitante en su habitación, pasó saliva con la piel erizada.
¿Alexander Night?.
Sus ojos se abrieron de par en par.
—¿Prometes que no vas a gritar y vas a escucharme? —Él la miraba fijamente a los ojos, sin reparos. Antes de poder evitarlo, y azorada por la situación, Kirsten asintió.
Alex pareció dudar unos segundos pero finalmente comenzó a retirar su mano de los labios de ella; se enderezó aun mirándola fijamente y de alguna forma se veía un brillo de desconcierto en sus ojos.
—¿Qué está haciendo en mi habitación? ¿Cómo diablos entró? —Preguntó con el corazón en la boca e intentando que su voz no temblara. Por sobre todas las cosas, ¿Cómo sabía Alexander Night en donde vivía?.
Alex miró por sobre su hombro hacía la ventana.
—Las escaleras para incendio que dan a tu ventana.
Azorada, Kirsten agitó la cabeza con desconcierto.
—¿No pudo llamar a la puerta como una persona normal?.
Él pareció muy divertido por su reacción y más que todo por sus palabras. Lentamente, Alex le repasó el cuerpo con la mirada y su piel comenzó a arder automáticamente sin piedad. Kirsten se había olvidado completamente que solo llevaba un sujetador y las bragas, porque había estado demasiado cansada como para ponerse la pijama.
Ahora estaba completamente avergonzada mientras tomaba la sabana de su cama y se cubría con la misma.
Alex sonrió aun más.
—No soy precisamente una persona normal.


[1] Lo que el viento se llevó (Gone with the Wind, en inglés) es una novela escrita por la autora Margaret Mitchell; es uno de los libros más vendidos de la historia, un clásico de la literatura de los Estados Unidos y debido a su adaptación al cine es uno de los más grandes iconos o mitos de la cultura popular contemporánea.
[2] Autora de novelas romántico histórico.
[3] Autora de novelas romántico histórico.
[4] Referencia al personaje Hyacinth Bridgerton, de la serie Los Bridgerton por Julia Quinn.




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 N.A:
¡Feliz día de  San Valentín a todas! Quiero agradecerles por los comentarios anteriores en los otros capítulos y los que compartieron su opinión respecto a Abigail.

Otra cosa que quería informar es que ahora las actualizaciones pasaran a ser los viernes. La razón es mi nuevo horario para la universidad, tengo clases de 6 am a 6 pm los jueves y lamentablemente ese día queda muy pesado para darme tiempo a publicar capítulos. De todas formas, posiblemente este lunes habrá capítulo sorpresa.

Besos y Abrazos a todas.

Anto.