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Amor Al Azar. Historia 1º. Capitulo 4

Si hace un par de días, Frederic había estado de un humor de perros, no tenía ganas de describir el que estaba teniendo en esos momentos. Por más que llamaba al teléfono de Marissa, ella nunca respondía. Más de un par de veces llamó a la casa de Leonard con la esperanza de que ella fuera la que respondiera, y solo para tener que inventar una patética escusa cuando era su jefe el que contestaba.

Se estaba volvieron jodidamente loco.

-Oye, Fred… ¿Qué demonios te sucede? –La voz de Simon llegó a sus oídos. Frederic tenía la cabeza entre las manos y se obligó a sí mismo a levantar la vista y cruzarla con la de su compañero.

A pesar de la corta edad de veinticuatro años, Simon Barket, el acompañante más joven entre todos ellos, era atractivo en una manera muy primitiva, con ojos enormes y azules y cabellos sedosos de un tono rubio. Era una de las pocas personas en las que Frederic se sentía en la capacidad de confiar. Después de todo, Simon era ingenioso, ocurrente y audaz en muchos sentidos.

-¿Por qué lo peguntas?

-Porque desde hace unos días pareces un muerto en vida, amigo mío –Aseguró con el ceño severamente fruncido.

Frederci suspiró.

-Me he acostado con una mujer de la cual me he enamorado. Pero al parecer todo fue un simple juego para ella –Soltó de golpe sorprendiéndose a sí mismo. Simon Silbó mientras se cruzaba de brazos pensativamente –Y ella es once años menor que yo.

Simon volvió a silbar.

-Pues, ¿Qué tiene? Deberías de perseguirla o que se yo. No es como si la diferencia de edad importara realmente.

Frederic lo fulminó con la mirada.

-Además, la chica en cuestión es la hermana pequeña de mi jefe –Concluyó. La mandíbula de Simon cayó.

-Ok –Dijo –Olvida el asunto, porque es totalmente un desgraciado caso perdido.

Él arqueó una ceja.

-¿No estabas hace unos momentos dándome ánimos?

-Eso fue antes de saber que estábamos hablando de Marissa… Por todos los santos, Fred ¿En qué demonios te has metido, pregunto yo?

La tarde pasó rápido, para agradecimiento d Frederic. Logró sonsacarle a Paul la ubicación de la universidad de Marissa, poniendo como escusa que tenía la necesidad de darle un recado por parte de Leo. Gracias al cielo, Paul no había mostrado resistencia, casi Frederic estaba agradecido con el hombre. Marissa y Paul tenían una rara y estrecha amistad, en donde él era como una especie de hermano para ella.

A la mañana siguiente, aparcó el automóvil frente a la universidad y apagó el motor mientras encendía un cigarrillo y aspiraba el aire con fuerza. Hace mucho tiempo que no fumaba, pero la ansiedad le había ganado.

Un vaso con café del Starbuck’s más cercano, reposaba en el portavasos al lado del cambio de velocidad. Agudizó la vista cuando los jóvenes comenzaron a entrar a la universidad. Le hicieron recordar los días en los que también estudiaba para graduarse en educación. Se desesperó con la nostalgia invadiendo su corazón… Tal vez, si él fuera todavía uno de esos jovenzuelos entre los veinte y los veinticinco años, las cosas no serían tan difíciles entre él y Marissa.

Necesitaba decirle que la amaba, tal cual como el aire que respiraba. Hacérselo ver y buscar las formas de que ella lo aceptara. Ya hablaría después con su jefe y hacerle ver que tenía limpias intenciones de una relación completamente seria con ella.

Rió amargamente, ni en un millón de años esperó verse tan patético como en ese momento. Totalmente desesperado por una mujer.

Entonces la vio.

Marissa llevaba un abrigo largo de color blanco, una falda negra a medio muslo y medias blancas que se perdían al inicio de sus botas a la mitad de la pantorrilla. Sus oscuros cabellos estaban sujetos en lo alto de su cabeza, por una prensa para cabello que dejaba caer algunos rizos alrededor de su aniñada y hermosa cara. Un suspiro de satisfacción se escapó de sus labios al hallarla sana y salva. Por lo menos hasta que clavó la vista en el acompañante de la mujer que consideraba suya.

EL chico la observaba embobado, casi como si Marissa no llevara absolutamente nada de ropa encima. La rabia se coló por sus venas en cuanto él le dijo algo y ella sonrió. Esa sonrisa, solo podía ser suya. Marissa no debía sonreírle a nadie más que no fuera él mismo.

Abriendo la puertezuela de golpe, fue consciente de las miradas fascinadas de las mujeres y las intimidadas de los hombres.

-¡Marissa! –Exclamó, haciendo que ella se detuviera de golpe y que al observarlo abriera sus ojos oscuros, sorprendida. Frederic observó al chico a su lado con expresión fulminante -¡Tu! ¡Piérdete! –Rugió y el chico no se hizo de rogar, un segundo y ya estaba a tres metros de distancia.

Tomando a Marissa con brusquedad por el brazo, la llevó a rastras detrás del edificio, fuera de las miradas curiosas de los estudiantes.

-¿Qué haces? ¡Suéltame, me haces daño! –Exclamó zafándose de su agarre y retrocediendo un par de pasos. Los ojos de Marissa estaban entrecerrados.

-¡¿Así que esto era?! –Preguntó en un grito enojado sobresaltándola -¿Te encanta seducir a los hombres, no es así?

-¿De qué demonios hablas, Frederic? –Preguntó con expresión de desentendimiento.

-¡De que te divierte seducir a los hombres, obviamente! Y cuando por fin vez que ellos caen en tus redes, vas y decides ignorarlos ¿Quién era ese chico? ¿Tú última conquista? ¿Tu nueva pareja sexual? ¡Te comportas como una zorra!

El estruendoso sonido que invadió el lugar, dio a entender que ella le había propinado una bofetada en defensa a los hirientes insultos que salían de su boca sin piedad.

-¡No me hables así! Porque ambos sabemos que mi virginidad se fue en tus manos detrás de ese callejón –Las lágrimas inundaron los oscuros ojos de ella y el dolor estaba apoderándose con lentitud de su precioso rostro -¿Cómo puedes decir eso, Frederic? ¡No se trataba del sexo! En ningún momento fue así. ¡Lo quería porque lo compartiría contigo! –Sollozo ella -¿Acaso no eras tú el que me seducía con esas miradas en el bar? Cada vez que te observaba de reojo, te encontraba mirándome de una manera en que nadie más me había visto antes, y mi cuerpo solo respondía en torno al tuyo.

Él, sorprendido abrió la boca, pero ella lo detuvo con una seña para que le dejara continuar.

-Estuve tres noches seguidas sin dormir, después de esa noche –Aseguró Marissa -¡Y cuando me abrazaste y besaste el día de la cena! ¡Dios! Entendí que me había enamorado de un hombre que lo único que sabía de él era su nombre, apellido, que tenía treinta años y que trabajaba para mi hermano mayor. Y luego, después de que me visitaras y estuviéramos juntos, espere que me llamaras o que enviaras algún mensaje. No me resistí y al día siguiente te llame… ¡Pero fuiste tan cruel y encima estabas con otra mujer!

-¡Es mi trabajo!

-Me importa una mierda –Lloró ella amargamente -¿Cómo esperas que me sienta luego que saber que el hombre al que amo y con el cual había estado, al día siguiente de nuestro encuentro este con otra mujer? ¡Tú nunca me tomaste enserio! Y yo aun así, sigo siendo tan idiota y sigo amándote tanto como para entregarme a ti de nuevo si me lo pidieras… Después de todo… ¿No es esa la única manera en que puedo tenerte para mí?

La respiración de ella terminó entrecortada por el esfuerzo de su discurso y los jadeos que surgieron de sus labios. Frederic la observó fijamente antes de acercarse a ella.

-Marissa…

-¡No! ¡No te me acerques! –Exclamó ella alejándose bruscamente. Pero él la atrapó y la abrazó contra su cuerpo.

-Pensaba que iba a volverme loco sin ti –Susurró a su oído, haciendo que el cuerpo de ella se estremeciera –Yo también estuve tres noches sin pegar el ojo después de nuestro primer encuentro; también espere un mensaje tuyo esa noche y te necesite tanto todo este tiempo, Marissa. Te he amado con silenciosa locura a pesar de que todo mi ser quería gritarlo, yo no sabía porque me sentía así, hasta después de haber estado juntos por primera vez. Cuando no respondías el móvil me sentí en el mismísimo infierno… pensé que solo había sido un juego para ti, mientras que para mí había sido lo más grandioso que me había sucedido en toda la vida.

-Pero tú eres un acompañante –Susurró ella quedamente, con el rostro oculto en su pecho. Frederic la obligó a alzar la vista y limpió con los pulgares cada una de las cristalinas lágrimas que se escapaban de sus ojos.

-Lo dejare –Dijo –Estoy dispuesto a hacer lo que sea por ti, Marissa. Pero por favor, no te atrevas a dejarme porque eso me destrozaría hasta acabar conmigo. Como la más dolorosa y letal de las muertes.

Marissa sonrió para él.

-Te amo, Frederic. Te he amado desde que nuestros ojos se encontraron por primera vez.

Él pensó lo mismo cuando volvió a atraerla contra su cuerpo. Las gotas de lluvia comenzaron a descender pero ninguno de los dos se movió. Pensando que esa hermosa ilusión desaparecería en el momento menos esperado.

Cerrando los ojos, Frederic besó la frente de ella con suavidad.

El juego de la seducción. Aun me pregunto… ¿Quién fue el que sedujo a quien?

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Amor Al Azar. Historia 1º. Capitulo 3

Capitulo Tres

Al día siguiente, Frederic le pidió a Paul que le permitiera obtener la noche y el resto del día siguiente, completamente libre.

El secretario pareció estupefacto –Era la primera vez que Frederic, quien era totalmente entregado a su trabajo, pedía alguna vez tiempo libre- pero no mostró resistencia, en realidad incluso se atrevería a decir que Paul parecía extrañamente feliz, agregando que le había preguntado si no deseaba toda la semana completa. Frederic simplemente había arqueado una ceja.

La mañana y toda la tarde estuvo ejerciendo su trabajo de acompañante, con una joven viuda en un acto benéfico. Sentado en uno de los bancos bajo las sombras, la mujer intentó un par de veces, dirigir su mano para alcanzarle la entrepierna.

Movimientos que Frederic evitó audazmente –Lo que lograba la costumbre a ese tipo de cosas -.

Llegó a su casa alrededor de las diez, estaba totalmente agotado por el trabajo. Pero su cuerpo y mente necesitaban encontrarse con Marissa. Se dio una ducha y se vistió con una camiseta de A&F, y tomó las llaves.

Para cuando partió a casa de Leonard estaba lloviendo con fuerza y eran cerca de las once de la noche. Se estacionó y maldijo por lo bajo cuando salió del auto y terminó empapado debido a la lluvia. Su cabello mojado caía por su frente y su ropa pesaba mucho más, tocó el timbre del elegante pethouse y mientras esperaba, sacudió su cabello empapado.

La puerta se abrió y un jadeo femenino flotó en el aire. Marissa parpadeaba sorprendida y una mano cubría sus labios.

-Hey –Saludó él con una pequeña sonrisa en los labios.

-Pensé que no vendrías –Admitió ella. Frederic la analizó, su cuerpo estaba cubierto por una pijama rosa con detalles en azules. Sus risos sueltos le llegaban a la mitad de la espalda.

Frederic se encogió de hombros.

-Se me hizo tarde en el trabajo –Dijo.

Marissa se hizo a un lado y lo dejo pasar en busca de una toalla en el armario y se la tendió.

Frederic secó sus cabellos y la observó cruzarse de brazos con expresión pensativa. Él dejó caer la toalla en la silla y para sorpresa de ella pasó a sacarse la camiseta mojada dejando a la vista su pecho desnudo.

Los ojos de Marissa se clavaron en los de él y notó como la respiración de ella se hacía pesada.

Desabotonó su bragueta y se deshizo de los zapatos y medias para luego quitarse los jeans y dejarlos caer al suelo, quedando solo con los mojados y ajustados bóxers de color negro.

Marissa enrojeció mientras deslizaba los ojos por su cuerpo prácticamente desnudo. La respiración se le corto y sus labios se separaron en un suspiro para dar asomó a su lengua, mientras se relamía los labios. Frederic noto como apretaba los brazos contra sus pechos y juntaba sus muslos al detener los ojos en su entrepierna.

-¿Quieres que meta tu ropa a la secadora? –Preguntó con voz ronca. Sus ojos brillaban con expectación y lujuria y eso calentó su cuerpo, endureciendo aun más su erección.

-No –Dijo –Ya se secara sola –Se cruzó de brazos y se recostó de la pared –Ahora solo deseo que te desnudes para mí.

Ella abrazó su cuerpo y él notó como temblaba en silencio, deseándolo de la misma forma que él a ella.

Marissa llevó sus manos hasta los primeros botones de la camisa para dormir. Los desabrochó uno a uno, encendiéndolo aún más cuando la prenda rozó su piel al caer, revelando sus pechos desnudos y sus pezones erizados. Su figura era delicada y su vientre ligeramente abultado.

Ella deslizó los dedos dentro del mono del pijama y lo dejó caer al suelo, quedando simplemente en unas bragas de color negro. Frederic bajó avista hasta la unión de sus muslos.

-Las bragas –Demandó.

Marissa apretó los labios y frunció el ceño.

-El bóxer –Soltó ella.

-Quítatelas, Marissa –Sentenció, entrecerrando los ojos. Ella dudo, pero llevó las manos a la elástica de las bragas y las deslizó revelando un triangulo de rizos castaños.

Su miembro saltó enviando una oleada de placer por su cuerpo. Se quitó el bóxer y se acercó a Marissa, se arrodillo en el suelo sorprendiéndola.

-Abre las piernas.

Ella jadeó asustada en respuesta.

-¿Qué harás?

Frederic cruzó una mirada caliente con ella.

-Deseo Verte.

Gimiendo en respuesta, Marissa separó los muslos en respuesta. Frederic soltó un jadeo placentero al observarla.

-¡Dios santo, Marissa! Estás tan húmeda... –Y sin decir nada más, sumergió la cabeza entre los muslos de ella, probando y saboreándola. Jactándose de su sabor y deleitándose con cada gemido que ella soltaba en respuestas a sus intimas y sensuales caricias. La condujo al orgasmo dos veces, hasta que las piernas de ella temblaron por el esfuerzo.

Después no supo en qué momento, entre besos apasionados y siendo guiado por su aroma, llegaron a la habitación de ella.

Frederic había metido unos cuantos preservativos en el bolsillo de su pantalón, se apresuró en colocárselo y en volver junto a ella.

Le separó os muslos y mientras devoraba sus labios y se degustaba con la textura de sus pecho contra sus manos, entró en ella con fuerza y profundamente arrancándole un fiero gemido de su garganta.

Con dos embestidas, Marissa alcanzó un nuevo orgasmo, sorprendiéndolo por la rapidez. Esperando a que ella se recuperara, salió de su interior y le dio vuelta sobre su estomago, dejándola sin respiración por la posición que había adquirido sobre sus manos y rodillas.

Está vez entró en ella con embates furiosos y necesitados. Jugó con los pezones de Marissa y deslizó los labios por su nuca.

La liberación lo alcanzó, justo cuando los músculos que envolvían su miembro se contrajeron en busca de la liberación, apretó a Marissa contra él sintiendo como era llevado al éxtasis dentro de su cuerpo.

Las respiraciones entrecortadas y jadeantes, de ambos entremezcladas era música para sus oídos.

Con cuidado, salió del interior de Marissa y se dirigió l baño para deshacerse del preservativo que envolvía su ahora flácido miembro. Se lavó las manos y cuando regreso, Marissa aun seguía en la misma posición buscando recuperarse.

Levantó el rostro en cuanto el cuerpo de Frederic hundió el colchón de la cama. Ella le dedicó una sonrisa mientras se daba vuelta y se acurrucaba contra él. Frederic a aceptó gustoso, apretándola contra su cuerpo.

-¿Te quedaras, cierto? –Frederic hundió su nariz en los cabellos de ella, aspirando profundamente.

-En efecto –Susurró –No creo poder levantarme con lo seco que me hs dejado.

Ni por eso. SI fuera por él permanecería por siempre acurrucado contra ese hermoso cuerpo femenino.

Contra esa mujer, que comenzaba a hacerle perder la cordura y que no sólo lo hacía parte de sus juegos de seducción, si no que se adueñaba lentamente de su corazón.

Y que dios lo ayudara, porque no solo deseaba cederle su corazón a ella, si no que deseaba con todas sus fuerzas ser él el dueño del corazón de Marissa Snow.

Hicieron el amor muchas veces más durante el día, e incluso vieron una película juntos. Frederic se sentía extasiado mientras compartía momentos al lado de Marissa.

Para cuando volvió a casa se percató de lo solitario que estaba todo sin ella alrededor. Se había vuelto adicto a su presencia, a su risa, a su aroma. Se había vuelto adicto a toda ella, como si fuera alguna especie de droga.

En la noche necesitó el calor del cuerpo de ella y revisó su teléfono móvil con la esperanza de encontrar algún mensaje de parte de ella, pero solo encontró el buzón totalmente vacío.

Y mientras se imaginaba a Marissa junto a él, descubrió con ironía que estaba patéticamente enamorado de una chica de diecinueve años. Y que con solo un par de horas sin ella, comenzaban a enloquecerlo.

La mañana siguiente fue todo un infierno. Tenía dos trabajos, y en ninguno de los dos trabajos podía tener la mente enfocada en revelar sus encantos a las mujeres.

Su humor era de perros, a pesar de esto intento disimularlo en la cena a la que tuvo que asistir con una hermosa modelo que había contratado sus servicios. Toda la jodida noche, la mujer buscaba escusas para lanzarse sobre él y rozarle los pechos contra el costado, cosa que no hacía más que enervar su poco agradable humor.

Y justo intentaba zafarse de ella cuando su móvil sonó. Hay… La vida de un acompañante no era en definitiva parada nada fácil.

-Diga –Contestó enojado.

-… -El silencio del otro lado de la línea no hizo más que enervarlo -¿Frederic? –La voz suave de Marissa era un tono cauteloso.

-¿Marissa? –Preguntó sorprendido a pesar de que ya había reconocido su voz. La modelo se abalanzó sobre él aprovechando el momento de distracción. Frederic gruñó –Disculpa, estoy trabajando en estos momentos.

-Pero…

-Hablamos luego, Marissa –Sabia que había colgado bruscamente, pero la jodida mujer prácticamente había desabrochado la bragueta de sus pantalones. Ya se disculparía con ella de la manera correctamente.

Cuando llegó a casa esa noche, y marcó el número de ella, solo sonó la contestadora del otro lado de la línea.

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Amor Al Azar. Historia 1º. Capitulo 2

Capítulo Dos

Pasados tres días, Frederic se sentía con ganas de cometer algún homicidio con tal de aligerar la tensión. Apretó la mandíbula, mientras dejaba caer su cabeza contra la almohada.

Llevaba tres noches seguidas sin lograr pegar el ojo, y enormes bolsas se habían formado bajo sus ojos.

Se quitó las sabanas de encima por medio de una patada y caminó a la cocina a paso apresurado, principalmente a donde se hallaba la cafetera, donde se encontró a si mismo sirviendo una taza de café muy bien cargado. Se sentó en la silla del comedor y se frotó la cara con su mano libre.

Por todos los santos que no era ni meramente capaz de desaparecer de su mente el rostro de Marissa. Y su cuerpo insistía una y otra vez en recordar, lo bien que se amoldaban el uno al otro.

Todas las jodidas noches que no había podido dormir fueron a causa de sus sueños con ella. En lugar de tomarla detrás de la pared de aquel baño, lo hacía entre las sabanas de satén blanco de su cama. Se levantaba completamente duro y sudoroso con la necesidad de tomarse una ducha helada.

Dejó caer su cabeza hacia atrás y observó fijamente el techo. Hace mucho tiempo que no había sentido esto por una mujer.

No. Nunca había sentido esto por una mujer.

Se frotó los ojos e incorporándose tomó un sorbo de café.

Al terminar la taza, se levantó y observó su reflejo en el espejo.

Los cabellos oscuros caían sobre su frente y en la parte de atrás acariciaban levemente su nuca. Los ojos de un inconfundible tono chocolate le devolvían la mirada. Necesitaba una buena afeitada para despejar su fuerte mandíbula.

Solo llevaba unos bóxers de seda negros; el resto de su cuerpo estaba descubierto. Su pecho musculoso y su vientre delgado, fruto de una buena alimentación y una hora de deportes diaria. Las piernas largas y musculosas y los brazos tonificados. Su piel estaba bronceada, debido a la piscinada a la que había asistido en su último trabajo.

Soltó un suspiro.

Con treinta años se veía bastante bien.

Bufó cuando observó el reloj. Eran las ocho de la noche. Esa noche se había una cena en casa de Leonard Snow y él no debía faltar, sería como decepcionar las buenas intenciones de su jefe.

Caminó hasta su habitación, se bañó y se afeitó. Eligió vestirse con una polera de cuello alto color negro, que se ajustaba a la musculatura de su pecho y unos jeans desgastados. Se calzó unos zapatos converse negro de corte bajo y tomando las llaves de su automóvil, se encaminó a la casa de Leonard.

Como era de esperarse, todos los acompañantes y Paul asistieron. Simon, Elliot y Paul vestían tan casual como él mismo y durante toda la cena hablaron de cosas triviales, Frederic no tardó en excusarse con la intención de ir al baño.

Se enjuagó la cara y se apoyó contra el marco de la puerta durante unos minutos. Cuando salió del cuarto de baño encontró que la luz salía de uno de los cuartos y el sonido de la televisión llamó su atención. Asomó su cabeza por la puerta y sus ojos quedaron clavados en la figura que se encontraba en el sofá.

Marissa Snow tenía las piernas contraídas contra su pecho, el mentón descansaba sobre sus rodillas y su mirada estaba perdida en la película. Su corazón palpitó rápidamente, se veía inhumanamente irreal, inocente y perfecta allí donde se encontraba.

Pero ella pareció darse cuenta de su presencia puesto que despegó sus ojos de la pantalla y la clavó en él. Marissa parpadeó un par de veces mientras él entraba en la habitación y cerraba silenciosamente la puerta tras él.

-¿Frederic? –Preguntó en un susurro, mientras bajaba las piernas del sofá. Llevaba una camiseta y un mono para dormir, se veía hermosa y tiernamente adorable con esa expresión de sorpresa y desconcierto en sus bellos rasgos.

Y otra vez comenzaba a sentirse seducido por ella. Se acercó y se sentó al lado de Marissa en el sofá y la atrajo hacia él, sintiendo su frágil y curvilíneo cuerpo chocando contra su pecho y la envolvió en un abrazo que calentó cada parte de su ser. Suspiró cuando el aroma de sus cabellos le llegó a la nariz. Era un extraño aroma a piñas y a chicle.

Dios… Cuanto había deseado verla. Pensó en esos tres días que estuvo a punto de volverse loco sin ella.

¿Qué demonios le sucedía?

Tomando impulso, se obligó a sí mismo a separarse de ella.

Marissa parpadeaba entre sorprendida y atareada. Lo observó a los ojos y con su delicada mano le acarició la mejilla. Frederic no se resistió a sus impulsos y atrayéndola hacia él, dejó caer su cabeza hasta que sus labios se encontraron en un candente beso.

Fue calmado, mucho más de lo que lo fue su primer encuentro, simplemente se besaron y se mantuvieron abrazados. Frederic comenzaba a pensar que ambos se sentían a gusto con el otro. La atracción era inminente y fuerte.

Ella lo seducía. Y quisiera o no, Frederic caía en sus juegos de seducción. Ella se separó de él, suspirando contra sus labios. Sus ojos lo observaban como si fuera la criatura más fascinante del mundo, esa mirada estremeció su corazón.

Con los dedos, ella rozó los labios de él antes de pasar sus antebrazos por detrás de su cuello y besarlo nuevamente.

Sentía el corazón de ella palpitar contra su pecho. Era una sensación extraña. Su ingle palpitó con dolorosa necesidad cuando Marissa se sentó a horcajas sobre sus piernas, volvía a sentir ese deseo arrollador que sintió la primera vez que la vio.

Deslizó las manos hasta su trasero y la apretó contra si, haciéndola jadear debido a la erección que presionaba ligeramente el punto de unión entre sus piernas.

Frederic estuvo tentado a tumbarla en el sofá con la intención de hacerle el amor sin contratiempos. Estuvo a punto de hacerlo cuando sintió su móvil sonar dentro del bolsillo. Frunciendo el ceño, lo sacó de su bolsillo y descubrió que era un mensaje de Simon.

¿Qué te ha sucedido? ¿Te tragó el inodoro, por casualidad? Jaja… Mueve tu culo, que esperamos por ti para el postre.

Simon.

Suspirando, levantó a Marissa sin dificultad y la puso de pie. Ella lo observó con perplejidad.

-¿Qué sucede? –Preguntó compungida.

Frederic se levantó incomodo, con la protuberancia que se había formado en la parte baja de su cuerpo y la cual chocaba de manera molesta contra sus pantalones.

-Tengo que irme –En los ojos de ella se notó con levedad y durante una milésima de segundo el anhelo y el dolor entremezclado. Marissa se hizo a un lado para darle paso.

-Entiendo –Murmuró. Sus ojos chocaban con los de él durante unos segundos. Hasta que él se acercó a ella y tomando un mechón de cabello entre sus dedos, lo olisqueó disfrutando del dulce aroma.

-No es porque no desee quedarme –Susurró y por la expresión en el rostro de ella, llegó a la conclusión de que su mirada estaría cargada de lujuria y deseo.

-Mi hermano no estará aquí mañana en la noche, ni pasado mañana en todo el día.

Era una invitación, Frederic lo sabía.

Y por todos los santos que estaba dispuesto a aceptar lo que ella le ofrecía libremente. La deseaba con tanto ardor.

Cerró los ojos, y la acercó a él, besándola con el deseo y la necesidad a flor de piel y quemándole la ingle.

Al separarse, los labios de Marissa estaba rojos e hinchados por sus besos y su expresión era de aturdimiento.

Entonces notó el par de ojeras que se formaban bajo el par de bellos ojos oscuros de ella. Le besó los parpados con gentileza y se separó por completo de ella.

-Nos vemos –Ella asintió y lo observó irse en completo silencio.

Bajó las escaleras y todos los acompañantes lo observaban con diversión, delatando que antes de aparecerse, había sido el tema principal de conversación. Simon se encogió de hombros y sonrió de oreja a oreja.

-Me pregunto qué tanto hacías allí arriba,

-No tienes ni idea –Dijo entre dientes mientras se sentaba en la mesa y escuchaba parlotear a sus compañeros, hasta que logró zafarse e irse a casa.

Esa fue la primera noche en los últimos tres días que pudo dormir completamente bien y sin interrupciones.