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Besos a Medianoche. Capítulo I. Parte I


Capítulo I. Parte I.

Alex rellenó la copa con vino clásico francés, no lograba calcular cuánto había tomado. Sus verdes ojos, cerca de verse azulados, se hallaban entrecerrados pensativamente y clavados en la nada. Se encaminó hasta quedar al frente del escritorio de fina madera pulida y luego se dejó caer en silencio sobre el mobiliario. Planificaba con lentitud las decisiones que estaba dispuesto a tomar y a efectuar mientras los rastros de su pasado se filtraban en su cabeza, a pesar de que se negaba a recordar nada de su vida antes de convertirse en vampiro. Alexander Night no estaba hecho para tener compañera. No había nacido con la intención de atarse a una mujer. Y sobre todo, se negaba a causar más muertes y sufrimientos.

—Mi señor, tiene visitas —La voz de su mayordomo hizo que saltara de su silla y derramara cierto contenido de la copa de vino en la alfombra. Su sirviente arqueó una ceja por la falta de compostura que nunca antes había vislumbrado en su amo.

—¿Por qué no has tocado la puerta, Theo? —Su mayordomo parpadeó unas cuantas veces.

—Mi señor, no es por contradecirle, pero toqué la puerta aproximadamente cinco veces. Usted no contestó por lo que me preocupé y por esa razón entré sin su aprobación.

Alexander apretó los labios, había estado tan sumido en sus pensamientos sobre Kirsten y lo que haría de ahora en adelante para separarse de ella, que no había notado lo que acontecía a su alrededor. Las compañeras volvían estúpidos a los hombres.

—¿Quién podría ser a estas horas? —Preguntó, observando como el reloj marcaba las cuatro. Nunca había nadie que lo visitara antes de las siete de la noche y que esta fuera la primera vez que alguien venia a su casa a horas de la tarde, le hacía fruncir el ceño. Desde la noche anterior, cuando había llegado del pequeño interludio en la habitación de Kirsten llevaba encerrado en su estudio privado, le molestaba que alguien hubiese interrumpido sus momentos de meditación.

—Dice ser la señorita Francesca Agnes.

Alex abrió los ojos de par en par y luego se enderezó.

—Hágale pasar.

Su mayordomo inclinó la cabeza y luego salió por la puerta dejándolo totalmente solo.

Su estudio estaba compuesto por varios muebles de madera oscura y una pequeña mesa de café entre los muebles. En una esquina se hallaba su escritorio con la silla de tapizado de cuero; en la pared había una pequeña estantería con algunos libros que tenia pautado leer, la mayoría eran de poesía y acostumbraba a cambiarlos por otros de la biblioteca que se hallaba en la otra habitación. Un mini bar con distintos tipos de licores y vinos estaba aferrado a la pared al lado de la puerta.

Movió el cuello en forma circular con intenciones de aliviar la tensión de sus músculos.

La puerta se abrió de nuevo y apareció la figura de Theo, seguida por la menuda y delgada silueta de la compañera de Blasius Nortton.

Era delicada y no muy alta. Sus cabellos castaños caían en preciosos tirabuzones hasta la cintura, a pesar de llevarlos sujetos en una cola alta cerca de la coronilla. Sus ojos eran dos enormes pozos, de un tono chocolate, cálidos, mimosos e inocentes en su mayor parte. Tenía el rostro levemente redondeado y mejillas siempre coloreadas de un rosa pálido. Los labios eran perfectos, el de abajo quizás algo más grande que el de arriba, pero esa diferencia solo llegaba a ser atractiva. Su cuerpo estaba vestido con el uniforme de su instituto; la falda de cuadros escoceses le llegaba casi hasta las rodillas y el saco azul marino estaba colgando en su brazo izquierdo.

Era una chica joven y demasiado bonita. Tal vez no hermosa, pero definitivamente muy mona.

—Pequeña Fran, es todo un honor para mí tenerte aquí visitando mi humilde hogar.

Ella rodó los ojos pero igual una pequeña sonrisa adornó encantadoramente sus labios.

—Esta casa, de humilde no tiene absolutamente nada —Le dijo casi con una risa imperceptible.

—Pues te aseguro, querida, que no es para nada tan impotente como la mansión de tu apuesto caballero.

Ahora sí, ella rió estruendosamente, arrancándole una sonrisa. Había algo en esa pequeña chica que causaba un enternecedor sentimiento de fraternidad en su pecho.

—Estoy casi segura, que Blas se moriría si te oyera llamarle “apuesto caballero” —Francesca se aproximó al mueble al frente de donde se encontraba sentado —Con su permiso, entonces, me sentaré.

—Oh, desde luego, disculpa mis malos modales. Ella deslizó sus manos por la falda mientras se sentaba en el sillón, luego llevó ambas manos hacia sus rodillas y las dejó descansar allí. Alex ladeó discretamente el rostro ­—¿A qué se debe tu encantadora presencia?

Francesca observó el suelo con sumo interés y con una pequeña y tímida sonrisa en su cara.

—Por lo que sé, eres uno de los vampiros más viejos —Afirmó, mordiéndose el labio inferior. Eso era cierto, él era el sexto vampiro más viejo… Con alrededor de mil años de vigencia.

—¿De qué podría servirte esa información, Francesca?

—Tengo que hacerte una pregunta, más bien una inquietud que creo eres el único con el que puedo tratarla —Los ojos de ella revolotearon alrededor de la habitación, buscando clavarlos en cualquier parte menos en donde él se encontraba —Si me convierto en vampiro como tú, eso significa tener que separarme de todos los que conozco ¿Cierto? En cuanto noten que he dejado de envejecer… Tendré que dejar mis seres queridos de por vida.

La respiración de Alex se ofuscó. El silencio hizo presencia en la sala, solo el sonido del reloj de pared negro, que se hallaba junto a la ventana, era lo único que se atrevía a romper el momento en el que él y Francesca se abstuvieron de hablar. Alexander se dedicó en ese instante a hacer algo bastante interesante, quizás no para Francesca, pero desde luego que sí, para él mismo. Se levantó del asiento y se dirigió al mini bar, caminando lentamente intentando ocultar su repentina frustración.

Tomó uno de los vasos y abrió casi con desesperación la botella de whisky. Llenó el vaso hasta llegar casi a los bordes y llevándolo a sus labios, ingirió todo el contenido de un solo trago. Sintió ese similar escozor en su garganta y luego su estomago… Para después no sentir más nada que un carente y pobre vacio en su ser. Los ojos de Francesca lo observaban fijamente, parpadeando con sorpresa ante su actuación.

La chica se llevó un mechón de cabello castaño, que había escapado de su cola, detrás de su oreja.

—¿No es malo que tomé de esa forma el licor? Me refiero… ¿No sería algo peligroso? —Preguntó observándolo con algo de interés, entremezclado con una fría y detallada preocupación.

Alex simplemente rellenó de nuevo el vaso, y volvió a llevarlo a sus labios, esta vez tomándolo mas lentamente y con suavidad.

—Soy inmortal —Lo dijo como si se tratara de una mera novedad —Cambié parte de mi experiencia de vida por la habilidad de ingerir comida y tomar bebidas. Pero aun así, estas no interfieren con el funcionamiento de mi organismo… Para mí tomar cien cajas de alcohol, se trata de lo mismo como si un humano tomara una botella de agua.

Los ojos de ella rodaron mientras boqueaba por el dato.

—Guau… —Susurró —…Eso es el sueño de todo alcohólico.

Alex carraspeó.

—Si, claro —Tomó otro trago de su bebida.

Francesca sonrió dulcemente.

—Me parece algo muy humano de tu parte, haber escogido algo así.

Ciertamente, lo fue. Sus ojos se oscurecieron con dolor… Sentimiento que se obligó a sí mismo a ocultar, cerrando los parpados unos instantes mientras caminaba hasta alcanzar la ventana. Lentamente, el sol se ocultaba tras el horizonte.

—Hay veces, querida Francesca, en que algunos vampiros, después de obtener la inmortalidad ansiada por muchos, solo desean volver a aquella época en la que eran humanos. Un deseo idiota e imposible de cumplir totalmente… Esos vampiros son simples monstruos con almas demasiado humanizadas —Dejó el vaso sobre el estante del mini bar. Francesca observó el vaso que había quedado solitario sobre la mesa, sus ojos estaban llenos de compasión y aunque no lo quisiera, eso solo lo enojaba. No le gustaba que sintieran compasión por él, simplemente el pensamiento lo molestaba con todas sus fuerzas.

—¿Te consideras a ti mismo un monstruo, Alexander?

Mientras caminaba despacio a través de la pequeña y concurrida habitación, sus palabras le sentaron como un balde de agua fría. La compañera de Blasius Nortton, podría parecer la viva imagen de la inocencia, pero su astucia superaba con creces todo lo que Alex había supuesto. Se detuvo y la observó sobre su hombro, mientras la oscuridad del atardecer, llenaba lentamente la estancia.

—¿Por qué estás tan interesada en ese tipo de cosas, Francesca? —Preguntó con expresión cautelosa y cansada. Cuando se sentía de ese modo, solía verse mucho más mayor de lo que su apariencia vampírica delataba.

Ella se levantó de su asiento y alisó nuevamente su falda, mientras tomaba el maletín que se hallaba recostado cerca de donde había estado. Su expresión facial, era una máscara fría que no dejaba mostrar lo que pensaba o sentía. Esa mujer, podría llegar a sorprender a más de uno si se daba la oportunidad.

—Sólo... —Comenzó antes de suspirar y detenerse a su lado, para mirarlo fijamente —…No hagas algo de lo que puedas arrepentirte después ¿Vale? Hay personas aquí a las que les importas. No lo olvides.

Sin agregar nada más, simplemente continuó caminando hasta salir por la puerta del sencillo despacho.

Y Alexander permaneció allí de pie, observando a la nada, sintiendo la furia crecer en su interior de tal forma que dejó escapar un grito lleno de odio mientras se aproximaba a la pequeña mesa de centro y la levantaba con fuerza para luego dejarla caer en el suelo nuevamente, derribando todo su contenido y esparciéndolo sobre la fina alfombra beige traída de uno de sus viajes a Escocia.

Maldijo para sus adentros al oír el sonido de los cristales rompiéndose y como el sutil aroma a licor se extendía a su alrededor. Pasando ambas manos por entre sus cabellos castaños, se sentó de golpe en el mueble sintiéndose más sólo que nunca.

—Habla como si lo supiera todo… —Recostó el cuello contra el acolchado arco del espaldar y cerró los ojos luego de permanecer un buen rato mirando fijamente el techo. No había nada que lo atara a esa ciudad, ni a ese país. O eso era lo que se decía a sí mismo en lo más profundo de su mente.

Abrió los ojos de nuevo, sintiéndose pesado y descompuesto; no podía evitar sentirse de esa vil manera, ahogándose en sus propios y duramente autodestructivos pensamientos. A tientas, buscó su móvil, que había dejado caer descuidadamente sobre el mueble a su lado, y sin pensarlo, marcó el número de uno de los vampiros que más se había ganado su respeto a través de los años. Quizás en quien más confiaba luego de su estrecha amistad con Blasius Nortton.

—Dispara —La voz masculina al otro lado del teléfono, respondió enfurruñada y molesta luego de dos timbrazos. Sin poder evitarlo, una sonrisa se le escapó de los labios.

—¿Te he despertado, bella durmiente? —Preguntó en un tono burlón, ganándose otro gruñido por parte del vampiro.

—Habla de una buena vez, antes de que me arrepienta de no acabar con tu miserable existencia.

—Joder, pareces salido de una historieta de superhéroes, Ethan, pero tú eres el villano —Soltó con intenciones de hacerlo rabiar un poco más. No sabía porque encontraba cierto placer en molestar a ese vampiro —¿Cómo te encuentras?

—Vendería mi alma a algún demonio, si tan solo pudiera volver a ser diurno nuevamente —Se oyó un bostezo por parte de Ethan Rumsfeld, un vampiro joven, pero demasiado temido por todos los seres sobrenaturales que conocían su existencia.

Los vampiros, a medida que pasaba el tiempo reunían alguna especie de magia llamada “experiencia” –Aún no lo tenía del todo claro–, y esta magia podría ser cambiada por una habilidad especial, cómo obtener poder, fuerza, o elegir algo mucho más humano; ser capaz de probar el sabor de la comida nuevamente, o tener la capacidad de caminar bajo el sol. Ethan, a pesar de no tener más de ciento cincuenta años, tenía la experiencia suficiente como para canjearla por poderes impresionantes. Nadie sabía porque… Pero había algo antiguo a la vez que poderoso y oscuro en él.

—¿Por qué no cambias un poco de tu experiencia por la posibilidad de caminar bajo el sol? Sabes que tienes como conseguirlo —Peguntó, mientras clavaba la vista en el techo y analizaba con cuidado las suaves grietas producidas en él. Tendría que mandar a repararlo alguna vez, ¿Cómo no lo había notado antes?

—Es derroche de tiempo y energía —Dijo Ethan del otro lado de la línea —. No me serviría de nada. Prefiero obtener poderes que puedan ayudarme y serme útiles —No le extrañaba en nada su banal respuesta —. Y bien… ¿Para qué llamabas?

—¿No crees que te he llamado para saber tu estado de salud? —Fingió lo más que pudo una voz sentimentalmente herida.

—No —Sonó la seca respuesta en sus oídos haciéndolo sonreír —. Tú no eres del que llama para preguntar como estoy… O lo haces porque estás muy aburrido y no sabes a quién más amargarle el día, o es que tienes algo importante que decirme. La astucia de Ethan, lo sorprendía a veces.

—La verdad… —Su sonrisa se borró lentamente sintiéndose vencido —. Estoy pensando en irme un tiempo de la ciudad. Se levantó del asiento y se hizo paso entre el pequeño despacho, hasta llegar y alcanzar el enorme ventanal en posición diagonal hacia la puerta. Movió un poco las cortinas, solo lo suficiente como para ser capaz de asomar su rostro y clavar ambos ojos en la luna que ya estaba en su máximo punto… ¿Cuán rápido podría hacerse de noche, una tarde de invierno? Al no oír respuesta del otro lado, delataba que Ethan esperaba a que continuara con sus palabras. —¿Te gustaría acompañarme un tiempo a Australia?
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Serie Los Condenados. 3ero. Besos a Medianoche (Prólogo)




Título: Besos a Medianoche
Género: Fantasía, Romance, Paranormal, Vampiros.
Serie: Los Condenados. 3er libro.
Sinopsis: ------ (Sí, no posee sinopsis por ahora)
Notas: Historia paralela a la de Connor y Ellie, por lo tanto pueden leerla tranquilamente.



Prólogo


Nueva York, Estados Unidos.


Nostalgia. Ese sentimiento tan adyacente provocaba sinceras ganas de vomitar en el estomago de Alexander Night, mientras caminaba lentamente por el pasillo y hacía a un lado los ingratos recuerdos que se apoderaban lentamente de su mente.
Mil quinientos años rondando en la tierra, solo causaban estragos en una persona. En especial en él que se sentía repentinamente insuficiente en medio de tantas paredes y el oscuro lugar.
Me pregunto, como es que he logrado vivir durante tanto tiempo sin acabar matándome.
Una incógnita que nunca se había logrado responder a sí mismo. La soledad era palpable y el silencio hacía horrorosos ecos dentro de la mansión Night en las calles más lujosas de todo Nueva York. ¿Por qué razón con todo lo que había logrado sentía que no era suficiente para llenar el vacío en su pecho donde se suponía que cuando era humano estaba su corazón?
Apretó la mandíbula al sentir las ansias que lo recorrían desde hace una semana. A la mierda con ello.
Blas y Francesca habían logrado estar juntos después de todos los problemas ocasionados. Blas, le había asegurado que esperaría hasta el vigésimo tercer cumpleaños de Francesca para convertirla en vampiresa.
Y él, idiotamente, y por un estúpido descuido se había encontrado con su compañera.
No es como si se pudiera evitar, pero Alex había tenido la dichosa esperanza de que tal encuentro nunca tuviera acontecimiento en el tiempo. No necesitaba una mujer a la que cuidar. No necesitaba a nadie que le hiciera compañía.
Mentiroso…
Solo era un vil mentiroso, con la esperanza de engañarse a sí mismo. La soledad estresante se hacía paso en él lentamente y refugiarse constantemente en los brazos de distintas mujeres no lograba calmar su sed de compañía. Entonces había logrado hacer buenas migas con Blasius Nortton. Y cuando no soportaba la soledad del lugar y no sentía muchas ganas de correr tras una falda, pues simplemente quedaban de verse… Pero Blasius había encontrado una mujer con la que compartir su vida y su hogar, y lamentablemente esto hacía que la existencia de Alex solo se relegara a pasar el rato con mujeres que no dudaban en compartir su cuerpo con él.
Dejó de caminar tan rápidamente, que incluso se encontró sorprendiéndose a sí mismo. Recostó su espalda de la pared del pasillo que estaba tapizada de un lujoso rojo sangre con detalles dorados.
Cerró los ojos y suspiró.
Kirsten Shower. Kirsten. Kirsten. Kirsten.
No había ninguna necesidad de preguntarse en donde estaba su mente en ese momento. Solo en ella, solo podía pensar en ella. Deseaba verla… Deseaba dolorosamente rozar los dedos con la pálida y suave piel de su mejilla.
Un deseo imposible. No iba a arrastrarla al sufrimiento de ser un vampiro, no se permitiría a si mismo que ella llorara por su culpa y que viviera sumida en la desdicha de estar a su lado. De vincularse a él.
No había nada peor que unirse a una persona a la que no amas. Y pensar que ella nunca amaría a un monstruo como lo que era, encogía su corazón y le hacía sentir una enorme impotencia.
Aguantó la respiración.
Necesito verla… Solo una vez más.
Solo una vez y podría vivir tranquilamente, podría irse y morir en paz con ella en su memoria.
Contra todo pronóstico y antes de poder pensarlo con mucho más calma, se encontró teletransportandose a la enorme casona perteneciente a los Shower. El jardín era amplio y perfectamente cuidado, era un lugar hermoso y a pesar de ser grande era bastante familiar.
Pronto se encontró rastreando la esencia de ella. Y logró localizarla. Terminó por subirse a el balcón que conectaba a una de las habitaciones, los ventanales estaban ligeramente abiertos y la habitación a oscuras. Claro, ella debía de estar durmiendo en ese momento, después de todo eran cerca de las dos de la madrugada.
Con agilidad y sin hacer el menor de los ruidos, se adentró impasible en la habitación y agradeció mentalmente su excelente visión nocturna. Eran una de las pocas cosas buenas que conllevaba el ser un vampiro.
La respiración se le cortó cuando estuvo totalmente en el interior de la pieza. El aroma de Kirsten flotaba en el aire, envolviéndolo y erizando su piel. Casi dejó escapar un jadeo, pero lo logró contener justo a tiempo.
Se acercó lentamente a la cama y dejó vagar los ojos hasta el cuerpo que respiraba calmadamente sobre la colcha.
Los cabellos rojo fuego estaban esparcidos sobre las sabanas blancas y sus pestañas caían como alfombras sobre las pálidas y delicadas mejillas. Tenía los labios ligeramente abiertos, por donde escapaba la casi imperceptible respiración. Hecha un ovillo, se abrazaba a sí misma y las sabanas blancas cubrían solo la mitad de ese hermoso cuerpo.
Sin poder resistirlo, Alex se sentó a orillas de la cama y dejo caer la mano sobre la cabeza de ella, acariciándole levemente los pelirrojos cabellos.
—Kirsten… —Susurró. Ella se removió, dándose vuelta hasta quedar frente a él y movió su cabeza buscando el calor de su mano, gesto que lo hizo sonreír enternecido –Si fuera otro, no dejaría que nadie más te tuviera, Kirsten. Serías mía y solamente mía… te aseguro, que en otra vida, no dudaría en ir tras de ti.
Pero en esta, simplemente no podía permitírselo.
Ella frunció el ceño y abrió ligeramente los ojos. Parpadeando, clavó esos mágicos y hermosos ojos azules en él. Una sonrisa se escapó de sus labios y su corazón dio un vuelco, comprendiendo que ella se había despertado.
—Alex —Susurró su nombre con una voz tan pura y angelical, creando en él de la nada, unas enormes ganas de besar esos labios rojos que contrastaban con la blanca piel de su cara —. Que hermoso sueño…
Esto lo dejo anonado. Sus manos volvieron a acariciarle el cabello.
—Eso es, pequeña —Le dijo —. Solo cierra los ojos, Kirsten.
— ¿te quedaras? —Preguntó buscando a tientas su mano libre.
Alex asintió.
—No me moveré hasta que duermas.
Ella cerró los ojos, esta vez con una sonrisa en sus labios.
Alex se encogió, cuando ella quedó dormida se levantó apresurado de la cama y se dirigió al balcón. Dándole una última mirada, saltó desde la baranda al jardín.
Era definitivo. No podía quedarse aquí. No a menos que decidiera sucumbir a la necesidad de estar con ella, y eso en definitiva era algo que no debía dejar que ocurriera nunca
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De como Ellie y Blasius se conocieron... (Fragmento de "El otro lado de la oscuridad")


Ficha Técnica
Titulo: El Otro Lado de la Oscuridad
Género: Romance, Paranormal, Fantasía


Sinopsis:
El otro lado de todo Ser…

Connor Brown no recuerda nada sobre su pasado. No sabe quien fue su creador, ni por qué es diferente a todos los demás vampiros… La suposición de todos sus amigos es que quizás Connor sea un hibrido. Mitad Vampiro, Mitad Humano. Aunque había comenzado a acostumbrarse a su estado e incluso lo aceptaba del todo…

…Es como el otro lado de la oscuridad...

No fue hasta ese fatídico día. El día en que conoció a su compañera, fue el mismo en el que descubrió una segunda personalidad en su interior. Para tristeza suya, su otra personalidad florece cada vez que ve a su compañera y por lo tanto nunca ha podido siquiera dirigirle una mirada… ¿Cómo podría él lograr soportar todo eso? ¿Cómo podría tener a Eleanor Barrett tan cerca, al mismo tiempo que tan lejos?


Adelanto...

Prologo



Aproximadamente Cien años atrás
Afueras de Keith, Escocia



-¡Maldición!

Su pierna comenzaba a acalambrarse del dolor. La herida causada por la flecha de una de sus compañeras de caza había atravesado su pierna derecha, y a pesar de haber sacado el punzante objeto, la herida comenzaba a infectarse.

Bregam había soportado muchas cosas para llegar al puesto de líder del clan de los cazadores… Pero desgraciadamente sus compañeras no parecían estar muy de acuerdo y mucho menos conformes con la idea de que ella asumiera el mando… No es como si ella también le gustara la idea.

Sus cabellos rubios, antes largos y perfectamente cuidados, ahora estaban cortos hasta la nuca y con las puntas desgastadas y quemadas… Efreig, quien comandaba la oposición al liderazgo de Bregam, se había encargado de cortarle y quemarle sus hebras doradas que con tanto esmero había mantenido.

-Eres una perra… -Le había dicho –Una recién llegada como tu que ni siquiera a alcanzado la edad para obtener la inmortalidad, no debería ser nuestra líder.

Se recostó del árbol y apoyo todo su peso en el hombro izquierdo mientras respiraba con dificultad… La herida dolía como los mil demonios, y debido a la perdida de sangre y a que comenzaba a infectarse, Bregam estaba comenzando a ver todo borroso, síntoma de que no duraría en perder el conocimiento en cualquier momento.

<> Rogó para sus adentros, justo al tiempo que oyó el chasquido de las hojas detrás de los arbustos. Bregam aguantó toda la respiración, pero se relajo positivamente al observar a la invasora.

Megan seria quizás la única que estaba de su lado. Era la menor de todas las cazadoras vigentes, así como la más poderosa.

-¡Meg! –Exclamó con alegría. Megan abrió los ojos de par en par al verla y corrió hasta llegar a su lado.

-Dios santo, líder –Dijo con dificultad, arrodillándose en el suelo para examinar la herida –Es realmente profunda… No se si podre curarla.

-Estoy bien… ¿Qué haces aquí? Si Efreig se entera que estas ayudándome te mataran a ti también.

-Efreig jamás levantaría una mano contra mí… No es tan estúpida, sabiendo que puede morir si solamente yo levantó una mano –Megan se levantó y la observó con suma tristeza –Es usted y siempre será la única a la que yo obedeceré.

Bregam sonrió. Meg aparentaba exactamente unos catorce años, la edad que no estaba fuera de la realidad… Aun le faltaba mucho para alcanzar la inmortalidad, y Bregam no iba a dejar que la única amiga que había conocido muriera por su jodida culpa. Simplemente no podía permitírselo ni a ella ni a Meg.

-Agradezco tu lealtad, Megan. Y como has prometido obedecerme, regresaras al campamento y no volverás a buscarme.

Los castaños ojos de Meg se abrieron de par en par, sus labios se separaron con ligereza.

-Pero…

-Has lo que te digo.

Los ojos de Megan se nublaron y cuando asintió, dejo de observarla para concentrarse en el suelo.

-Si, líder –Meg rebusco entre el bolsillo de su camiseta y sacó un pequeño relicario en forma ovalada. Luego se lo tendió a Bregam con los ojos seriamente empapados en lágrimas –Por favor, llévelo con usted siempre… Y ni se atreva a morir, por que le juro que me enojare de veras e iré al mismísimo infierno a matarla nuevamente.

Dicho esto, Megan desapareció por los mismos arbustos de donde había salido. Bregam introdujo el relicario dentro de su camiseta, resguardándolo de una posible perdida. Enseguida su mirada azulina se oscureció y la tristeza la invadió fuertemente.

Todo esto era culpa del maldito de Baldur… Si no hubiese sido por él, entonces Bregam no estaría sufriendo las controversias de haber sido traicionada por las suyas. ¿Por qué tuvo que Baldur haberla escogido a ella como la nueva líder del clan? ¿A ella una cazadora todavía en la flor de la pubertad y que ni siquiera había alcanzado la inmortalidad? ¿Enserio Baldur pensaba que será capaz de sobrevivir mucho tiempo?

Después que las cazadoras alcanzaran la inmortalidad, todavía existía una manera de acabar con ellas. Solo una persona muy importante y que prevalecía en el corazón de dicha cazadora, era la única capaz de matarla.

Mientras no fueran inmortales, hasta la más mínima herida proporcionada por cualquiera, podría acabar con ellas.

Suspiró con fuerza mientras presionaba con la mano, la hemorragia de su pierna.

-Te he encontrado, maldita perra… -El sonido de la voz femenina la helo por completo. Volvió la vista para encontrarse cara a cara con Efreig, sus diabólicos ojos brillaban con expectación y con sed de sangre.

Bregam sintió como alguien la sujetaba por detrás. Estaba demasiado débil como para defenderse, pero aun así intentó luchar contra su captora.

Efreig se acercó con lentitud mientras blandía una espada de filo completamente nueva. Para su propio trastorno, Bregam comenzaba a sentirse totalmente entumecida, ese tipo de estupor en el que entras cuando estas quedándote dormido y contra el cual se te hace totalmente imposible luchar.

Se oyó como el arbusto volvía a moverse.

Bregam maldijo por lo bajo, rogando que no se tratara de Megan, quien estúpidamente se creía algún superhéroe he intentaría salvarla. Efraig acercó la espada hasta su yugular.

-¿Sabes desde hace cuanto deseaba el verte así? Tenía tantas ganas de estrangularte y de sentir como te retorcías bajo mis manos… -Sonrió ante la morbosa imaginación de la escena –Pero al parecer las cosas no salieron como yo quería.

La respiración se le volvió entrecortada y Bregam intentó con todas sus fuerzas luchar contra la abominable oleada de cansancio y sueño que la invadió. Tenia miedo de quedarse dormida, porque si lo hacia sabia perfectamente que no viviría para contarlo… pero… La perdida de sangre se hacia cada vez mas evidente.

-¡Prepárate para morir, Bregam! –Justo cuando oyó la voz de Efreig invadir el ambiente y cuando ella levantó la espada para poder encargarse de cortarle la cabeza, Bregam cayó inconsciente.

***

Se despertó sosteniendo una bocanada de aire en su interior. Estaba traspirando sobre una acolchada cama y un cobertor la cubría hasta mediados del estomago; su pierna, la que había estado herida el día anterior, dolía como los mil demonios y lograba que su cuerpo temblara violentamente a causa de las oleadas de ardor.

Soltó un chillido mientras las lágrimas se acumulaban en sus ojos.

Apenas y fue consiente del hombre que se acercó a ella y que tomando un pequeño pañuelo húmedo se lo deslizo por la frente limpiando las gotas de sudor.

-Tranquila, pequeña. La fiebre bajara pronto lo prometo.

Bregam supuso que estaba agonizando, veía todo completamente borroso y cada vez el dolor era mas intenso. Sin pensar siquiera en que era lo que estaba haciendo, tomó la mano del hombre entre las suyas y la apretó con fuerza mientras sollozaba.

***


Cuando Bregam despertó de nuevo. La fiebre había bajado y el dolor era casi imperceptible. No sabia cuanto tiempo había transcurrido desde que se había quedado dormida.

Con algo de dificultad y con el cuerpo aun débil debido al ataque febril, Logró sentarse en la cama y observar a su alrededor. Era un dormitorio amplío y hermoso, decorado en tonos azul fuerte.

Bregam reparó en el hombre dormido en el sillón al lado de la cama. Inhumanamente hermoso, los cabellos negros rozaban ligeramente su frente, llevaba la ropa desarreglada y una barba incipiente decoraba ágilmente su mandíbula. El hombre se removió incomodo en el asiento y entonces abrió los ojos, de un tono azul con deliciosos matices de ese mismo color.

-Despertaste… -Dijo con voz ronca mientras frotaba sus ojos.

-¿Dónde estoy? –Entonces el olor le froto la nariz y Bregam prácticamente saltó de la cama -¡Un vampiro!

El hombre frunció el ceño.

-Mi nombre es Blasius Nortton y soy el que te ha salvado de la muerte más horrible que podías haber tenido.

Los ojos de Bregam se inundaran de miedo.

-¿Vas a matarme?

-No, no voy a matarte… -El hombre se levantó del asiento –Al parecer tus amiguitas ya lo han intentado. Te he salvado y lo único que pido a cambio es que no comiences a matar a cualquier vampiro que se te atraviese por el medio en cuanto puedas levantarte y caminar –Blasius se acercó y le levantó el cobertor –Revisemos que tal se encuentra tu herida, pequeña.

Bregam aun no salía de su shock… Había sido salvada por un vampiro, las bestias que se suponía ella debía de matar. Se mordió el labio inferior, ante la ternura del toque de Blasius y la manera tan tangible y paternal de cómo la trataba.

-¿Cómo te llamas?

Ella dudó.

-Bregam.

-¿Bre que? –Blas arqueó una ceja –Ese nombre es muy feo para una niña bonita –Aseguró. Pero Bregam sabía que ella debía de verse terriblemente fea. Estaba toda herida, con moretones y el único atributo que realmente había valido la pena cuidar, sus cabellos rubios, habían desaparecido al ser cortados e incinerados –Haber…

-¿Disculpe? ¿Puedo quedarme con usted? Se que es estúpido ya que soy una cazadora, pero realmente me gustaría…

El hombre parpadeó y luego asintió.

-¿Por que no? Pero debes olvidarte de ese horrible nombre que más bien parece la forma de decirle a algún vegetal… Veamos… -Blasius pensó un poco mientras limpiaba la herida de su pierna y la vendaba –Te llamare Eleanor… Eleanor Barrett y Ellie para los amigos ¿Qué tal?

-Ellie… -Repitió. Le gustaba. Y mientras observaba como él curaba las demás heridas, Ellie hizo una promesa… Ella amaría todo lo que Blasius Nortton amaba. Protegería todo lo que él quisiera proteger… Seria su sirvienta para así poder saldar la deuda que florecía en su corazón.





Proximamente por Anto's World...





















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Serie los Condenados. 1º Libro. Oscura Inocencia

1º Oscura Inocencia.


Ficha Técnica
Titulo: Oscura Inocencia
Género: Romance, Paranormal, Fantasía
Durante aproximadamente quinientos años, Blasius Nortton, ha vagado por el mundo esperando encontrar a la compañera predestinada a compartir el resto de su oscura existencia.En un campo alejado de la ciudad, a altas horas nocturnas, una niña le ha regalado una rosa blanca, símbolo de la pureza. Pero al mirarla directamente a los ojos se encuentra cara a cara con su destino, su compañera y la hija de su único amigo humano, que sabe absolutamente todo sobre su estado.
Francesca Eve Agnes… Ha perdido a sus padres a solo una semana de cumplir la mayoría de edad. Por medio de una carta del testamento, tendrá que quedarse hasta que sea mayor con el mejor amigo de su padre… Un hombre sinceramente extraño, bastante joven y sumamente oscuro… Algo muy perturbador para nuestra querida Francesca.

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