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Nada por ahora
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Besos a Medianoche. Capítulo III. Parte II.


            El vestido de Abby y un simple antifaz habían arreglado todos sus problemas. Solo bastó un poco de maquillaje debajo, y un brillo con un color no tan oscuro prácticamente natural—, ya que sus labios eran bastante rojizos por si solos.
            Pero aun así, Kirsten sentía que todo el mundo sabía quién era. De hecho, el hombre vestido de vaquero que había pasado por su lado hacía un rato la había saludado sin más.
            —¿Y… De que es lo que vienes vestida, Kirs querida? —Había preguntado su madre, enfundada en un traje a lo Marilyn Monroe(1), con la peluca incluida y el lunar sobre su mejilla que seguramente estaba dibujado con lápiz negro. Los ojos azules de Eloisa Shower, la escudriñaban con profundo interés; desde el inicio de las faldas del fino vestido de seda color azul cielo, hasta sus cabellos rojizos arreglados a lo alto de su cabeza y del cual se escapaban delicados rizos.
            —Soy… una “mujer misteriosa”, supongo.
            Kirsten podría hasta jurar, que a su madre se le había escapado una ligera sonrisa.
            —Pues, sin ánimos de herirte, pero de misteriosa tienes muy poco —Graznó con voz animada y divertida.
            Lo más lastimero es que Kirsten tuvo que darle la razón momentos después. Su cabello la delataba por sí solo.
            Era triste ser la única pelirroja —Con un color más bien naranja—, entre toda esa masa de personas.
            <Realmente me desmotiva…> Pensó, justo antes de suspirar y pasar a observar con lentitud los alrededores.
            Sus padres realmente habían dado todo de ellos mismos para decorar el lugar. De por sí, que ya era un salón exquisito con suelos y pilares en mármol y papel tapiz de color melocotón; habían movido algunos muebles a un rincón, junto con una mesa de cristal los cuales ahora mismo estaban abarrotados de jovencitas —Aparentemente de sociedad, como lo fue ella alguna vez—, inclinándose y susurrándose entre ellas, mientras reían y disfrutaban de los chismorreos. Ella nunca había sentido pasión por eso, y se alegraba con toda su alma de haber superado ya esa etapa.
            Por otra parte, había una mesa buffet con un completo surtido de pasabocas y exquisitos bocadillos de comida inglesa; decorada con una apetitosa fuente de chocolate y con ramos de nomeolvides y gladiolas, una interesante combinación en donde las gladiolas parecían resaltar más con sus vivaces colores que los pequeños, frágiles y azules pétalos de la otra flor.
            Nomeolvides. Que nombre tan curioso… E infinitamente hermoso para una flor.
            Estaba lleno de personas por todas partes. Parpadeó. Todos los amigos de sus padres y su hermano Viktor, quién era el homenajeado en la ocasión, se encontraban presentes.
            Algunos hombres hablaban en círculos sosteniendo vasos de whisky; y algunas mujeres con finas copas de champaña en su mano, se paseaban por la habitación de dos en dos, hablando de quien sabe que cosas.
            Qué dios los librara a todos.
            Ya había olvidado cómo eran esos molestos eventos, que más bien le causaban pudor y estremecimiento. Todos allí eran unos completos hipócritas. Sí, con la misma y directa palabra.
            Por eso es que Kirsten, en sus anteriores años como señorita debutante en esos eventos de alcurnia, prefería colarse en los rincones ó moverse a alguna que otra habitación. La única chica con la que realmente se había llevado bien, había sido Abby… Solo ella, que parecía tan fuera de lugar como la misma Kirsten, y aun así a Abigail le encantaba empaparse de chismorreos.
            Siempre era la primera en saberlo todo.
            Como aquella vez que…
—Mi padre es uno de los socios de las empresas de Alexander Night ¿Sabes? Y esta tarde, pasando por su oficina me enteré de ciertas cosas. Al parecer, el señor Night se ha ido esta mañana de Nueva York a Australia, sin razón aparente y por tiempo indefinido.
            Sorprendida, al recordar exactamente las mismas palabras con el  mismo tono de voz en que Abby las había dicho, Kirsten agitó la cabeza intentando borrarlas.
            Habían pasado cinco años desde que había  visto por última vez a Alexander Night. Se suponía que lo había olvidado, su primer amor… Un enamoramiento infantil y sin sentido.
            Pero inevitablemente, el ambiente la hacía sentir tan melancólica…
            Y lo único que hacía era recordarle a todo él.
            Caminando entre la multitud y pasando fuertemente saliva, Kirs decidió ir a por un buen vaso de limonada fría y agradable… Ó tal vez, sólo quería borrar de sus pensamientos el alto y fornido cuerpo del Señor Night, sus profundos y de alguna forma sabios y antiguos ojos. Y ese aroma.
            Dios, ese aroma aun la perseguía. Y Aquella vez en que pudo sentir su calor, por una mera y vulgar casualidad —Recordemos aquella vez en que patéticamente intentado huir de un hombre baboso y desagradable, tuvo la “brillante” de saltar de la ventana, quedando ridículamente colgada de un árbol—, para aquel entonces solo quería tener memorizadas esas  pequeñas cosas en su mente.
            Y ya a esta edad, y a estas alturas… Solo quería olvidarlo.
           
            Y allí vamos de nuevo… ¿No podía simplemente dejarlo estar? ¿Qué pasaba con ella?
            Tomó aire varias veces, con el mayor de los disimulos y finalmente se centró en lo que era realmente importante: escapar de allí.
            Buscó rápidamente en reloj de oro que colgaba en una de las paredes de la habitación, y entrecerró los ojos intentando ver la hora. Seguro ya había pasado bastante tiempo, había cumplido con venir y había felicitado a Viktor hacía ya mucho rato…
            Pero apenas su mirada se encontró con el reloj, se desinfló todas sus esperanzas de regresar a casa.
            ¡¿QUÉ?! ¡¿Apenas las once?! Oh, dios santo… Jamás iba a escapar de esa bendita fiesta.
            —Pero que tenemos aquí…
            Ay no… Comenzaba a oler a cerdos en el aire.
            Lentamente, Kirsten giró su rostro y miró sobre su hombro.
            Reginal Huperson. El hombre regordete y grasiento, cuyo primer botón de su disfraz de… Cowboy(2)… parecía a punto de reventar y salir volando, dispuesto a impactarse no muy halagadoramente en la frente de un pobre idiota; la miraba fijamente con expresión admirada y sus pequeños y oscuros ojos —que apenas eran visibles en ese rostro tan lleno y grande— estaban clavados en el escote de su espalda.
            Reginal la había estado acosando desde que entró a sociedad, pero gracias a Dios cuando dejó de asistir a esas fiestas, el hombre desapareció de su vida.
            Parecía que las cosas no podían ponerse peor. Primero Alexander Night, ahora Reginal Huperson.
            En lo personal, definitivamente hubiese preferido que Alexander Night fuera el que estuviera mirándola de manera lasciva y deseosa en esos momentos, y no el hombre grotesco y pervertido que estaba tras ella.
            —Señor Huperson… —Saludó en apenas un hilo de voz casi imperceptible —. Qué bueno verlo de nuevo.
            Ni hablar. Él había sido una de las principales razones por las que había dejado de frecuentar esas fiestas… Aun podía recordar aquella vez que intentó tocarle los pechos frente a medio salón de baile.
            —Lo mismo digo, Kirsten. Estás tan bella y deslumbrante como siempre —Sus mejillas se arrugaron un poco cuando le intentó mostrar una sonrisa… Sugestiva, suponía.
            —¿Cómo supo que era yo? Llevaba antifaz precisamente para eso —Admitió por fin, Kirsten con expresión un poco contrariada, que gracias al cielo estaba muy bien oculta bajo esa milagrosa mascara con forma agraciada de mariposa.
            Huperson rió escandalosamente, mientras se sujetaba la panza con ambas manos.
            —Querida, tu cabello tan al estilo neón resalta sobre todos aquí.
            ¿Neón? ¿Era una ofensa o una alabanza, primeramente?... ¿Sería muy maleducado dejarlo hablando solo? Sí, definitivamente muy maleducado.
            —Gracias —Contestó con la mayor simpleza posible intentando casi sonar agradecida de verdad, lamentablemente el tono de voz le salió totalmente cortante.
            A Kirsten definitivamente le gustaba su cabello. A pesar de lo llamativo que podía ser, era una muestra de lo única que era entre esa multitud de idiotas que se lamían y olisqueaban los traseros entre ellos.
            “Yo sí tengo cerebro, por eso escapé de aquí”.
            El señor Huperson comenzó a acercarse lentamente a ella, y por la expresión de su rostro, Kirs estaba muy segura que tenía intenciones de: 1. invitarla a bailar, ó 2. Proponerle ir con él a algún sitio poco concurrido.
            —Oh, Srta. Shower —Una tercera voz, se oyó en ese momento. ¿Qué tenían las personas el día de hoy, que llegaban y la saludaban desde la espalda?
            Un tirón en su antebrazo la hizo sobresaltarse. El calor de una mano masculina, la dejó anonadada.
            Rápidamente alzó el rostro, para encontrarse con un perfecto ejemplar del fantasma de la opera(3). Alto, oscuro y visiblemente musculoso bajo toda esa ropa negra y esa capa a juego de terciopelo rojo.
            El cabello de un castaño claro lo tenía peinado hacia atrás impecablemente. La mitad del rostro en sentido horizontal estaba cubierto por un antifaz blanco con decorados en rojo; y unos brillantes ojos verdes sensuales y cargados de sabiduría, le regresaron la vista por una milésima de segundo.
            El corazón de Kirsten dio un furioso vuelco con ese pequeño gesto.
            —La señorita Shower me había prometido acompañarme a tomar una copa de champaña, espero no le incomode —Dijo el desconocido, con voz dulzona y aterciopelada. Ese tipo de voz a la que no te puedes negar a nada, y que consiguió que la piel de Kirs se erizara de golpe.
           Reginal pareció sumamente contrariado ante la idea, pero finalmente asintió con el ceño fruncido.
            Pero antes de que pudiera despedirse de ella, el otro hombre ya la arrastraba con delicadeza lejos de allí.
            Y ella solo podía pensar, totalmente azorada… “¿Qué demonios?”


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1. Marilyn Monroe: Fue una actriz de cine, cantante y modelo estadounidense. Con el paso del tiempo, llegó a ser una de las actrices más famosas de Hollywood y uno de los principales símbolos sexuales de todos los tiempos.

2. Cowboy: En español vaquero.

3. Fantasma de la opera: Es una novela gótica que combina romanceterrormisterio y tragedia. La historia trata de un hombre misterioso que aterroriza la Ópera de París para atraer la atención de una joven vocalista a la que ama.

3 comentarios:

Anónimo

Tan poquito???? QUIERO MÁSSS jajajajaj

muy bueno como siempre, geniaaaaaaaaal. alexabder ha llegado nuevamente XD



Firiel

mariana

yo igual quieroooo mas plisssss, gracias por publicar y saludos

Pierina

Oh Anto, ufffff!!!!!!!!!! te has botado! casi me da un infarto, cuando apareció Alex..porque obviamente es él cierto?..jajaja genial *.* lo amé