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Nada por ahora
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...

Hola chicas, primero que nada me quiero disculpar con todas por la desaparición que hice... Sé que se han preocupado por la misma, pero sencillamente no podía dar la cara en ese momento.

Lamentablemente, he estado muy atorada en el capítulo siguiente de besos a medianoche, no he podido avanzar siquiera una palabra... por más que lo intento, las ideas no parecen fluir con libertad y prácticamente me siento forzada a avanzar; es algo que no quiero que se sienta en mis historias, que pareciera estoy escribiendo por inercia y sin ganas. Probablemente una de las razones sea la universidad, repentinamente me siento agobiada por la misma en algunos aspectos.

Espero me disculpen por no haber venido antes y ser sincera con ustedes.

No estoy diciendo que no la continuaré, simplemente que necesitaré un poco más de tiempo para adelantar los capítulos Siempre he pensado que Los Condenados era la serie que de verdad, quería y necesitaba acabar, pero aunque tenga las ideas claras de lo que deseo que ocurra, las palabras no se muestran como yo deseo.

Sé que ya han esperado mucho, y que me han tenido mucha paciencia... Pero por favor, ténganla un poco más.

Mis más sinceras disculpas con todas ustedes, y gracias por siempre esperar por mis capítulos.

P.D: Si tienen alguna pregunta que pueda responder, estaré abierta a hacerlo.

Besos, Anto.

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Besos a Medianoche. Capítulo XIV. Parte II-B.

       
    Eran cerca de las nueve de la noche cuando Kirsten abrió la puerta de su cuarto y entró despacio a la habitación. La había dejado hecha un desastre cuando salió temprano en la mañana, y le hizo suspirar la idea de tener que arreglarla un poco.
            Recogió las prendas de ropa de la cama y las guardó en sus respectivas gavetas del armario; luego se dedicó principalmente a ordenar los papeles y objetos sobre su pequeño pero cómodo escritorio.
            Ya le quedaba poco tiempo para graduarse, pero ya estaba muy cansada con el trabajo de profesora. Nadie dijo que en la primaria los niños eran en su mayoría unos completos diablillos; además, el sueldo no era muy amplio que se pudiera decir.
            “Al parecer, ser profesor de verdad es por vocación y no por sueldo”. Suspiró por segunda vez mientras arrugaba una hoja con actividades que ya había hecho y la arrojaba directamente a la basura.
            Tomó una pijama y ropa interior limpia, y sin más preámbulos caminó directo al baño.
            La tina repleta de agua caliente y aceites aromáticos era la mejor parte del día; le relajaban los músculos tensos por el estrés y despejaban su mente cargada de preocupaciones como la de qué clases impartiría ahora o como combatiría con los pequeños demonios de sus alumnos. En ese momento solo importaba ella y su mente tranquila y para nada perturbada.
            Se tomó aproximadamente media hora en el baño y después de envolverse el cabello y el cuerpo en toallas limpias se encaminó de regreso a la habitación.
            Para su propia sorpresa, y sentado en la cama recientemente arreglada, se encontraba Alexander Night quien al parecer texteaba algo en su teléfono móvil.
            —¿Qué demo…? —Rápidamente, Kirsten se ajusto con más fuerza la toalla que envolvía su cuerpo mientras lo miraba con los ojos muy abiertos. ¿Lo estaba imaginando?
            Alexander Night alzó la mirada y al verla sonrió profundamente mostrando su perfecta dentadura. No, definitivamente no lo estaba soñando.
            —No sabía que fuera tan feo.
            —No, no creo que sea una cuestión de si es feo o no, Señor Night. Está en mi habitación, sin permiso… —Instintivamente Kirsten miró hacia la ventana, abierta de par en par y por donde se colaba la fría brisa de la noche —. ¿Cómo lo hace? Y no diga que son las escaleras para incendio, porque revisé y las escaleras están en la cocina —Dijo señalando hacia la puerta que daba a la salida de su habitación.
            Alex soltó una carcajada, haciendo que sus profundos y misteriosos ojos que tanto le fascinaban a ella, brillaran.
            —Es un secreto —Contestó él ladeando la cabeza y mirándola fijamente. Esa mirada que examinaba cada trozo de piel descubierta de su cuerpo hacía que se sintiera como si en cualquier instante se fuera a quemar.
            —¿Puede volar? —Kirsten lo miró intensamente.
            —No lo sé —Alexander Night se puso de pie y de espacio pero seguramente, con un paso más bien felino, se acercó a ella y apoyó una de sus manos en el hombro desnudo de Kirsten —. Tal vez algún día te lo confiese.
            Oh, Oh… Esto no era una buena idea. Había estado cuestionándose sobre si darle una oportunidad a la idea de salir con el hombre que tenía en frente, pero apenas y se habían visto temprano y él ya estaba en su habitación… ¡Y ella no tenía nada que la cubriera a parte de la débil tela de una toalla!
            —No creo… Qué sea buena idea que entre de esta forma a mi habitación —Susurró pasando saliva con fuerza. El rostro de él comenzó a descender con cuidado muy cerca del suyo.
            —Quería verte —Alexander Night apoyó la frente en la de ella mientras la miraba fijamente.
            —Nos vimos más temprano… igual podrías haber llamado.
            Alex volvió a sonreír de esa forma tan él, cargada de sensualidad y misterio que resaltaba la inicua y masculina belleza de su rostro.

            —Nunca me lo diste —Y luego de decir esto, bajó el rostro por completo cerrando el pequeño espacio entre ambos y depositó un suave beso en los labios de ella.

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N.A: Quiero disculparme con todos, la verdad he tenido algunos problemas con unas asignaturas (demasiados trabajos, ponencias y parciales juntos) del semestre, pero me alegra decir que ya solo me queda una semana de parciales más y no tendré más problemas con la universidad ni estaré tan corta de tiempo. 
Ya se podría decir que acabé semestre y me fue muy bien. No había podido escribir nada porque tenía demasiadas cosas en la cabeza, y sinceramente cuando tenía algo de tiempo la inspiración no daba señales de vida. Hoy llegué de uno de mis últimos parciales y enseguida me puse a escribir.
Sin mas preámbulos muchísimas gracias por la paciencia tan grande que me tienen, quiero que sepan que no voy a abandonar a los condenados, solo que a veces me cuesta exprimir las ganas de escribir o no cuento con los recursos suficientes.  Espero disfruten este capítulo.
¡BESOS A TODOS Y MUY FELICES VACACIONES!

P.D: Quizás el lunes publique, igual seguiré escribiendo hoy para adelantar.
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No quiero sonar insultante, pero...

Me parece insultante que me escriban de una forma tan descortés si abandoné la historia o no, ó qué me amenacen diciendo que no van a volver a entrar a mi blog. La última vez que publique fue el Lunes 20/05/13, ¿cómo puede una persona andar preguntandome eso cuando la ultima vez que subí capítulo fue hace tres días?

A mi no me afecta que dejen de entrar, lo digo directamente, yo igual seguiré publicando cuando pueda porque aun tengo una historia por terminar.

Hago esto porque me gusta, pero a veces el tiempo y muchos otros factores no me lo permiten... No me parece justo que yo haciendo algo sin cobrarle a nadie por leer, o sin pedir nada a cambio, me escriban comentarios de mal gusto y que solo presionan y me estresan.

Aprecio mucho que se detengan a leerme, eso me da muchas energías y ganas de continuar... Pero de verdad... Por favor, pido algo de paciencia y respeto... Muchos de ustedes seguro trabajan, van a la universidad ó al colegio, y yo que a veces tengo el horario de Seis de la mañana (sí, tengo que llegar a la universidad a las cinco y media) hasta las seis de la tarde con pausa para almorzar, no es nada fácil exprimir al cerebro y obligarlo a tener ideas cuando estas tan cansado.

P.D:  No digo que no puedan preguntarme si he abandonado o algo así, simplemente... Por favor haganlo de una forma más amable, que ver comentarios así afecta mi genio y estima.

Anto. 
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Capítulo XIV. Parte II-A.



           
—No sé si debo sorprenderme porque te has enamorado, o porque tengas el valor de decírmelo —Abigail Denton no esperó vivir para ver el día en que Kirsten soltara tal confesión. Conocía a Kirsten desde hacía varios años como para saber que la mujer era una de las personas más escépticas sobre la tierra; había tenido una pequeña relación tiempo atrás, pero según lo que Abby tenía entendido, cuando el susodicho le pidió matrimonio, Kirsten se había negado rotundamente.
            “No lo quiero hasta el punto de casarme con él”. Habían sido palabras crueles con las que Kirs había admitido las razones por las cuales lo había rechazado.
            ¿Entonces como es el amor para Kirsten? Era algo que Abigail no comprendía, a pesar que de lo que pretendía vivir a futuro era del dinero recaudado por tontas novelas de amor con finales clichés.
            Pero verla tan nerviosa y jugando con sus manos con expresión casi indescifrable, era sorprendente. No necesitaba pensarlo mucho para percatarse que con su ex novio, Kirsten jamás se había visto tan ansiosa.

            —¿Tan malo es que te enamores?

            Kirsten alzó sus profundos ojos azules y la miró fijamente con las cejas enarcadas.

            —No es malo que me enamore, es malo la persona de la que posiblemente me estoy enamorando.

            De acuerdo, eso definitivamente era nuevo.

            —¿Es algún líder de una mafia? —Preguntó Abigail con repentino interés.

            —No.

            —Entonces, ¿Un pariente lejano que tus padres nunca aceptaran?

            —¿Perdón? —Kirsten la miró anonadada.

            —¡no, no! ¡Ya se! ¿Tiene una enfermedad terminal? ¿Es eso? ¿Por eso no puedes?

            —Abigail, ¿Quieres dejar de hacer sonar esta conversación como si se tratara de alguna novela romántica? —Kirsten se cruzó de brazos y la miró con la frente levemente arrugada y el ceño fruncido.

            Abby desvió la vista decepcionada.

            —Solo estaba intentando adivinar —Dijo para después carraspear —. ¿Entonces? ¿Por qué no te puedes enamorar del señor fantasma?

            Kirsten terminó de sacarse las cosas de encima y colgó en el perchero de la entrada su abrigo y bolso. Sin decir ni una sola palabra más, se encaminó hacia la cocina suspirando.

            Un poco absorta y pensativa, Abby la siguió y se sentó a la mesa para observarla preparar café. Parpadeaba de cuando en cuando esperando una respuesta que Kirsten no se veía nada dispuesta a darle.

            Finalmente suspiró mientras dejaba hervir el agua y la miró por sobre el hombro.

            —Es algo mayor que yo y su reputación no está completamente limpia. Mis padres jamás aceptaran que tenga una relación con él.

            Abby la miró sorprendida.

            —¿Desde cuándo la edad es importante?, mejor aún, ¿Desde cuándo te importa lo que digan tus padres? —Abigail entrecerró los ojos, algo disgustada. Nunca pensó que Kirs podría tener una faceta cobarde, pero aparentemente la poseía.

            —Es que no entiendes…

            —¿El qué? ¿Qué no quieres darle una oportunidad a enamorarte?

            —Abigail Denton, no necesito que me regañes —Kirsten se cruzó de brazos —. Es solo… Es que… Estoy asustada de él —Susurra —. Me siento tan bien cuando estoy con él, pero pareciera que esconde un mundo de secretos tras sus ojos. Me da miedo que no lo conozco lo suficiente como para darme el derecho de decir que estoy enamorada de él, y aún así no soy capaz de controlarme en su presencia. Me hace sentir estúpida y como una adolescente enamoradiza.

            ¡Oh! Al oírla hablar de esa forma de sus sentimientos, Abby no podía evitar sentir el picor de la envidia en lo más profundo de su ser. No recordaba haberse sentido de esa forma por ningún hombre en su vida, y por lo que veía no lo sentiría jamás.

            Sonriendo con suavidad, estiró la mano y tomó la de Kirs por sobre la mesa.

            —Siempre hay que correr riesgos, sobre todo cuando se trata del amor. Es mejor hacer las cosas y saber que no funcionaron, que lamentarse al pensar lo que pudo haber sido ¿no? —Hablaba con suavidad mirando directamente a Kirsten a los ojos. Era raro tener ese tipo de conversaciones con ella, y más raro era ver los profundos ojos azules de Kirs brillar de esa forma mientras oía sus palabras.

            —Oh, Abby… No lo sé… ¿Y si solo está jugando conmigo?

            Abigail arqueó ambas cejas, ¿Un hombre ya mayor jugando con una joven como Kirsten? Comenzaba a sentir una profunda curiosidad por el susodicho.

            —Si te hace daño, yo lo golpearé y destrozaré su automóvil con un bate —Soltó completamente seria.

            Por primera vez en un buen rato, Kirsten soltó una carcajada.

            —No quiero que hagas algo así

            —Créeme, no está demás si el tipo se lo merece —Respondió mientras se cruzaba de brazos arqueando una ceja.

            Kirsten caminó riendo hacia ella y la abrazó con fuerza.

            —Gracias, Abby… No sé qué haría sin ti.

            Ella rió con fuerza y la abrazó en regreso.

            —No lo sé, ¿Qué harías? —Arqueó ambas cejas —. Por cierto, se te está quemando el agua.
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Desearía regresar a mis quince...

Esta entrada es de ayer, 10 de Mayo... aparentemente no se publicó:

Hoy estoy de cumpleaños, para ser exactos cumplo diecinueve años de edad.... Pareciera que fue ayer cuando me inicié en la escritura cuando aún tenía catorce años, y el auge de los condenados transcurrió durante mis quince años.
Pensando en las cosas en que he empleado mi tiempo durante los últimos tres años, hay cosas de las que me arrepiento, cosas de las que no, y por supuesto, cosas que me hubiese encantado hacer y no abandonar.
Es increible como el tiempo en un abrir y cerrar de ojos se te escapa de las manos, hoy me levanté pensando: "Desearía estar cumpliendo quince años de nuevo"... Es como sí así aun tuviera más tiempo para cumplir mis metas que aun estan verdes y sin avanzar.
Lamentablemente nuestro reloj biologico no tiene un botón para retroceder el tiempo, ni tampoco un botón que nos ayude a alargar la vida.
Pienso que debo estar conforme con lo que tengo, y sinceramente doy gracias a Dios por permitirme vivir un año más, en el que me comprometo a cumplir mis metas y mis sueños. Gracias por estar conmigo y esperar por mí aunque sé que es duro... Hoy fue el último de mis parciales, y aparentemente me fue bastante bien.

Saludos y besos,
Antonella.

P.D: La última actualización fue el 30 de abril, para mañana Sabado, espero estar actualizando.
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Besos a Medianoche. Capítulo XIV. Parte I.



Los hombres eran sin duda alguna las criaturas más inútiles y fáciles de manipular de los que ella tenía conciencia. Bueno, tal vez no todos, había uno en particular al que Hel[1], que aunque deseaba no tenía la suficiente potestad sobre él.
            Él caminaba con un paso agraciado y digno de un rey, la gabardina negra hacía juego con su cabello oscuro y espeso. Era alto y elegante, y muy antiguo. Claro que ningún humano que lo rodeara tendría conocimiento de tal gran y amplio detalle que ella conocía perfectamente.
            Se movió con sigilo y sin previo aviso se abrazó al brazo de él.
            Sabía que eso molestaría muchísimo a Svante pero aun así no pudo siquiera evitarlo.
            Los profundos ojos azules se clavaron en ella con frialdad, como si la hubiesen sentido cuando ella aun estaba a kilómetros de distancia.
            —¿Qué quieres?
            —Eres demasiado frío, Svante… ¿Por qué no me saludas primero? —Respondió ella sonriendo y apoyando la barbilla en el brazo de él. Adoraba ver como esos profundos y cautivadores ojos se llenaban de ira y asco ante el menor contacto de ambos… Aun estando vestidos.
            Svante no sabía del enorme placer que se estaba privando al negarle la entrada a su cama a Hel.
            “Soy mucho mejor que todas las mujeres con las que alguna vez has estado”. A través de los siglos, Hel había aprendido a tragarse los celos y a vivir con el odio que Svante le profesaba tan seriamente.
            Tener su odio y su rencor era mucho más satisfactorio que no tener nada en absoluto.
            —Te he preguntado ¿qué quieres? No tengo tiempo para tus juegos, Hel.
            —No  estoy jugando, tenía la necesidad de saber cómo va todo en el consejo. ¿Ya lo atrapaste?
            Svante apretó la mandíbula sin dirigirle una sola mirada.
            —Estoy en eso, dejé encargado a Alexander Night y… —Al oírlo, Hel estuvo a punto de explotar.
            —¿Qué? ¿Por qué dejaste que alguien más se entrometiera? ¡Te pedí que lo hicieras tú! —Exclamó repentinamente enojada, soltándose abruptamente del brazo de Svante. Era una diosa muy obstinada, y vivir atrapada en Nilfheim desde que tenía uso de razón solo lograba que su cordura se desestabilizara.
            Svante la miró por encima del hombro sin expresión.
            —¿Vas a hacer una rabieta frente a tantas personas? —Preguntó él en un tono de voz que derivaba entre lo aburrido y lo malhumorado —. Se lo que hago y porque lo hago, no tienes el más mínimo derecho a plantarte frente a mí y decirme como hacer las cosas. Limítate a solamente esperar los resultados.
            —Maldito insolente —Susurró mirándolo con el rostro rojo por la ira acumulada. Apretó los puños a ambos lados de su cuerpo; sentiría mucho placer y liberación si lo pudiera matar allí mismo, pero una y otra vez se recordaba que necesitaba a Svante con vida.
            …Y encima de eso lo deseaba míseramente.
            —Si no tienes nada más que decir, me retiro. Tengo cosas más importantes que hacer —Y sin más, Svante regresó las manos a los bolsillos, se giró y comenzó a caminar alejándose de ella. Mirándole la espalda, Hel sintió el fuego de los deseos carnales comerle las entrañas.
            “Algún día lo haré arrepentirse… Y cuando ese día llegue, disfrutare teniéndolo de rodillas frente a mí”.

***

            —Tienes una perfecta expresión rosa.
            Kirsten no había terminado de cerrar la puerta del departamento, tras ella, cuando oyó la voz de Abby. La mujer la miraba desde el pasillo del recibidor con una enorme sonrisa en los labios. Se estaba sacando la bufanda, por lo que Kirsten interpretó que hacía muy poco tiempo había llegado al departamento.
            —¿Cómo que una expresión rosa? —Preguntó Kirs sonriendo y sacándose los guantes para dejarlos a un lado.
            —Ya sabes, sonrisa tonta, mejillas naturalmente ruborizadas… Dime… ¿Pasó algo en especial, Kirs?
            Touché. Abigail podía ser muy observadora cuando quería, y otras veces podía ser extremadamente densa. Kirsten se recargó en la puerta y soltó un profundo y sonoro suspiro.
            No había nada de malo en contarle lo excelente que había sido almorzar con el señor Night; por alguna razón, Kirsten se sentía hermosa y deseada con una sola mirada de él. Esos ojos completamente fijos en ella, combinado con las halagadoras palabras de Alex y de cuando en cuando el ligero toque de su cálida mano sobre la de ella… Dios... eran lo suficiente para nublarle la cabeza y hacerla indudablemente feliz.
            Tenía presente que Alexander Night poseía un amplio historial como mujeriego… Sonaría estúpido y soñador, pero a esas alturas ya no deseaba pensar más con lógica, y sí el estaba dispuesto a una relación seria no dudaría en arriesgarse por ese hombre.
            “bueno… nadie dijo que estaba buscando una relación seria”. No, pero, tampoco nadie dijo que no la estaba buscando. Quizás después de todo ese tiempo, el hombre pretendía sentar cabeza.
            Se llevó en dedo índice a los labios y ligeramente mordió la uña con suavidad, completamente absorbida por sus pensamientos.
            Y también estaba el tema de la edad.
            …Sus padres jamás lo consentirían, por más joven que se viera Alexander Night, ya debía rondar cerca de los cuarenta si no se equivocaba.
            Y le daba algo de miedo que ella terminara envejeciendo más rápido que él, eso sería una verdadera pesadilla.
            —…¿Kirsten? —Abby, quien al extrañarse de no recibir una respuesta inmediata, se acercó despacio a ella y apoyó una mano en su hombro —. Me estas asustando, ¿paso algo malo?.
            Kirsten se mordió el labio inferior y la miró con ojos brillantes y grandes. —. Oh, Abby… Creo que me estoy enamorando.
            Y para terminar de armar el pastel, la guinda resultaba ser que el motivo de sus afectos, era su viejo primer amor.


[1] Hel: es la diosa del inframundo. Hija del dios Loki.






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Sé que es poco, pero espero que si la internet me lo permita publicar este viernes.
Quiero que quede claro que si no publico en la fecha acordada son por razones mayores que se escapan de mis manos y que no puedo controlar.
Yo es cribo por el puro placer de hacerlo, no exijo nada a cambio de lo publico en mi blog más que su comprensión y su paciencia... Por favor, no me presionen... Se los ruego, para mi también es duro cuando no tengo inspiración, estoy ocupada con la universidad, o no tengo internet (por cierto, la internet me la han puesto esta semana).

Quería pedirles otro humilde favor, me gustaria que oraran conmigo por mi país, Venezuela, quien en este momento está en una situación crítica y muy triste.

Gracias por siempre estar acompañandome y leyendome.

Besos y Abrazos.

Anto. 
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Besos a Medianoche. Capítulo XIII. Parte II.



Lo había invitado por una razón que desconocía. Toda esa situación tensa que había presenciado momentos atrás la intrigaba de una manera poderosa. Lamentablemente se sintió muy pequeña y tonta de atreverse a caminar al lado de la imponente figura de Alexander, cuando al pasar por el frente del cristal del restaurante su reflejo desgarbado y desaliñado la miró en regreso.
            ¡El horror! ¡Había olvidado por completo su aspecto! Y él, muy amablemente se había abstenido a decir. Las personas que se encontraban sentados en las distintas mesas a lo largo del pasillo completo que era el restaurante, clavaron su fija mirada en ellos.
            Kirsten desvió la mirada apenada y se rascó la mejilla.
            El escrutinio no era normal… ¡Pero, por supuesto! ¿Quién en su sano juicio no la miraría así? Su vestimenta no era la más bonita —Para nada— y aun así caminaba como si nada con un espécimen de hombre literalmente fuera de la realidad. Sintiéndose algo incomoda, no se percató de que había dejado de caminar.
            Esto es una locura… Pensó para sí misma.
            Nunca antes le había importado su apariencia física, pero estar al lado de Alexander Night era desmoralizante en más de un sentido. Ironico era pensar que años atrás habría muerto con solo tener la minima oportunidad de caminar al lado de él, pero a esas alturas, siendo una mujer madura y sana en juicio, lo encontraba inverosímil.
            Se sentía muy poca cosa, y odiaba sentirse así.
            —¿Sucede algo?
            Kirsten alzó rápidamente la mirada y se encontró con los brillantes y profundos orbes azules—verdes de Alexander —Así es, aun no podía descifrar para nada el color—. Él la miraba por sobre el hombro; su espalda era amplia y musculosa, se notaba a través de la delgada seda de su camisa a pesar de ser de un color oscuro.
            —No, no —Respondió Kirsten pasando saliva, pero a pesar de esos sus pies se negaron a moverse. Las miradas de escrutinio a su alrededor se hicieron más críticas e intensas.
            Alexander rió con suavidad, se giró sobre sí mismo y caminó hacia ella cerrando con grandes zancadas el espacio que los había separado.
            —Entonces vamos, creo que si nos demoramos perderemos la mesa —Para sorpresa de ella, Alexander la tomó con suavidad de la mano y la entrelazó con la de él. El corazón de Kirsten dio un vuelco desesperado por el toque tan íntimo y delicado sobre su mano.
            Sintió la piel erizársele.
            Él sencillamente la había tomado de la mano,  pero aunque solo fuera eso el contacto de la piel de Alexander era suficiente como para despertarle todos los sentidos.
            Debo estar fuera de mis cabales, sinceramente…
            Sentirse tan atraída por un hombre —sobre todo cuando tenía contacto físico con el mismo— no debía ser algo normal.
            Además de eso… ¿No se sentía avergonzado de ella? Por el contrario, Alexander Night parecía más bien orgulloso de llevarla de la mano, cosa que hizo que su corazón volviera a saltar enloquecido.
            Ahora miraba la espalda de Alex muy de cerca, su cabello castaño se veía tan suave mientras acariciaba el cuello de la camisa ante cada movimiento del cuerpo de él mientras caminaba. Cuanto deseaba hundir las manos en ese cabello.
            Kirsten tomó aire y se mordió el labio inferior. No era una adolescente, ¿Hasta cuanto tenía que repetirse eso? Pero lamentablemente sus hormonas parecían olvidarse de ese pequeño detalle, y se desquiciaban por completo en presencia de ese hombre.
            Se dejó arrastrar en silencio e intentando dejar su mente en blanco.
            Cuando llegaron a la respectiva mesa a la que Alex se veía tan dispuesto a coger, antes de sentarse le corrió la silla y esperó a que ella tomara asiento. Era muy raro, no recordaba haber sido tratada con tanta delicadeza y preocupación por un hombre.
            Sí, y eso incluía directamente a su ex novio.
            Kirsten lo siguió con la mirada hasta que él tomó asiento frente a ella.
            Tal vez sonaría cliché, pero no se cansaba de repetir y de pensar en lo atractivo que era Alexander Night. ¿Qué demonios lo hacía lucir tan encantador e irresistible? Todo era perfecto en él, era complicado buscarle algún defecto y dar justo en el blanco con el mismo.
            Alex la miró de regreso y entrecerrando los ojos le dedicó una sensual sonrisa de medio lado.
            —¿Hasta qué hora trabaja, señorita Shower?
            Kirsten arqueó ambas cejas por la pregunta.
            —¿Me está diciendo que vino hasta aquí sin saber a qué hora salía? Se estaba jugando una grande, señor Night.
            Una buena pregunta era ¿Cómo Alexander Night sabía en donde trabajaba? Primero se colaba por su ventana  a mitad de la noche y ahora aparecía mágicamente en su trabajo. Misterioso, muy misterioso.
            Cada vez el personaje de Alexander se parecía mucho más a una caja de pandora que a nada.
            Alex rió de improvisto.
            —Sí, pero como se dice…Quien no arriesga no gana. Y yo estoy completamente dispuesto a ganar.
            Kirsten abrió los ojos como platos. ¿Ganar qué? Bueno, la forma en la que él la miraba le daba una perfecta idea de a qué se refería, aun así no se sentía preparada para el escalofrío que le recorrió todo el cuerpo.
            Antes de que pudiera separar los labios y preguntarle directamente que era lo que él pretendía ganar, uno de los mesoneros se acercó y les llenó las copas con agua fresca. Los recibió con una cordial sonrisa y les entregó los menús, no se fue sin antes darle la recomendación del día.
            Algo atareada, Kirsten clavó la vista en su propio menú.
            La comida del lugar era muy económica y nada especial en sabor, de nuevo se sentía avergonzada de haber invitado a Alexander Night a ese local.
            Lo miró por encima de su carta. Seguramente está acostumbrado al caviar y a esas cosas.
            No lo culpaba, ella también se había criado y vivido en ese mundillo por demasiado tiempo; en cuanto se mudó de casa de sus padres decidida a llevar su propia vida y a depender de sí misma, se dio cuenta que no podía darse los mismos lujos con los que antes contaba. Kirsten se acostumbró a acortar su dinero mensualmente y a recurrir a los sitios más económicos para comer o para comprar los víveres.
            Siendo sincera… No le molestaba. Estaba feliz con su vida actual.
            …No es que Alexander Night le estuviera proponiendo matrimonio o una relación seria, ¡Por dios que ni siquiera sabía que era lo que el hombre pretendía con ella! Pero Kirsten no iba a volver a su antigua vida de snob. Eso nunca.
            —¿Qué tal es el pollo en salsa de champiñones? —La voz de Alexander la trajo de vuelta a la realidad. Parpadeando, Kirsten buscó en su menú el platillo que él mencionó.
            —¡Oh! Es muy bueno, recomiendo que lo acompañes con papas al vapor.
            —¿Acostumbras a comer mucho aquí, señorita Shower? —Preguntó él por segunda vez.
            Y por tercera vez se sintió avergonzada.
            —Sí… Pero no es porque no sepa cocinar, simplemente es que no cuento con el tiempo necesario para ir a casa y regresar al colegio —Admitió en un suspiro —. Además, dadas las circunstancias, creo que sería una buena idea que comenzara a tutearme, Señor Night.
            La risa de Alex, dulce, sensual y oscura, invadió el espacio entre los dos. ¡Dios bendito! ¿Desde cuándo amaba verlo reír de esa forma tan libre y audaz?
            —Dadas las circunstancias, estaré encantado de tutearla, Kirsten… Eso sí… Tu también comienzas a llamarme por mi nombre —Ladeando la cabeza, la miró fijamente como esperando algo de ella. Kirsten miró a ambos lados sin saber que hacer —. Por favor…
            Le tomó algunos segundos más comprender que lo que él ansiaba, era oírla decir su nombre. Por alguna razón la sangre se agolpó en sus mejillas mientras tomaba fuerzas… ¿Desde cuándo le apenaba tanto decir el nombre de una persona? Bueno… Era cierto que no era “cualquier” persona.
            —Alexander —Soltó tras esperar unos momentos.
            Los ojos de él se oscurecieron con algo que ella no pudo identificar, pero que aun así la hizo temblar. Sentía la garganta repentinamente seca y una ansiedad inexplicable anidada en su estomago.
            …Esa mirada tan indescifrable, tan diferente, la hacía sentir de alguna forma… ¿Deseosa?... Si… posiblemente… Se sentía deseosa de él.
            —Excelente —Susurró él con la voz un poco ronca —. Dudo que nadie pudiera haberlo dicho mejor.