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Nada por ahora
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Besos a Medianoche. Capítulo V. Parte II



—¿Y bien? ¿Cómo te fue?
            Alex gruñó al notar la cabellera rubia perteneciente a un inquilino sentado de espaldas a él. Ese color tan platinado de rubio sólo podía pertenecer a alguien a quien conocía bien, y la voz que siguió a los pensamientos de Alex, comprobaron su teoría.
            —Ethan —Dijo con un tono de voz más bien cansado, a lo que Ethan pasó a observarlo por sobre el hombro arqueando ambas cejas.
            Los ojos azul profundo lo miraban fijamente como analizándolo.

—¿Tan mal te fue en tu visita oportuna a tu compañera?
            Alex entrecerró los ojos.
            —No salí a verla a ella, fui a cazar ni más ni menos —Inquirió con la voz algo ronca por tener que haberse inventado una excusa para justificar su ausencia. La cual no era del todo mentira, puesto que, luego de haber huido de la mansión de los Shower, se había ido a buscar una mujer de la que pudiera alimentarse.
            Sólo deseaba sacarse a Kirsten de la cabeza un rato, pero sencillamente no podía.
            Incluso mientras la sangre de una sensual mujer rubia, llenaba su boca y el sabor se anidaba en su lengua, en lo único que podía pensar era en Kirsten. Sus brillantes e inteligentes ojos azul cielo, y esos labios rojos cómo una cereza, que le prometían el cielo si se atrevía a besarlos.
            Había casi matado a la pobre mujer por haberse ido de las ramas. Tuvo que buscar algún lugar seguro donde dejarla e implantarle el recuerdo de haberse pasado de tragos esa noche.
            Ethan permaneció en silencio unos momentos, mirándolo fijamente a los ojos.
            —…¿Y fuiste a cazar vestido del fantasma de la ópera? Muy original amigo —Aunque Ethan quería parecer sin expresión, Alex no pudo evitar escuchar una nota de burla y humor en su voz.
            Alexander maldijo en su mente. Se había olvidado del traje… ¡Inclusive tenía la máscara en una mano!
            —Sí, ya sé que soy original, gracias.
            Se quedó unos momentos en silencio, esperando a que Ethan terminara de ahogar la risa.
            —…bueno —El vampiro más joven comenzó a hablar luego de que aparentemente cumpliera con su objetivo —. Y… ¿Lograste sentirte como Vladimir Dracula esta noche, al fin y al cabo?
            —¡Joder, Ethan! —Un poco irritado, Alex le arrojó la máscara a su compañero quien comenzó a desternillarse de la risa sobre el mueble.
            Años atrás, jamás se hubiese esperado a que Ethan Rumsfeld, con lo serio que se veía, fuera un verdadero hijo de puta que le encantaba joder a la gente —en el más crudo y duro de los lenguajes—.
            Desde que Blas se había ido con Francesca, había estado bastante distanciado y algo sólo en cuanto a términos de compañía masculina. No habría pensado que su mejor amigo desaparecería de su vida de una forma tan apresurada… Pero al menos Blas era muy feliz en su pequeño nido de amor.[1]
            Más sin embargo, eso no borraba el hecho de que Alex, de un momento a otro, se hubiese encontrado con que no tenía de nada ni nadie que sostenerse, hasta el punto de que había barajado la idea de hacer suya a Kirsten. Pero entonces, Ethan apareció como caído del cielo y terminaron en Sidney.
            Ahora de nuevo en Nueva York, se sentía nuevamente enloquecido ante la idea de que su compañera —A la que siempre había pensado dejar ser feliz, puesto que ella merecía completa voluntad de elección y una vida totalmente normal—, al ver a Ethan de nuevo se sentía de alguna forma, más tranquilo.
            Cómo si pudiera contar con que si fuera a saltar sobre ella, Ethan estaría allí para detenerlo.
            —Fui a verla —Admitió por fin en un suspiro cansado.
            —Ya lo sabía —Ethan se encogió de hombros sin más —. De hecho, me lo imaginé desde qué regresamos de Australia —Suspirando, Ethan se puso de pie y caminó hasta él con ambas manos dentro de los bolsillos de su chamarra —; pero no es por eso por lo qué he venido.
            Alexander caminó hasta su exhibidor de vinos y dejó la máscara del fantasma de la ópera sobre la fina madera de roble, mientras que tomaba una de las botellas de la cosecha francesa de mil novecientos. La expresión de Ethan, que repentinamente se había tornado sumamente seria, reflejaba que lo que estaba por venir no era algo precisamente bueno.
            Se movió despacio y en silencio para sentarse en uno de los banquillos de la sala con estilo victoriano en tonos azules y otros colores pasteles.
            —Soy todo oídos.
            Ethan se trasladó hasta la ventana al frente de él. Probablemente su mayordomo había corrido las cortinas antes de que él llegara y ahora la luna iluminaba la habitación en todo su esplendor.
            —Han muerto tres magnates —Mirándolo sobre el hombro, Ethan arqueó una ceja —. Una de inversiones, otra de exportaciones y otra de envíos por correo. Las tres tienen algo en común: sus presidentes y creadores eran vampiros en edades comprendidas de quinientos a mil años de antigüedad; y las tres estaban a un paso de entrar al mercado internacional.
            Alexander enarcó ambas cejas.
            —¿Vampiros y dueños de empresas? Interesante —Tomando en cuenta que tanto Ethan como Blasius y él mismo, eran dueños de empresas multinacionales. Asquerosamente ricos y con mucho tiempo por delante para continuar llevando sus negocios a viento en popa.
            Ethan caminó y se sentó en el mueble frente al suyo.
            —Murieron por las mismas causas… —Admitió con una mueca en los labios —. El consejo de vampiros quiere que hables con algunos de los líderes de clanes de los lobos[2]. Creen que las muertes fueron causa de algún lobo demente y sin escrúpulos, pero no tenemos muchas huellas como para acusar a alguno en particular.
            Alex se puso repentinamente de pie. El consejo de vampiros estaba integrado por los más viejos de todos ellos, hacía ya algunos años que Alex había dado la petición de salida. No quería dedicar lo que le quedaba de mísera y solitaria vida, juzgando y ocupándose de proteger a la raza.
            —¿Por qué a mí? —Preguntó con voz algo resentida.
            Ethan suspiró.
            —Sabían que reaccionarias así, por eso me pidieron que viniera a hablar contigo —Se encogió de hombros sin dejar de mirarlo —, no estoy de acuerdo con que te involucres de nuevo en ese mundillo, Alexander. Pertenecer a un consejo de vampiros ó participar en sus actos, es casi tan macabro y oscuro como el lado que muchos no ven de la iglesia católica, y otros que sí pero aun con todo y lo que saben continúan siguiéndola y adorándola[3] —Ethan pasó a dejar su espalda descansando en el espaldar del mueble —, pero creo que esta vez, deberíamos hacer algo.
            Alexander lo miró fijamente sin expresión.
            —¿Deberíamos, dices? Ó ¿Estás interesado en saber que hay detrás de todo esto? —Al ver la sonrisa que se le escapó a Ethan, Alex soltó un bufido y se acarició la frente —. Qué maldito cabrón eres, amigo.
           


[1] N.A: Referencia al primer libro de la saga: Oscura Inocencia.
[2] N.A: Mencionado en Oscura Inocencia. Seres de apariencia humana con capacidad de adquirir forma de lobo o viceversa. Existen tres clases con objetivos distintos: El clan Wulf, el clan Night y el clan Black.
[3] N.A: Ethan hace una referencia a las épocas oscuras de la Iglesia Católica, como ejemplo: las cruzadas ó algunos de los papas corruptos de la iglesia.
 

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Besos a Medianoche. Capítulo V. Parte I.



Capítulo V

            Alex se sentía por completo sin respiración. La noche la hacía aun más hermosa, y los cabellos de un tono más bien naranja, brillaban audazmente de una forma maravillosa. Repentinamente suspiró, sin parar de observarla directamente a los ojos azules, más intensos que el color del mar ó del cielo.
            Sonaba ridículo y hasta cursi… Pero cuanto deseaba poder perderse en ese par de ojos.
            Ella también lo miraba con la misma impresión, podía descifrarlo con la expresión que reflejaba su rostro ovalado y lleno.
            “…¿Cómo puede una mujer volverme loco de deseo con solo mirarme?”.
            Y que Odín lo ayudara. Sentía unas inmensas ganas de robársela de allí y llevarla hasta su mansión. Quería encerrarla, egoístamente, para que esa mirada tan madura, ágil y dulce, fuera solo suya.
            —¿Va a decirme? —Susurró ella en una débil pregunta —. Lo que es un beso a medianoche. ¿Es alguna especie de dulce?
            Una sonrisa de medio lado se escapó inconscientemente de sus labios.
            —Eres bastante inocente, ¿no es así? —Habló con voz calma, apreciando como las mejillas de Kirsten se coloreaban de rojo por debajo del antifaz de mariposa turquesa.
            “Está avergonzada, qué linda”.
            —¿Realmente quieres saber lo que es? —Preguntó Alex, manteniendo su sonrisa y alzando la mano para acariciarle con el pulgar la suave y delicada piel de la mejilla.
            Kirsten Shower solo asintió, pero la luz en sus ojos reflejaba que conocía más o menos a lo que Alex se refería.
            Apoyó una mano sobre la baranda de mármol blanco, un color más bien marfilado, y se inclinó suavemente hacía ella dejando su rostro a escasos milímetros del de ella.
            Era aun más hermosa a sus ojos, así de cerca. Sus ojos azul cielo brillaron y le regresaron la mirada, y esos tentadores labios coloreados de un tono cereza, estaban entreabiertos y expectantes.
            —…Pero… No es medianoche —Susurró Kirsten en un suspiro, antes de que Alex lograra tocar los labios de ella con los suyos.
            ¿Había sido una negativa? Alexander suspiró y se enderezó, en primer lugar ni siquiera había ido allí a verla a ella… Pero eso no implicaba que se esperara que a la hora de intentar algo, fuera tan fríamente rechazado.
            ¡Dos veces! Ella había rechazado su compañía un buen rato atrás, y ahora rechazaba un beso. Por favor, era solo un beso. Un beso y la dejaría por completo.
            …Ó probablemente lo enloquecería y no podría aguantar ni un minuto más estar sin ella. Alex había visto a muchos vampiros caer a los pies de sus compañeras, él se prometió no ser uno de ellos.
            ¿Entonces qué hacía allí?
            Sin decir nada, se giró y caminó en dirección contraria.

***

            Kirsten parpadeó. Parpadeó de nuevo.
            ¿Qué había sido eso? ¡En un momento pensó que Erik la besaría, y al siguiente resultaba que él huía como si ella fuera la peste! Ella no se había negado en ningún momento a ser besada, incluso solo había susurrado la réplica porque deseaba provocarlo un poco más.
            …Besar a un desconocido. Jamás se había sentido tan atrevida y loca…
            Y después de todo había sido una muy mala idea.
            Observó fijamente y sin moverse, como la espalda enfundada en capa negra del fantasma de la ópera se escurría entre las puertas que daban al balcón y se perdía siendo tragado por el tumulto de personas.
            En ese momento se sentía muy ofendida. Aparentemente tenía alguna especie de defecto que hacía que los hombres por los que se sentía mínimamente atraída —Hasta el punto de dejarse besar, desde luego—, salieran huyendo. Comenzando por Alexander Night —Quien la había dejado caer de forma muy poco cortés al suelo—, hasta el sicodélico Erik —que por cierto en un principio quería sacárselo de encima. Probablemente funcionó con efecto un poco tardío—.
            Se apoyó en el balcón y cerró los ojos sintiendo la brisa de la noche acariciarle el rostro con suavidad.
            No soportaba ni un instante más allí, quería irse a casa.
            —Solo una hora más, Kirsten. Solo una más —Susurró para sí misma, y pasó a moverse a la sombra, en donde se sentó en el suelo. Pasara lo que pasara, no pensaba regresar al interior de esa maldita fiesta.

***

            —¿Y bien? ¿Cómo te fue?
            Ver a Abigail alegremente sentada en uno de los muebles de la pequeña sala, solo hizo que los ánimos de Kirsten tocaran el suelo.
            —Son las dos de la madrugada, y estas aquí leyendo… —Clavó la vista en el libro y entrecerró los ojos —… El fantasma de la ópera de Gastón Leroux[1].
            Que irónico.
            —Si, bueno, no podía dormir —Dijo Abby mientras cerraba el grueso libro y lo dejaba sobre sus piernas.  Parpadeando con interés, Abigail solo la observó unos instantes mientras Kirsten se sacaba los tacones y los dejaba a un lado en la alfombra —. Te ves destruida.
            Kirsten arqueó ambas cejas y miró a Abby con expresión un poco cohibida. Si, estaba segura que el lápiz para ojos se había corrido debajo de su máscara con forma de mariposa, y su cabello se hizo un desastre después de haber salido al balcón —Del cual no se había movido hasta que el reloj dio la una y media de la madrugada —.
            —No ha sido mi mejor noche —Admitió empleando con cuidado sus palabras.
            Abigail la miró ahora más sorprendida que antes, y con interés casi palpable en la habitación.
            … Y aquí venía la pregunta.
            —¿Paso algo malo, Kirs?
            Kirsten sinceramente no sabía que responder. Se dejó caer en el mueble individual al frente del que Abby ocupaba y se llevó la mano a la frente, acariciándose de cuando en cuando.
            —Mamá no me dejó irme… De hecho dudo que me hubiese dejado a estas horas, por eso me fui de allí en cuanto se dio la oportunidad —Habló despacio mientras se masajeaba las sienes —. No te perdiste de nada, sigue todo como lo dejamos… Salvo por “Erik”, un hombre vestido del fantasma de la ópera anduvo tras de mí la mayor parte de la noche; pero en cierto momento se giró y se fue —No pensaba contarle nada del “Almost Kiss”[2] que estuvo a punto de experimentar, con un perfecto extraño.
            Ahora Abby sonreía jocosamente.
            —Oh, vamos, todas queremos un Erik en nuestra vida para que nos ame con locura —Mientras hablaba, Abby ladeó la cabeza —. No estuve muy conforme con el final del fantasma de la ópera; así que si tú no lo quieres, con gusto yo seré su Christine[3].
            Kirsten frunció mucho el ceño ante la idea de “su Erik”, robándose a Abigail por la ventana. La escena le hubiese causado mucha gracia, de no ser por ese pequeño detalle de que Erik la había mirado solo a ella esa noche, la había buscado a ella y por lo tanto, casi besado —Aunque admitamos que a la final salió huyendo de ella —… ¿Por qué se sintió un poco posesiva, en ese momento?.
            Carraspeando, se puso de pie.
            —Iré a darme un buen baño con agua caliente, lo necesito —Dijo en un profundo suspiro, mientras recogía los tacones del suelo y caminaba en dirección a las habitaciones.
            Seguramente volvió a dejar a Abby sorprendida de ser cortada bruscamente por primera vez en una de sus tantas conversaciones con Kirsten.


[1]  Escritor francés del siglo XX, autor de “El Fantasma de La Opera”.
[2] Término usado en inglés para referirse al momento antes de un beso. Traducción literal al español: “Almost” (Casi) y “Kiss” (Beso).
[3]  Protagonista de “el fantasma de la ópera”, centro del amor de Erik.