—¿Y bien? ¿Cómo te fue?
Alex gruñó al notar la cabellera rubia perteneciente a un
inquilino sentado de espaldas a él. Ese color tan platinado de rubio sólo podía
pertenecer a alguien a quien conocía bien, y la voz que siguió a los
pensamientos de Alex, comprobaron su teoría.
—Ethan —Dijo con un tono de voz más bien cansado, a lo
que Ethan pasó a observarlo por sobre el hombro arqueando ambas cejas.
Los ojos azul profundo lo miraban fijamente como
analizándolo.
—¿Tan mal te fue en tu visita
oportuna a tu compañera?
Alex entrecerró los ojos.
—No salí a verla a ella, fui a cazar ni más ni menos —Inquirió
con la voz algo ronca por tener que haberse inventado una excusa para
justificar su ausencia. La cual no era del todo mentira, puesto que, luego de
haber huido de la mansión de los Shower, se había ido a buscar una mujer de la
que pudiera alimentarse.
Sólo deseaba sacarse a Kirsten de la cabeza un rato, pero
sencillamente no podía.
Incluso mientras la sangre de una sensual mujer rubia,
llenaba su boca y el sabor se anidaba en su lengua, en lo único que podía
pensar era en Kirsten. Sus brillantes e inteligentes ojos azul cielo, y esos
labios rojos cómo una cereza, que le prometían el cielo si se atrevía a
besarlos.
Había casi matado a la pobre mujer por haberse ido de las
ramas. Tuvo que buscar algún lugar seguro donde dejarla e implantarle el
recuerdo de haberse pasado de tragos esa noche.
Ethan permaneció en silencio unos momentos, mirándolo
fijamente a los ojos.
—…¿Y fuiste a cazar vestido del fantasma de la ópera? Muy
original amigo —Aunque Ethan quería parecer sin expresión, Alex no pudo evitar
escuchar una nota de burla y humor en su voz.
Alexander maldijo en su mente. Se había olvidado del
traje… ¡Inclusive tenía la máscara en una mano!
—Sí, ya sé que soy original, gracias.
Se quedó unos momentos en silencio, esperando a que Ethan
terminara de ahogar la risa.
—…bueno —El vampiro más joven comenzó a hablar luego de
que aparentemente cumpliera con su objetivo —. Y… ¿Lograste sentirte como
Vladimir Dracula esta noche, al fin y al cabo?
—¡Joder, Ethan! —Un poco irritado, Alex le arrojó la
máscara a su compañero quien comenzó a desternillarse de la risa sobre el
mueble.
Años atrás, jamás se hubiese esperado a que Ethan
Rumsfeld, con lo serio que se veía, fuera un verdadero hijo de puta que le
encantaba joder a la gente —en el más crudo y duro de los lenguajes—.
Desde que Blas se había ido con Francesca, había estado
bastante distanciado y algo sólo en cuanto a términos de compañía masculina. No
habría pensado que su mejor amigo desaparecería de su vida de una forma tan
apresurada… Pero al menos Blas era muy feliz en su pequeño nido de amor.[1]
Más sin embargo, eso no borraba el hecho de que Alex, de
un momento a otro, se hubiese encontrado con que no tenía de nada ni nadie que
sostenerse, hasta el punto de que había barajado la idea de hacer suya a
Kirsten. Pero entonces, Ethan apareció como caído del cielo y terminaron en
Sidney.
Ahora de nuevo en Nueva York, se sentía nuevamente
enloquecido ante la idea de que su compañera —A la que siempre había pensado
dejar ser feliz, puesto que ella merecía completa voluntad de elección y una
vida totalmente normal—, al ver a Ethan de nuevo se sentía de alguna forma, más
tranquilo.
Cómo si pudiera contar con que si fuera a saltar sobre
ella, Ethan estaría allí para detenerlo.
—Fui a verla —Admitió por fin en un suspiro cansado.
—Ya lo sabía —Ethan se encogió de hombros sin más —. De
hecho, me lo imaginé desde qué regresamos de Australia —Suspirando, Ethan se
puso de pie y caminó hasta él con ambas manos dentro de los bolsillos de su
chamarra —; pero no es por eso por lo qué he venido.
Alexander caminó hasta su exhibidor de vinos y dejó la
máscara del fantasma de la ópera sobre la fina madera de roble, mientras que
tomaba una de las botellas de la cosecha francesa de mil novecientos. La
expresión de Ethan, que repentinamente se había tornado sumamente seria,
reflejaba que lo que estaba por venir no era algo precisamente bueno.
Se movió despacio y en silencio para sentarse en uno de
los banquillos de la sala con estilo victoriano en tonos azules y otros colores
pasteles.
—Soy todo oídos.
Ethan se trasladó hasta la ventana al frente de él.
Probablemente su mayordomo había corrido las cortinas antes de que él llegara y
ahora la luna iluminaba la habitación en todo su esplendor.
—Han muerto tres magnates —Mirándolo sobre el hombro,
Ethan arqueó una ceja —. Una de inversiones, otra de exportaciones y otra de envíos
por correo. Las tres tienen algo en común: sus presidentes y creadores eran
vampiros en edades comprendidas de quinientos a mil años de antigüedad; y las
tres estaban a un paso de entrar al mercado internacional.
Alexander enarcó ambas cejas.
—¿Vampiros y dueños de empresas? Interesante —Tomando en
cuenta que tanto Ethan como Blasius y él mismo, eran dueños de empresas
multinacionales. Asquerosamente ricos y con mucho tiempo por delante para
continuar llevando sus negocios a viento en popa.
Ethan caminó y se sentó en el mueble frente al suyo.
—Murieron por las mismas causas… —Admitió con una mueca
en los labios —. El consejo de vampiros quiere que hables con algunos de los
líderes de clanes de los lobos[2].
Creen que las muertes fueron causa de algún lobo demente y sin escrúpulos, pero
no tenemos muchas huellas como para acusar a alguno en particular.
Alex se puso repentinamente de pie. El consejo de
vampiros estaba integrado por los más viejos de todos ellos, hacía ya algunos
años que Alex había dado la petición de salida. No quería dedicar lo que le
quedaba de mísera y solitaria vida, juzgando y ocupándose de proteger a la
raza.
—¿Por qué a mí? —Preguntó con voz algo resentida.
Ethan suspiró.
—Sabían que reaccionarias así, por eso me pidieron que
viniera a hablar contigo —Se encogió de hombros sin dejar de mirarlo —, no
estoy de acuerdo con que te involucres de nuevo en ese mundillo, Alexander.
Pertenecer a un consejo de vampiros ó participar en sus actos, es casi tan
macabro y oscuro como el lado que muchos no ven de la iglesia católica, y otros
que sí pero aun con todo y lo que saben continúan siguiéndola y adorándola[3] —Ethan
pasó a dejar su espalda descansando en el espaldar del mueble —, pero creo que
esta vez, deberíamos hacer algo.
Alexander lo miró fijamente sin expresión.
—¿Deberíamos, dices? Ó ¿Estás interesado en saber que hay
detrás de todo esto? —Al ver la sonrisa que se le escapó a Ethan, Alex soltó un
bufido y se acarició la frente —. Qué maldito cabrón eres, amigo.
[2] N.A: Mencionado en
Oscura Inocencia. Seres de apariencia humana con capacidad de adquirir forma de
lobo o viceversa. Existen tres clases con objetivos distintos: El clan Wulf, el
clan Night y el clan Black.
[3] N.A: Ethan hace una
referencia a las épocas oscuras de la Iglesia Católica, como ejemplo: las
cruzadas ó algunos de los papas corruptos de la iglesia.




