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Nada por ahora
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Besos a Medianoche. Capítulo IX. Parte I.



Capítulo IX


            —¡Señor Night! —La voz entusiasta de Abigail llenó el momento de silencio en que los dos hombres clavaron la vista en las dos mujeres que se acercaban a ellos. De alguna forma, Alexander Night parecía azorado y con los ojos muy abiertos, mientras que el individuo rubio, sensual y atractivo, mostraba una sonrisa amplia como si encontrara divertida la situación. Pues, Kirsten no le veía lo divertido —. ¿Se acuerda de mí? Soy Abigail Denton y ella es Kirsten Shower.
            Bajando la mirada repentinamente cohibida, Kirs no se sentía dispuesta a soportar el escrutinio de los ojos verdes e intensos de Alex, quien no había apartado en ningún momento la vista de ella.
            Había algo en esos ojos… Ya los había vislumbrado muchas veces cuando él estuvo en Nueva York hacia bastante tiempo; y aun así encontraba en ellos algo bastante diferente en la milésima de segundo en que pudo encararlo.
            ¿Por qué estaba tan nerviosa?.
            Finalmente, la mirada de Alex se desvió y clavó en Abby.
            —Por supuesto que me acuerdo —Dijo entre dientes. No parecía precisamente encantado por la repentina visita de ambas a la mesa de ellos —. Hacía mucho tiempo que no las veía, Señorita Denton... Señorita Shower —Por un momento creyó oír el tono de voz de él profundizarse intensamente cuando pronunció su nombre.
            Abby parpadeó.
            —Sí, desde un poco antes que se fuera si no me equivoco —Kirs alzó la mirada para descubrir a Abigail mirar y analizar con fijeza a Alexander Night —. No ha cambiado en absolutamente nada desde la última vez que lo vi, Señor Night.
            Enseguida, Kirs imitó el gesto y también clavó la mirada en el rostro de él.
            En efecto, seguía siendo igual de hermoso e imponente como lo recordaba, y sus rasgos marcados y aristocráticos estaban intactos. La mandíbula firme y pronunciada; ojos profundos y rasgados; los labios llenos y sensuales que llamaban su atención desde tiempos inmemorables, en que soñaba con poder sentirlos aplastar los suyos… La boca de ese hombre era un pecado.
            Sintiendo una sed repentina, subió un poco la mirada para encontrarse de nuevo con los ojos de él mirándola fijamente. Una de las comisuras de los labios de Alex se arqueó en un asomo de sonrisa, como si supiera perfectamente en lo que Kirsten pensaba en esos momentos.
            La respiración se le cortó.
            Repentinamente se oyó un carraspeo proveniente de la mesa; intentando alejar sus “impuros” pensamientos respecto a Alexander Night, Kirstn luchó por arrastrar los ojos hacía el individuo desconocido sentado frente a su verdugo.
            —¿No nos presentas, Alex? —Definitivamente era tan atractivo como Alex, de ojos grises casi plata y el cabello rubio cenizo desordenado. Tenía un pequeño arete en la oreja izquierda, y la barba incipiente le rodeaba con sensualidad la mandíbula.
            Ante esa simple pregunta, Alexander desvió la mirada unos momentos y suspirando se giró hacia él.
            —Ethan, ellas son Abigail Denton y Kirsten Shower —Dijo mirándolo fijamente con algo de… Advertencia ¿Tal vez?.
            El hombre llamado Ethan lo ignoró visiblemente y les dedicó una sonrisa.
            —Es un verdadero placer, señoritas —Uhm. Un mujeriego. Exactamente de la misma calaña de lo que sabía sobre Alexander.
            Abby rió tontamente ante la mirada de Ethan, a lo que Kirsten la codeó ligeramente como una advertencia.
            —Y bien, ¿Por qué no se sientan con nosotros? —Sugirió Ethan.
            —¡No!
            La exclamación que vino al unísono dejo a Ethan y Abby desconcertados.
            Ambos miraron de Alex a Kirs con los ojos bien abiertos y arqueando ambas cejas con interés. Kirsten quería morirse al haberse oído tan desesperada y también porque aparentemente Alexander Night las quería bien lejos de allí.

***

            Por una razón no identificada, a Alex le molestó infinitamente la negativa de Kirsten a sentarse con ellos. Cosa que no tenía mucho sentido, ya que él había esperado que por alguna especie de milagro, Ethan no fuera tan maldito como para invitarlas a quedarse… Y como había ocurrido todo lo contrario se negó involuntariamente.
            Y he allí el problema: le molestó que ella también pensara lo mismo que él.
            —Quiero decir… —Habló rápidamente Alex, intentando enmendar su “No” anterior —. Por favor, siéntense.
            Sin darles el más diminuto chance a excusarse, Alex se levantó y apartó la silla de la mesa para su compañera. Ella pareció infinitamente contrariada, cosa que le encantó… Pero dada a su buena educación y a lo que suponía Alex, Kirsten no pudo negarse al verle sacar la silla y se sentó silenciosamente.
            Ethan imitó el gesto de él y le apartó la silla a Abigail Denton para que tomara asiento, seguidamente ambos se sentaron en sus respectivos lugares.
            —…Pero ya hemos ordenado en aquella mesa —Habló por primera vez la encantadora pelirroja, sin siquiera mirar a ninguno de los presentes.
            —Por eso no tienen que preocuparse —Ethan alzó la mano y llamó a uno de los mesoneros con una ligera seña —. Él se ocupará de hacerles saber que se han cambiado de mesa.
            Parecía que su compañera no tenía forma de escapar.
            Luego de que Ethan le diera las indicaciones al desgarbado muchacho que atendía a las mesas, entre los cuatro se instaló un penumbroso silencio.
            Él por su parte no se sentía nada incomodo, sólo observaba fijamente a Kirsten sin poder contenerse. No podía apartar la vista de ella.
            Estaba tan bonita con solo un ligero brillo de labios y un poco de rubor; era de ese tipo de chicas tan naturales a las que Alex no había estado acostumbrado en toda su vida. Años atrás, solía andar con mujeres despampanantes y cargadas de maquillaje; altas, delgadas, con una buena delantera y una excelente trasera. Le gustaban las mujeres mundanas, de esas que solo les importaban vivir la vida y disfrutarla.
            Jamás imaginó que su compañera sería todo lo contrarío a eso, y aun así… la deseaba más que a ninguna otra mujer que hubiera visto ó conocido antes.
            —¿Qué edad tienen, señoritas? —Preguntó inevitablemente para romper el silencio… Si calculaba bien la edad que tenía Kirsten la última vez que la vio, y el tiempo que estuvieron sin verse, entonces ellas debían estar entre los  veintidós ó veintitrés años.
            —Yo acabo de cumplir los veintidós y Kirsten tiene veintitrés —Dijo Abigail en respuesta. Justo en el blanco.
            Kirsten solo mantenía la vista gacha sin pronunciar palabra.
            ¿Por qué no quería saber nada de él? De alguna forma lo irritaba de sobre manera su comportamiento tan aislado.
            La conversación prosiguió sin mucho avance, prácticamente las dos voces que se oían en la mesa eran la de Ethan y Abigail. Alex se centró en examinar su vaso de whisky, mientras que Kirs contaba las motas sobre la mantelería blanca de la mesa.
            No pasaron muchos minutos más antes de que ella se pusiera de pie.
            —Iré al baño, enseguida regreso —Susurró y torpemente comenzó a caminar en dirección al baño de damas. Alex no pudo apartar la mirada de ella en ningún momento hasta que la perdió por completo de vista; seguidamente se puso de pie.
            Ethan lo miró arqueando ambas cejas.
            —¿A dónde vas? —Preguntó al verlo comenzar a caminar.
            —¿No es obvio? Al baño. 



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NOTAS DE AUTORA:
Primero que nada, quiero agradecer a todas las chicas que me siguen en cada capítulo y que se toman la simple molestia de dejar un comentario; no saben lo mucho que me anima cada vez que leo lo enganchadas que estan a la historia.

El Segundo tema a tocar es que quería darles la sorpresa de publicar este capítulo el martes, pero lamentablemente he estado un poco complicada esta semana, y para colmo a mi cuerpo se le ocurrió enfermarse por estos días.

Y lo Tercero, es que la proxima parte la dividiré en dos para no hacerlas esperar tanto tiempo, así que para el lunes tendrán la continuación si logro acabarla a tiempo.

Besos y Abrazos, de nuevo muchas gracias por todos sus animos y buenos deseos.

No sería lo que soy sin todo el apoyo que me dan.

Anto.
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Besos a Medianoche. Capítulo VIII. Parte II.



—¡¿Qué?! —Fue como un balde de agua helada.
            Un repentino impulso de esconderse bajo la mesa lo invadió, haciendo que Ethan achicara los ojos mirándolo fijamente.
            —Es increíble, nunca creí que los vampiros pudiéramos empalidecer —Dijo mientras apoyaba la mandíbula en una de sus manos. El tono de voz de Ethan sonaba más bien burlesco, y de alguna forma solo hizo que comenzara a sudar frío en un parpadeo.
            Esto tenía que ser una burla de las nornas[1]. De todos los restaurantes en Manhattan, ¿A su compañera se le ocurría ir a comer precisamente en ese? ¡¿En ESE?!
            —Me voy —Dejó de golpe el vaso con whisky sobre la mesa y se fue a poner nerviosamente de pie.
            —¡Hey! No, no, no —Ethan estiró la mano y lo tomó por las mangas de la camisa antes de que pudiera lograr su cometido —. Tú no eres un cobarde, Alex, además ¿Cuál es la posibilidad de que ella y su encantadora amiga rubia te reconozcan?

***

            Bastante altas, aparentemente.
            La “encantadora amiga rubia” de Kirsten, resultó ser la hija de un viejo conocido. La había identificado en el momento exacto en que la joven había arrastrado a Kirsten Shower hacia una mesa que quedaba justo en línea recta al lado de la de ellos. Afortunadamente se encontraban al otro lado de la habitación, pero… Desde el instante en que la muchacha —Si no le fallaba la memoria, el nombre de la misma era Abigail—, había mirado alrededor y de casualidades de la vida se había fijado en él, no paró de mirarlo discretamente en un buen rato.
            Era muy obvio que ella lo había identificado, no habría otra razón para que no dejara de mirarlo tan fijamente.
            Y él que solo había querido pasar desapercibido en la ciudad.
            —La joven rubia no para de mirarte, ¿la conoces? —Susurró Ethan sin dejar de mirarlo a él mismo y arqueando una ceja con interés.
            Alex se llevó la mano a la frente y comenzó a masajearse las sienes con cuidado. Repentinamente sentía un dolor agudo en esa parte de la cabeza.
            —Creo que es la hija de un hombre con el que hice negocios hace años.
            —Entonces, la conoces —Ethan lo miró ahora repentinamente divertido —. Estás jodido, amigo.
            Alex no entendió muy bien a qué se refería Ethan, hasta que Abigail Denton se puso de pie y comenzó a caminar hacía ellos con Kirsten siguiéndola con expresión consternada.

***

            —¿A dónde miras tanto, Abby?
            Llevaban cerca de quince minutos sentadas en la mesa. Ya uno de los meseros —El que siempre las atendía cuando iban a ese restaurante—, les había tomado las ordenes y llenado las copas con agua fresca, mientras se ocupaban de las bebidas.
            Adoraba ese sitio, no sólo la comida era digna de probar para cualquier visitante de afuera de Manhattan, si no que el ambiente era tranquilo, fino y casual a la vez. La decoración en colores crema y las mesas de madera de roble pulida, lo hacían quedar como un local divinamente hogareño.
            Había cuadros rodeando las paredes con paisajes de Venecia y Roma, y delicadas macetas siempre rellenas con flores importadas.
            Su amiga, que no había dejado de mirar a un lado con interés, por fin se centró en ella y se llevó la copa de agua a los labios para dar un buen sorbo.
            —No me lo vas a creer —Dijo con los ojos bien abiertos y expresión de que ni ella misma se lo creía —, pero en línea recta de nosotras, está sentado el Señor Night.
            —¿Quién? —Kirsten abrió los ojos de par en par ante la mención del apellido, y su corazón dio un sufrido y repentino vuelco.
            —Alexander Night —Abby entrecerró los ojos y miró de reojo a un lado —. ¿Te acuerdas de él? Estábamos nosotras aun en el cortejo, cuando él se fue de la ciudad. Era un hombre guapísimo y joven, pero muy rico.
            —Sí, sí… Lo recuerdo —Susurró desviando la vista sin poder creérselo.
            No se atrevía a mirar hacía donde miraba Abby. ¿No estaría en un error? Pero por sobre todo… ¿Por qué razón la emocionaba tanto?.
            Se le iba a salir el corazón, y ni siquiera lo había comprobado con sus propios ojos. Se había convencido hacía mucho que lo mejor era olvidarse de Alexander Night, expulsarlo de su mente y relegarlo a un plano alejado de la misma… Por eso había comenzado a salir con otros hombres después que él se fue y mató todas sus esperanzas con una sola bala.
            Inconscientemente se llevó una mano al pecho como si de esa forma pudiera controlar a su desbocado corazón, tan emocionado por la simple idea de volver a verlo.
            —¿Por qué no nos acercamos a hablarle?
            Kirsten saltó en su propia silla al oír la sugerencia de Abby.
            —¡¿Q-qué?! ¿Pero te has vuelto loca? —Exclamó mirándola y sintiéndose repentinamente helada.
            Abby la miró de regreso y parpadeó sin comprender su reacción.
            —¿Por qué no? Lo conocemos, además es de mala educación no saludar a las personas que conoces —Abby regresó a observar unos momentos sobre su hombro y se le escapó una amplia sonrisa —. Además hay otro atractivo hombre sentado en la mesa con él.
            —Pensé que te gustaba el cocinero del restaurante —Susurró Kirs entrecerrando los ojos.
            Abby agitó las manos y rió cubriéndose los labios.
            —Ah, no. Sabes que yo lo digo en broma… No me atrae realmente la idea de una relación con nadie, pero me conviene estar en contacto con hombres sensuales si voy a escribir novelas románticas —Sin borrar ni un solo ápice de su sonrisa, Abigail le guiñó el ojo —. Oh, vamos, Kirs. Sólo será un saludito y ya, nos regresamos.
             —¿Pero y si nos invitan a sentarnos? —Eso era lo que no quería. Definitivamente si estaba cerca de él, su cabeza y su corazón se volverían nada y no sabría que hacer o reaccionar. Se sentiría como una completa tonta… Y no deseaba dejarle esa impresión al único hombre al que realmente había amado en su vida.
            Abby arqueó ambas cejas pensativas.
            —¿Lo crees de verdad? Siempre me ha parecido que el Señor Night era un hombre reservado, por sobre su conducta de mujeriego empedernido —Llevándose una mano al cabello, Abby deslizó uno de sus mechones tintados de rubio tras la oreja antes de tomar un poco de agua para aclararse la garganta —. La probabilidad de que nos invite a sentarnos con él es bastante remota, aún si es por cortesía.
            Y si las invitaba, entonces no podrían hacer otra cosa que aceptar.
            Kirs se llevó uno de sus dedos a los labios y mordió la punta con suavidad, mientras pensaba.
            —Entonces, vamos —Sin esperar respuesta y sorprendiéndola, Abby se levantó después de decir eso animadamente. Kirsten enseguida se puso de pie intentando detenerla, pero ya Abigail había avanzado demasiado para lograrlo.
            Sin darse cuenta comenzó a seguirla, hacía la mesa donde un perfil tan conocido para ella aguardaba con un vaso de whisky en la mano.
            “Oh dios mío bendito, de verdad es él….”.


[1]  Las Nornas son las tres diosas del destino de la mitología nórdica: Urd, Verdandi y Skull.
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Besos a Medianoche. Capítulo VIII. Parte I-B.



***

            —Entonces… En otras palabras más simples no has logrado obtener nada de nada.
            Alex arqueó ambas cejas ante la forma tan directa de Ethan de decir las cosas. Habían quedado de encontrarse en un pequeño restaurante hogareño que quedaba al sur de Manhattan; pero con total sinceridad, en lo único que pensaba Alexander Night en ese momento, era en su deliciosa y caliente cama.
            Ya estaba hasta la coronilla de ser enviado de un lugar a otro sin aparentes resultados.
            —No, no es que no haya obtenido nada de nada —Alex entrecerró los ojos y apoyó el codo sobre el borde de la mesa de madera oscura, y seguidamente dejó descansar la barbilla sobre la palma de esa misma mano —. Ya te lo dije…
            —…Que hay dos lobos desaparecidos, sí —Intervino Ethan a la vez que se recostaba del espaldar de la cómoda silla de cuero —. ¿Pero que ganamos con eso? Además, estamos hablando del clan Black, Alex.
            Sí… Habían demasiados huecos que rellenar.
            —¿Qué ganarían el clan Black matando vampiros al paso? —Y todos del campo empresarial. Algo no concordaba en todo ese asunto.
            Era una pregunta para sí mismo, pero aun así Ethan se encogió de hombros en respuesta.
            —Somos razas distintas, aparentemente y después de todo ya no podemos confiar ciegamente en los lobos a menos que queramos una puñalada en la espalda —Al oír las palabras de su compañero, Alex se llevó el vaso que contenía hielo y whisky  bastante añejado a los labios para darle un enorme sorbo. Ethan lo miró arqueando ambas cejas con interés —. ¿Es divertido beber alcohol aunque  no puedas emborracharte ni saborearlo realmente?
            Una lenta sonrisa se escapó de los labios de Alexander.
            —Bastante. Algún día deberías intentarlo.
            Como si eso realmente fuera a suceder. Ethan siempre había sentido inclinación por el poder y la fuerza, más que por recuperar un poco de su parte humana; después de todo era un vampiro bastante joven en comparación a él mismo.
            Alex intentaba comprender un poco la forma de pensar de Ethan, pero definitivamente era complicado.
            Él, aun siendo vampiro deseaba muchas veces con tantas fuerzas regresar a ser un simple humano  que llegaba a doler. Siempre había sido así… Desde que lo habían convertido, nunca sintió deseos de sentirse lleno de poder.
            La avaricia nunca fue su amiga, pero la melancolía siempre estuvo con él desde tiempos memorables.
            —Iré a ver a este supuesto guardián que mencionó Hal —Dijo Alex retomando el tema y regresando el vaso a su lugar anterior sobre la mesa.
            —¿Iras? ¿Y qué tal si es un engaño? —Con repentino interés, Ethan se inclinó hacia adelante sobre la mesa —. Podría ser una trampa para acabar contigo.
            —Tomaré el riesgo —Declaró llevando una de sus manos sobre los cabellos y echándolos con cuidado hacia atrás, en un gesto de cansancio. El vampiro rubio de un momento a otro había dejado de mirarlo y clavaba la vista con descaro sobre su hombro, con los ojos muy bien abiertos. Conteniendo el impulso de mirar, Alex entrecerró los ojos —. ¿Qué?
            Aun sin alzar la vista del punto que había cautivado el interés de Ethan, se inclinó aun más y susurró algo que lo dejó pasmado.
            —No te alarmes, pero por la puerta acaba de entrar tu compañera.