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Nada por ahora
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Besos a Medianoche. Capítulo VIII. Parte II.



—¡¿Qué?! —Fue como un balde de agua helada.
            Un repentino impulso de esconderse bajo la mesa lo invadió, haciendo que Ethan achicara los ojos mirándolo fijamente.
            —Es increíble, nunca creí que los vampiros pudiéramos empalidecer —Dijo mientras apoyaba la mandíbula en una de sus manos. El tono de voz de Ethan sonaba más bien burlesco, y de alguna forma solo hizo que comenzara a sudar frío en un parpadeo.
            Esto tenía que ser una burla de las nornas[1]. De todos los restaurantes en Manhattan, ¿A su compañera se le ocurría ir a comer precisamente en ese? ¡¿En ESE?!
            —Me voy —Dejó de golpe el vaso con whisky sobre la mesa y se fue a poner nerviosamente de pie.
            —¡Hey! No, no, no —Ethan estiró la mano y lo tomó por las mangas de la camisa antes de que pudiera lograr su cometido —. Tú no eres un cobarde, Alex, además ¿Cuál es la posibilidad de que ella y su encantadora amiga rubia te reconozcan?

***

            Bastante altas, aparentemente.
            La “encantadora amiga rubia” de Kirsten, resultó ser la hija de un viejo conocido. La había identificado en el momento exacto en que la joven había arrastrado a Kirsten Shower hacia una mesa que quedaba justo en línea recta al lado de la de ellos. Afortunadamente se encontraban al otro lado de la habitación, pero… Desde el instante en que la muchacha —Si no le fallaba la memoria, el nombre de la misma era Abigail—, había mirado alrededor y de casualidades de la vida se había fijado en él, no paró de mirarlo discretamente en un buen rato.
            Era muy obvio que ella lo había identificado, no habría otra razón para que no dejara de mirarlo tan fijamente.
            Y él que solo había querido pasar desapercibido en la ciudad.
            —La joven rubia no para de mirarte, ¿la conoces? —Susurró Ethan sin dejar de mirarlo a él mismo y arqueando una ceja con interés.
            Alex se llevó la mano a la frente y comenzó a masajearse las sienes con cuidado. Repentinamente sentía un dolor agudo en esa parte de la cabeza.
            —Creo que es la hija de un hombre con el que hice negocios hace años.
            —Entonces, la conoces —Ethan lo miró ahora repentinamente divertido —. Estás jodido, amigo.
            Alex no entendió muy bien a qué se refería Ethan, hasta que Abigail Denton se puso de pie y comenzó a caminar hacía ellos con Kirsten siguiéndola con expresión consternada.

***

            —¿A dónde miras tanto, Abby?
            Llevaban cerca de quince minutos sentadas en la mesa. Ya uno de los meseros —El que siempre las atendía cuando iban a ese restaurante—, les había tomado las ordenes y llenado las copas con agua fresca, mientras se ocupaban de las bebidas.
            Adoraba ese sitio, no sólo la comida era digna de probar para cualquier visitante de afuera de Manhattan, si no que el ambiente era tranquilo, fino y casual a la vez. La decoración en colores crema y las mesas de madera de roble pulida, lo hacían quedar como un local divinamente hogareño.
            Había cuadros rodeando las paredes con paisajes de Venecia y Roma, y delicadas macetas siempre rellenas con flores importadas.
            Su amiga, que no había dejado de mirar a un lado con interés, por fin se centró en ella y se llevó la copa de agua a los labios para dar un buen sorbo.
            —No me lo vas a creer —Dijo con los ojos bien abiertos y expresión de que ni ella misma se lo creía —, pero en línea recta de nosotras, está sentado el Señor Night.
            —¿Quién? —Kirsten abrió los ojos de par en par ante la mención del apellido, y su corazón dio un sufrido y repentino vuelco.
            —Alexander Night —Abby entrecerró los ojos y miró de reojo a un lado —. ¿Te acuerdas de él? Estábamos nosotras aun en el cortejo, cuando él se fue de la ciudad. Era un hombre guapísimo y joven, pero muy rico.
            —Sí, sí… Lo recuerdo —Susurró desviando la vista sin poder creérselo.
            No se atrevía a mirar hacía donde miraba Abby. ¿No estaría en un error? Pero por sobre todo… ¿Por qué razón la emocionaba tanto?.
            Se le iba a salir el corazón, y ni siquiera lo había comprobado con sus propios ojos. Se había convencido hacía mucho que lo mejor era olvidarse de Alexander Night, expulsarlo de su mente y relegarlo a un plano alejado de la misma… Por eso había comenzado a salir con otros hombres después que él se fue y mató todas sus esperanzas con una sola bala.
            Inconscientemente se llevó una mano al pecho como si de esa forma pudiera controlar a su desbocado corazón, tan emocionado por la simple idea de volver a verlo.
            —¿Por qué no nos acercamos a hablarle?
            Kirsten saltó en su propia silla al oír la sugerencia de Abby.
            —¡¿Q-qué?! ¿Pero te has vuelto loca? —Exclamó mirándola y sintiéndose repentinamente helada.
            Abby la miró de regreso y parpadeó sin comprender su reacción.
            —¿Por qué no? Lo conocemos, además es de mala educación no saludar a las personas que conoces —Abby regresó a observar unos momentos sobre su hombro y se le escapó una amplia sonrisa —. Además hay otro atractivo hombre sentado en la mesa con él.
            —Pensé que te gustaba el cocinero del restaurante —Susurró Kirs entrecerrando los ojos.
            Abby agitó las manos y rió cubriéndose los labios.
            —Ah, no. Sabes que yo lo digo en broma… No me atrae realmente la idea de una relación con nadie, pero me conviene estar en contacto con hombres sensuales si voy a escribir novelas románticas —Sin borrar ni un solo ápice de su sonrisa, Abigail le guiñó el ojo —. Oh, vamos, Kirs. Sólo será un saludito y ya, nos regresamos.
             —¿Pero y si nos invitan a sentarnos? —Eso era lo que no quería. Definitivamente si estaba cerca de él, su cabeza y su corazón se volverían nada y no sabría que hacer o reaccionar. Se sentiría como una completa tonta… Y no deseaba dejarle esa impresión al único hombre al que realmente había amado en su vida.
            Abby arqueó ambas cejas pensativas.
            —¿Lo crees de verdad? Siempre me ha parecido que el Señor Night era un hombre reservado, por sobre su conducta de mujeriego empedernido —Llevándose una mano al cabello, Abby deslizó uno de sus mechones tintados de rubio tras la oreja antes de tomar un poco de agua para aclararse la garganta —. La probabilidad de que nos invite a sentarnos con él es bastante remota, aún si es por cortesía.
            Y si las invitaba, entonces no podrían hacer otra cosa que aceptar.
            Kirs se llevó uno de sus dedos a los labios y mordió la punta con suavidad, mientras pensaba.
            —Entonces, vamos —Sin esperar respuesta y sorprendiéndola, Abby se levantó después de decir eso animadamente. Kirsten enseguida se puso de pie intentando detenerla, pero ya Abigail había avanzado demasiado para lograrlo.
            Sin darse cuenta comenzó a seguirla, hacía la mesa donde un perfil tan conocido para ella aguardaba con un vaso de whisky en la mano.
            “Oh dios mío bendito, de verdad es él….”.


[1]  Las Nornas son las tres diosas del destino de la mitología nórdica: Urd, Verdandi y Skull.
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Besos a Medianoche. Capítulo VIII. Parte I-B.



***

            —Entonces… En otras palabras más simples no has logrado obtener nada de nada.
            Alex arqueó ambas cejas ante la forma tan directa de Ethan de decir las cosas. Habían quedado de encontrarse en un pequeño restaurante hogareño que quedaba al sur de Manhattan; pero con total sinceridad, en lo único que pensaba Alexander Night en ese momento, era en su deliciosa y caliente cama.
            Ya estaba hasta la coronilla de ser enviado de un lugar a otro sin aparentes resultados.
            —No, no es que no haya obtenido nada de nada —Alex entrecerró los ojos y apoyó el codo sobre el borde de la mesa de madera oscura, y seguidamente dejó descansar la barbilla sobre la palma de esa misma mano —. Ya te lo dije…
            —…Que hay dos lobos desaparecidos, sí —Intervino Ethan a la vez que se recostaba del espaldar de la cómoda silla de cuero —. ¿Pero que ganamos con eso? Además, estamos hablando del clan Black, Alex.
            Sí… Habían demasiados huecos que rellenar.
            —¿Qué ganarían el clan Black matando vampiros al paso? —Y todos del campo empresarial. Algo no concordaba en todo ese asunto.
            Era una pregunta para sí mismo, pero aun así Ethan se encogió de hombros en respuesta.
            —Somos razas distintas, aparentemente y después de todo ya no podemos confiar ciegamente en los lobos a menos que queramos una puñalada en la espalda —Al oír las palabras de su compañero, Alex se llevó el vaso que contenía hielo y whisky  bastante añejado a los labios para darle un enorme sorbo. Ethan lo miró arqueando ambas cejas con interés —. ¿Es divertido beber alcohol aunque  no puedas emborracharte ni saborearlo realmente?
            Una lenta sonrisa se escapó de los labios de Alexander.
            —Bastante. Algún día deberías intentarlo.
            Como si eso realmente fuera a suceder. Ethan siempre había sentido inclinación por el poder y la fuerza, más que por recuperar un poco de su parte humana; después de todo era un vampiro bastante joven en comparación a él mismo.
            Alex intentaba comprender un poco la forma de pensar de Ethan, pero definitivamente era complicado.
            Él, aun siendo vampiro deseaba muchas veces con tantas fuerzas regresar a ser un simple humano  que llegaba a doler. Siempre había sido así… Desde que lo habían convertido, nunca sintió deseos de sentirse lleno de poder.
            La avaricia nunca fue su amiga, pero la melancolía siempre estuvo con él desde tiempos memorables.
            —Iré a ver a este supuesto guardián que mencionó Hal —Dijo Alex retomando el tema y regresando el vaso a su lugar anterior sobre la mesa.
            —¿Iras? ¿Y qué tal si es un engaño? —Con repentino interés, Ethan se inclinó hacia adelante sobre la mesa —. Podría ser una trampa para acabar contigo.
            —Tomaré el riesgo —Declaró llevando una de sus manos sobre los cabellos y echándolos con cuidado hacia atrás, en un gesto de cansancio. El vampiro rubio de un momento a otro había dejado de mirarlo y clavaba la vista con descaro sobre su hombro, con los ojos muy bien abiertos. Conteniendo el impulso de mirar, Alex entrecerró los ojos —. ¿Qué?
            Aun sin alzar la vista del punto que había cautivado el interés de Ethan, se inclinó aun más y susurró algo que lo dejó pasmado.
            —No te alarmes, pero por la puerta acaba de entrar tu compañera.
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Besos a Medianoche. Capítulo VIII. Parte I-A.



Capítulo VIII

Al día siguiente, Kirsten se detuvo en casa de su tía en cuanto acabó con su jornada laboral y le llevó algunas galletas que compró en la tienda de camino, como un pequeño obsequio. Su tía debía sentirse muy sola.
Lamentablemente la prima de Kristen, Lizzie, llevaba años en el hospital sin la esperanza de poder salir pronto. La leucemia lentamente la desgastaba y afectaba tristemente a sus familiares más cercanos.
Kirsten se aseguró que tendría que ir a visitarla pronto, la vida de su prima no era nada fácil… habiendo sido relegada a no poder siquiera llevar la educación que cualquier adolescente tendría asistiendo con normalidad a una secundaria. Ella se preguntaba si Lizzie siquiera tenía la dicha de contar con amistades.
…El sólo pensarlo la hizo entristecer. Era algo poco probable.
Suspirando mientras caminaba de regreso a casa, se preguntaba si a Abby le apetecía ir a comer algo fuera, no sonaba tan mal la idea y a Kirsten le mataba el solo imaginarse cocinando a estas horas.
Además, quería olvidarse de ese “perro” que ahora era otra boca a la que alimentar.
Buscó el teléfono móvil en el bolso que colgaba a su hombro y luego marcó el número de Abby.
—Denton al habla —Al oír la voz de Abby al otro lado del teléfono la hizo soltar una sonora carcajada.
—¿Qué con esa forma de contestar al teléfono? ¡Pareces un militar! —Exclamó sin poder contenerse, en una entonación ligeramente burlesca.
Su compañera de piso y amiga suspiró profundamente.
—Ya sabía que eras tú, no te regocijes tanto ¿De acuerdo? —Su nuevo timbre de voz la hizo sonreír. De alguna forma Abby, era bastante resentida en algunos casos —. Estaba escribiendo, ¿ya regresas a casa?
Kirsten alzó la vista y la clavó con fijeza en el semáforo para peatones, se acababa de poner en rojo evitando que lograra llegar a la otra esquina rápido. Estaba haciendo tanto frío ese día que solo pensaba en llegar rápido a un lugar con calefacción.
El nombre de varios lugares donde la comida era bastante buena para el paladar —Y donde sabía que había muy buena calefacción—, llegaron a su mente.
—¿Qué te parece ir a comer afuera? —Preguntó con voz repentinamente animada, mientras que con su mano libre se ajustaba más la chaqueta de cuero color café.
—¡oh! —Abby soltó una exclamación animada —Suena bastante bien, ¿A dónde iremos?.
            —¿A Dino’s?  Queda cerca de casa, podríamos vernos allá de todas formas —Dino’s era un restaurante de comida italiana al que frecuentaban desde que se habían mudado juntas a ese departamento. Tenía un ambiente realmente acogedor y la comida era exquisita, además qué… No había que omitir lo guapo que era el chef y dueño del local.
            Oyó la risa traviesa de Abigail junto a su oído.
            —Eres una pilla…
            Kirs sintió el rostro arder por la acusación.
            —¡No es cierto! Me gusta la comida de allí y lo sabes… Además no está de más mirar a un hombre guapo de vez en cuando ¿Si?  —Susurró intentando defenderse de las ideas definitivamente equivocadas de Abby. Ella no estaba interesada en el respectivo cocinero de esa forma, además…
            Suspiró.
            No podía sacarse de la cabeza al misterioso hombre enmascarado de la fiesta de su hermano, y no sentía muchas ganas de admirar a otros hombres con los ojos.
            —Está bien, no te enrolles —Abby parecía repentinamente feliz ante la idea de salir y relajarse, dejando de lado las correcciones de su historia.
            —¿Nos vemos en Dino’s, entonces? Yo estoy a unos veinte minutos de allí… ¿llegarás a tiempo? —Preguntó.
            —¡Ja Ja! Entendido, señora. Nos vemos allí, y por supuesto que llegaré a tiempo —Abby cortó la llamada un par de segundos después.
            Acariciándose la nuca, Kirs guardó el móvil de nuevo en su bolso. Por fin podría darse el lujo de olvidarse de todo y dejar el estrés a un lado.
            Hacía tanto que necesitaba salir por gusto.