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Nada por ahora
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Besos a Medianoche. Capítulo XIII. Parte I.



            


 —¿Perdón?
            Kirsten estaba bastante azorada en ese momento. Parpadeó sin comprender y ladeó la cabeza aun manteniendo las distancias, y aunque el hombre le tendió la mano a modo de presentación, ella no encontró prudente aceptarla así como así.
            Él sonrió y al ver que ella no pretendía devolverle el saludo, lentamente retiró su mano y la regresó al interior de su abrigo.
            —No estés tan alerta, Señorita Shower, no pretendo hacerle nada —Dijo en medio de una ligera risa.
            —Disculpe, pero no lo conozco —Rápidamente miró sobre el hombro hacia la entrada de la escuela. Quizás era el hermano ó en dado caso el padre de alguno de sus alumnos —. ¿Tiene algún asunto con la escuela? Sí es así, ahora mismo estoy en mi descanso, pero dentro de la escuela hay varias profesoras que podrían ayudarlo.
            Él rió de nuevo y dio un amplio paso hacía ella. Extendiendo su mano, tomó un largo mechón de cabello pelirrojo de Kirsten y lo acarició con suavidad cómo si intentara descifrar y comprobar la textura; por su parte, ella quedó completamente estática.
            —Realmente, eres muy bonita aunque demasiado seria. Justo mi tipo.
            Ella frunció gravemente el ceño y estuvo a punto de apartarle la mano, cuando el brazo de otra persona se movió por sobre el hombro de Svante y le sujetó por la muñeca apartándolo bruscamente de ella.
            —¿Qué haces aquí?.
            Kirsten parpadeó sorprendida al ver a Alexander Night de pie frente a ella, sosteniendo aun la mano de Svante y mirándolo de forma disgustada y se atrevería a decir que de forma casi asesina. El hombre se veía imponente, incluso con esa aura oscura alrededor que indicaba perfectamente hasta que punto estaba enojado.
            —Lexie, Lexie —Svante sonreía lentamente mientras se zafaba del agarre y seguidamente rodeaba los hombros de Alexander con un brazo en son de amistad y camaradería. Kirsten pensaba que Alex, en lugar de relajarse, podría saltar en cualquier momento y dedicarse a estrangular al hombre pelinegro —. No te enojes, ella y yo solo estábamos charlando.
            —Te repito: ¿Qué diablos haces aquí? —Susurró con voz peligrosa y en un abrir y cerrar de ojos, se sacudió el peso de Svante de sobre él. Kirsten retrocedió un paso, de verdad que no se esperaba nada de lo que estaba pasando.
            Alex se movió frente a ella de forma protectora y posesiva; miraba fijamente al otro hombre, como si se tratara del mismo demonio qué venía a hacer alguna maldad a la tierra.
            Svante miró de Alex a Kirsten y luego sonrió muy lentamente.
            —Pensé que te encontraría aquí —Dijo encogiéndose de hombros.
            —¿No podías buscarme en mi casa o llamarme por teléfono?
            —Pensé que sería más interesante “toparme” contigo directamente, y ya ves… No me equivoqué.
            Ella notó como los ojos de Alex se oscurecían por la furia y como su mandíbula se apretaba visiblemente. Estaba segura que había muchas más razones tras el hecho de que Svante estuviera allí, como para hacer que Alexander se enojara de esa forma; razones que por supuesto desconocía, y no estaba segura de querer saberlas.
            —Búscame —Soltó Alexander después de unos instantes —. Estaré en mi casa hoy en la noche.
            Svante borró la sonrisa que acompañaba sus labios y deslizó lentamente la mirada hasta clavarla en Kirsten por completo.
            —¿Seguro? —Le hablaba a Alex, eso era obvio, pero por alguna razón Kirsten sintió un fuertes escalofrío recorrer toda su columna vertebral; era como una amenaza implícita en el ambiente.
            —Sí.
            Svante entonces regresó a sonreír.
            —Perfecto —Se acercó a Alexander y apoyó la mano en el hombro de él —. Esperaré con ansias tu llamada, Lexie.
            Ella vio como el hombre pelinegro se inclinaba un poco más de lo necesario, y susurraba algo al oído de Alex mientras la miraba a ella fijamente. Le palmeó con suavidad el hombro a Alex quien se había tensado visiblemente, y tan imprevisible como había aparecido, así mismo se esfumó entre las personas que caminaban por la acera frente a la escuela.

***

            No lo olvides.  Aunque no sea la misma persona, ella igual pensará que eres un monstruo”.
            Ese maldito bastardo, disfrutaba demasiado de desestabilizar emocionalmente a las personas. Era su mayor placer. Por eso, Alexander lo odiaba tanto. Podría ser el líder del consejo de vampiros, pero era un verdadero capullo la mayor parte del tiempo.
            No se había percatado que tenía las manos tan apretadas en puños que sus uñas se comenzaban a hundir con fuerza en la carne de las mismas. Tomando aire con fuerza, se obligó a sí mismo a respirar y a borrar las palabras de Svante de su cabeza. No tenía de que preocuparse, no se permitiría el cometer el mismo error dos veces.
            Se giró con cuidado y se encontró con los enormes ojos azules de Kirsten, que lo miraban con ligera preocupación e interrogación. Se sintió repentinamente calmado, como si hubiese entrado en una especie de trance con solo tenerla cerca.
            Sus cabellos pelirrojos estaban hechos un desastre y se salían de forma rebelde de la cola de caballo atada en lo alto de la cabeza; tenía manchas de pintura roja sobre el delantal y también en varias partes del rostro. Lo admitía, se veía demasiado hermosa a los ojos de él.
            —Lo lamento —Sonrió con suavidad —. ¿Él te dijo algo malo ó te hizo algo?
            Kirsten se apresuró a negar con la cabeza y a ladear con suavidad el rostro.
            —No, nada de eso —Susurró con suavidad —. No sabía que era un conocido suyo, Señor Night.
            Sí, de hecho sí… Pero un conocido con el que prefería estar bastante ajeno. Lamentablemente necesitaba hacerle unas preguntas que no podía aplazar por mucho tiempo.
            Le sonrió con suavidad a Kirsten y alzando su mano deslizó un mechón del cabello de ella tras su oreja.
            —Se puede decir que sí —Ladeó la cabeza mirándola con intensidad a los ojos —. ¿Podemos tomar un café? Quisiera estar contigo un poco.
            Ella arqueó ambas cejas, completamente sorprendida por la petición y posiblemente también por el gesto de él. Kirsten era demasiado hermosa y también agradable, parecía tan sincera y dulce… ¿Sí ella supiera la verdad, lo catalogaría como un monstruo? No quería ser odiado por ella. Se negaba a perderla.
            —De hecho, estaba a punto de ir a almorzar —Susurró mirándolo a los ojos —. ¿Quiere acompañarme?
            Alex sonrió ampliamente sintiéndose aceptado. Eso es, ella no podría pensar así… No debía dejarse contaminar por su pasado y mucho menos por las frías y calculadoras palabras de Svante, que solo deseaban asustarlo.
            —Estaré encantado, Señorita Kirsten —Seguidamente, le tendió el brazo y esperó a que ella, aunque un poco indispuesta, lo aceptara para comenzar a caminar.
            Se repetía mentalmente que si se decidía a entregarle el corazón a Kirsten, ella no lo apuñalaría por la espalda ni le haría daño. Pero aún así, el miedo lo acosaba por la espalda de manera voraz.

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N.A: Muchas gracias a todas por su apoyo y su comprensión. Cómo dije anteriormente, aquí está lo prometido.

Quiero aclarar qué, Svante, ya había sido mencionado varias veces con anterioridad. Es el líder del consejo de vampiros, también es constantemente llamado "Rey Vampiro". Es muyyyy viejo, el más viejo de todos, y aun así se ve como un muchacho de veintiún años. Hay un frío rumor que dice que él fue el primer vampiro en "nacer", y además también se comenta que sabe todo lo referente al origen de los vampiros.

Besos,
Anto.
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Besos a Medianoche. Capítulo XII. Parte II.



—No me jodas.
            Después de declarar esas palabras con un tono de voz atónito y desconcertado, le dio una última mirada al guardián de los lobos y girándose sobre si mismo se dedicó a buscar la salida.
            “Si fueran vampiros, el consejo lo sabría y no me enviarían por allí a hacer el tonto”.
            Se detuvo abruptamente pensativo antes de conseguir alcanzar la puerta.
            ¿Pero, y qué si no lo sabían?.
            Rápidamente, rebuscó en el bolsillo de su chaqueta hasta que dio con su teléfono móvil; mientras estiraba la mano y abría la perilla de la puerta, marcó rápidamente un número en la pantalla táctil y se lo llevó a la oreja.
            Después de un par de veces que timbró el teléfono indicando el inicio de la llamada, Alex se encontró con la voz un poco disgustada de Ethan.
            —Estaba jugando Plants Vs. Zombies[1], espero que sea algo importante para que me hayas interrumpido en el último nivel.
            Alex hizo rodar los ojos y se acarició la frente con suavidad.
            —Eres un hombre adulto de cien años, ¿Y tu pasatiempo es jugar a un juego para niños? —Preguntó mientras avanzaba por el camino que daba al final del territorio de los lobos.
            —Se me ha dañado el PS3[2], así que por ahora no puedo jugar a CoD ni a Uncharted[3]; y eso que ya había pasado la mayor parte de las misiones —Susurró Ethan con voz sentida; Alex simplemente no se creía que en años atrás el mismo vampiro había sido un caradura y difícil de tratar, más ahora, Alex era quien andaba tras él como si fuera el único cuerdo e inteligente de los dos.
            —Déjalo —Estuvo a un paso de colgar cuando se lo pensó un poco mejor —. ¿Tienes el número telefónico de Svante? Me urge hablar con él.
            —¡Oh! —El tono de voz con el que Ethan soltó esa pequeña exclamación se oyó cargado de interés y curiosidad —. ¿Sucedió algo malo en casa de los lobos?
            —No te cuento, vete a jugar tu Plants Vs. Zombies.
            Ethan soltó una carcajada del otro lado de la línea lo cual hizo acentuar el ceño fruncido de Alexander.
            —Lamento que mis juegos te hagan sentir celoso, Lexie —La voz socarrona de Ethan lo hizo apretar los labios. Como odiaba cuando el vampiro encontraba motivos para burlarse de él; muchas veces lograba torcer el sentido de las cosas que él decía. Antes de que Alex pudiera responder, Ethan agregó: —. Te enviaré el número por correo, así que relájate.
            Y colgó.
            Alex sintió una ceja temblar.
            Ethan cada día se torcía más que el día anterior y se volvía más y más raro. Soltando un profundo y cansado suspiro, Alexander Night terminó por salir del territorio del guardián de los lobos del norte.

***

            Esa noche, Kirsten no pudo pegar el ojo en ningún momento; más de una vez se había despertado y se había levantado a checar la ventana como esperando ver a Alexander Night colgado de la misma. La había cerrado de a postas en la mañana, con intención de qué si él realmente se iba a aparecer por allí, entonces tendría que hacer algún ruido que pudiera alertarla y despertarla; pero a pesar de haber pasado la noche en vela, Alexander Night no había hecho acto de presencia como había prometido.
            “Espera… Pero igual él no especifico cuando iba a venir…”. Si, posiblemente era eso. QUERÍA pensar que era eso antes de regresar a la idea inicial de que se había vuelto completamente loca.
            —¡Uy! —Abby se llevó una mano a los labios al verla aparecer por el arco que daba la cocina, aparentemente estaba haciendo el desayuno. Kirsten miró de soslayo a la estufa, rogando por que los huevos estrellados de Abigail no se fueran a quemar como era habitual en todo lo que cocinaba —. Te ves horrible.
            —Gracias —Masculló Kirsten y pasó a sentarse en una de las sillas del juego de comedor.
            Abigail fue hasta uno de los gabinetes y tomando una taza se aproximó a la cafetera encendida a un lado de la estufa. Llenó la taza hasta el tope con café caliente y recién hecho, finalmente se lo llevó a Kirsten junto con dos sobres pequeños de endulzante artificial.
            Kirsten le sonrió agradecida mientras recibía la taza; le agregó solo un sobrecito de endulzante y pasó a beber el café en silencio mientras se frotaba los ojos.
            —Estoy demasiado cansada —Susurró más para sí misma que para Abigail, aun así Abby la miró por sobre el hombro un poco preocupada.
            —¿No dormiste bien anoche? Es raro en ti, siempre has tenido facilidad para dormir y eres muy dura de despertar.
            —¿Qué la dura de despertar no eres tú? Duermes igual que un muerto, Abby —Rió Kirsten a lo que la muchacha frente a ella hizo un enorme puchero disgustado. Abigail se giró dándole la espalda y no le volvió a dirigir la palabra mientras terminaba el desayuno.
            Aun era algo temprano, así que Kirsten pudo permitirse la idea de tomarse su tiempo para alistarse. Cubrió sus enormes ojeras con corrector y luego lo disimuló muy bien con polvo facial; el rubor y algo de color en los labios lograban que su palidez pasara por alto.
            No tenía muchas ganas de vestirse y arreglarse al extremo, así que terminó escogiendo una sencilla blusa rosa con lunares blancos, un jean y zapatos bajos y cómodos que le permitirían moverse con facilidad mientras estuviera en el colegio. Seguro los pequeños diablillos de los que le tocaba hacerse cargo, la harían corretear de aquí para allá. Cuando Kirsten le contaba a Abby sobre su día a día como profesora en prácticas para educación elemental y primaria, Abigail se horrorizaba y constantemente preguntaba cómo podía Kirs mantenerse firme ante la decisión de graduarse de una carrera que la estaba acabando —Y eso que aun no había comenzado del todo—. A pesar de todo, Kirsten seguía adorando a los niños.
            Asegurándose de que llevaba todo el material que había planeado el día anterior dentro de su bolso, terminó haciéndose una cola de caballo en lo alto de la coronilla y felizmente salió del departamento. No había necesidad de apresurarse puesto que había salido con casi media hora de anterioridad; siempre había sido puntual a la hora de llegada y eso era lo primordial para un estudiante universitario en prácticas: demostrar puntualidad, responsabilidad y profesionalidad.
            A la final, no se sorprendió que el día corriera sin ningún contratiempo como todos los anteriores. No sabía si había estado esperando algo en particular que fuera un cambio radical a la monotonía… Bueno, obviamente tendía a esperar que algo pasara, porque después de lo de la fiesta de su hermano mayor sucedían unas cosas tras otras, por supuesto muy fuera de lo común.

***

            Eran las tres de la tarde y ya estaba increíblemente cansada. Igualmente no se había tomado el privilegio de dormir las ocho horas a las que estaba rígidamente acostumbrada.
            Kirsten suspiró aliviada al oír el sonido de la campana que indicaba el receso de los niños y la hermosa y brillante hora que tenía para ir y almorzar. Saludó a la profesora de turno que entró por la puerta con una sonrisa y se dedicó a buscar su bolso, la mujer la cubriría el tiempo suficiente como para permitirle tomar algo para almorzar en la cafetería del frente.
            Realmente le importó muy poco salir con el delantal manchado de pintura que había usado para cuidar su vestimenta en la clase de arte. Digamos que ellos jamás estaban tranquilos cuando usaban pinturas, y eso generaba grandes manchas en las blusas y pantalones de Kirsten; después de comprender eso durante las primeras clases —Y de notar que las demás profesoras llevaban un delantal—, optó firmemente por comprarse su propia protección.
            Una de las señoras encargada de la limpieza abrió la puerta de entrada del colegio para ella mientras le dedicaba una sonrisa amable. Kirsten le sonrió en regreso haciendo un suave asentimiento de cabeza luego se dedicó a caminar sin más.
            —Disculpa.
            Una voz masculina a sus espaldas la hizo sobresaltarse.
            Miró por sobre su hombre y se encontró con los profundos ojos azules de un hombre alto y atractivo. No tendría mucho más de veintiún años, y aun así los rasgos masculinos eran perfectos y exactos, dejándolo con una belleza oscura y madura a pesar de verse bastante joven.
            Su cuerpo perfectamente esculpido estaba cubierto por una débil camisa blanca y unos pantalones negros de una tela bastante fina en apariencia. Los cabellos negro ébano,  eran cortos y lacios haciendo un increíble contraste con al color de los ojos azules que primeramente había captado.
            Él sonrió de medio lado, como si apreciara las atenciones que ella hacía a la belleza oscura de él.
            —¿S-Si? —Preguntó ella regresando a la realidad.
            —Tu eres… Kirsten Shower, ¿No? —El hombre se acercó a ella caminando despacio y hundiendo ambas manos en lo profundo de los bolsillos de sus pantalones.
            Kirsten en su vida había visto a ese hombre.
            —Es posible —Susurró con algo de cautela. El hombre rió ampliamente, como divertido por sus reacciones; seguidamente tendió la mano hacía ella entrecerrando los ojos a su vez.
            —Es un placer, mi nombre es Svante.


N.A: Hola chicas, de antemano quiero disculparme con todas ustedes por haber tenido tantas semanas sin actualizar el blog. Cómo ya sabrán desde la última vez, aun no había contado con el servicio de la internet y tampoco con el tiempo suficiente como para ir a algún sitio pago para subir el capítulo —Estaba en semanas de parciales—, ya puedo decir que retomaremos la subida de capítulos y como disculpa, este viernes publicaré otro capítulo.
De verdad espero que me disculpen y que hayan tenido muy buena semana santa.
Besos y Abrazos,
Antonella.


[1] Juego que consiste en matar a un grupo de zombies con plantas antes de que estos invadan tu casa. N.A: Ethan juega la versión para android.
[2]  Consola de videojuegos PlayStation 3.
[3]  Call of Duty y la saga Uncharted, son videojuegos de aventura y acción para PS3.
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Capítulo XII. Parte I.



Ese “bienvenido” solo causó un leve escalofrío en la columna vertebral de Alex. Desde que había puesto un pie en el caminillo de tierra que cruzaba la barrera del territorio del guardián del norte, no se había sentido precisamente bienvenido; suponía que ya algunos de ellos sabrían el por qué Alex se había llegado hasta allí, y probablemente en su mayoría se sentían ofendidos al ser acusados por el consejo de vampiros de las continuas muertes dentro de la raza vampirica.
Y sobre todo porque tenían la sospecha sobre la cabeza de uno de los tres clanes; aun así, a pesar de formar parte de clanes distintos, los lobos tenían ese pequeño punto a su favor: se protegían los unos a los otros con garras y colmillos de por medio.
            —Aparentemente cada vez que voy de visita a algun lobo poderoso, este sabe que voy de camino —Un curioso dato, por cierto. Alex se cruzó de brazos sin moverse de su posición, mientras que Ralph entrecerraba los ojos y sonreía de medio lado.
            —Sí, me lo acaban de informar.
            —¿Francois DuVillar? —Preguntó arqueando una ceja.
            Ralph borró su sonrisa y algo hizo que sus profundos ojos azules se oscurecieran peligrosamente.
            —No te incumbe si fue ella o no —Declaró Ralph. Alex estaba en territorio enemigo por así decirlo, así que preferiblemente se sometía a las normas de convivencias dentro de esa casona y se limitaba a interrogar al guardián con la mayor sutileza posible —. Limítate a lo que vienes.
            —¿Vas a responderme si te pregunto directamente?
            —Sólo lo que pueda responder —Ralph se giró y comenzó a caminar por el pasillo de entrada; haciendo un gesto con la mano por sobre el hombro,  le indicó a Alex que le siguiera los pasos —. Soy el guardián de los lobos del norte; no lo sé todo, aunque admito que sé más de lo que debería y podría usarlo en tu contra.
            Alexander entrecerró los ojos.
            Ralphie parecía ser un tipo de pocos amigos, y claro, con esa actitud tan poco servicial y para nada humilde ¿Quién en su sano juicio le gustaría relacionarse con él?
            Tal vez hasta era posible que los lobos que había visto en los alrededores de la casa se encontraran allí por obligación y no por gusto.
            Se dedicó a seguir al guardián en silencio, admirando la decoración victoriana de la casa. De verdad que se sentía en alguna película de época, y no le extrañaría que de alguna de las innumerables puertas, salieran personas con obstentosos vestidos y calzas y chaquetas.
            …Casi podía vislumbrar a una orquesta tocando el vals al fondo.
            “Esto es casi tétrico”.
            Prefería estar en Nilfheim antes que en esa casa de pesadilla.
            Alex odiaba vivir en el pasado, por eso se ocupaba que sus propiedades siempre estuvieran actualizados a la fecha. Adoraba las decoraciones finas y de muy buena calidad, pero las prefería modernas y diferente a lo clásico porque de esa forma se evitaba los malos ratos recordando cosas inútiles.
            En cambio, allí, se sentía desagradablemente en casa. Y no le gustaba para nada sentirse así.
            La pequeña salita que los recibió luego de unos minutos, estaba decorada en tonos pasteles. Los muebles y los sofás, al igual que todo lo que había a los alrededores, eran completamente genuinos y de hacía muchos años atrás; le sorprendía que los materiales, a pesar de verse tan viejos, se mantuvieran en perfecto aspecto.
            Y aun así, era muy raro ver a un hombre tan imponente como Ralph, sentarse en un sillón con decorados en tonos cremas.
            Podría ser casi ridículo y si hubiese estado en una situación diferente y menos delicada, lo más seguro es que Alex no se habría aguantado la carcajada.
            Apretando los labios, tomó asiento frente a Ralph.
            —¿Los lobos tienen algo que ver con los últimos asesinatos a vampiros?
            —Directo al grano, eso me gusta. Más o menos me esperaba que dieras unos cuantos rodeos —Masculinamente, Ralph apoyó el tobillo sobre su otra pierna y dejó descansar la mandíbula en una mano a la vez que el codo de ese brazo quedaba sobre el apoya brazos de la misma. Su mirada estaba llena de frialdad y seriedad pero algunos mechones le rozaban las cejas de forma despreocupada, aligerando ese aire estricto y tensionado.
            Alex se encogió de hombros y finalmente se rascó la mejilla.
            —No soy un hombre de dar muchos rodeos —Dijo inclinándose hacia adelante y apoyando ambas manos en los muslos superiores de sus piernas —. ¿Y bien? ¿Vas a responder?
            Ralph suspiró y elevó una de las esquinas de sus labios en un asomo raro de sonrisa.
            —Te dije en un inicio que respondería a lo que podría, y eso no lo puedo responder.
            —¿Porqué no lo sabes? O ¿Porqué lo sabes pero no puedes decirlo? —Era posible. Alex había visto como los lobos mostraban los colmillos en cuanto a defender a otro de la raza. Era probable que Ralph aplicara las mismas y se decidiera a encubrir al culpable.
            —Porque no lo sé —Respondió el guardián luego de unos momentos mientras borraba su sonrisa descuidada —. Y ya que abarcamos el tema… ¿Sabías que tus victimas vampíricas, todos formaron parte del consejo de vampiros alguna vez?
            Alex abrió los ojos de par en par azorado.
            —¿Qué? —Su tono de voz salió algo más chillón de lo esperaba.
            Ralph sonrió de nuevo, pero esta vez fue una sonrisa amplia, misteriosa y que delataba que ese lobo conocía aun más detalles sobre ese caso, de lo que el mismo Alex sabía. El hecho de que los vampiros hubiesen sido miembros del consejo en años pasados, cambiaba un poco el curso de los acontecimientos.
            —Parece que tus líderes no te informaron por completo —No era necesario que lo dijera, pero Ralph parecía divertirse y regocijarse a costa de Alex.
            —Ellos no son mis “líderes” —Masculló entre dientes con voz un poco irritada —.Nosotros no funcionamos como ustedes.
            —Sí, y por eso es que la mayoría de los chupasangres son todos una cuerda de ineptos.
            Bastardo… ¿Estaba intentando molestarlo? Pues lo estaba logrando.
            Alex se puso repentinamente de pie.
            —¿Tienes algo más para agregar a parte de insultos que no vienen al caso?
            Raph arqueó una ceja con expresión divertida ante la actitud repentinamente enojada de Alex; se golpeó ligeramente la mejilla de manera pensativa y luego se acarició la nuca.
            —Sí. Creo que estás buscando al culpable en el sitio equivocado; hasta ahora los lobos y los vampiros no hemos tenido ningún conflicto que nos impliqué ir a por la cabeza de los otros, además, si hubieran lobos poco cuerdos dentro de los clanes, ya el clan Knight se hubiese encargado de ello. Después de todo, un enfrentamiento entre ustedes y nosotros afectaría, a su objeto de protección —Ralph era un hombre inteligente  y aparentemente no parecía del tipo que mentiría en una situación tan delicada; pero aun así, había algo en él que hacía que Alex no pudiera confiar del todo en su palabra —. ¿No has barajado la idea, solo de casualidad, que los verdaderos homicidas sean vampiros?

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N.A: ¡Feliz día de la mujer a todas mis maravillosas lectoras femeninas! Aunque ya sé qué es algo tarde para felicitarlas, igual decidí hacerlo. No olviden que son las criaturas más maravillosas de la tierra, y no importa qué, todas son hermosas y perfectas a su propia manera. Mis mejores deseos para todas.
            La tardanza del día de hoy es debido a como ya informé la semana pasada, estoy en mudanza. Llevábamos toda la semana esperando a la compañía de la internet, la cual nunca se tomó la molestia de venir así que tuve que dar las mil y una vueltas para ver cómo hacer a la hora de publicar el capítulo de hoy. De todas formas lo conseguí tras mucho esfuerzo y aquí me tienen.
            Espero que para la próxima semana la cosa ya se normalice.
P.D: Quiero aclarar un par de cosas: El perfil de Pamela no lo he agregado a la lista de perfiles puesto que ya es un personaje a futuro y la verdad ella aun no ha tenido oportunidad de aparecer en la serie; pero lo hará en un futuro cercano. La segunda: Ralph no es el lobo que encontró Abby.



            Besos y abrazos, y muchísimas gracias por los comentarios del capítulo anterior.

Anto.