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Nada por ahora
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Besos a Medianoche. Capítulo IV. Parte I.



            —Disculpe… Exijo que me suelte enseguida —Mientras era arrastrada por un completo desconocido hacia un paradero igual de incierto para ella, eso fue lo único que se le ocurrió decir a Kirsten Shower.
            Arqueando ambas cejas, pasó a observar su propio antebrazo que era sujetado con suavidad por una mano masculina enguantada, y seguidamente alzó la vista clavándola en la nuca de aquel hombre extraño de cabellos castaños. El antifaz blanco del hombre era realmente resaltante, de verdad sintió envidia de ese antifaz —Alguna vez sintió la necesidad de vestirse del fantasma de la opera, pero jamás encontró la vestimenta adecuada—.
            El señor anónimo, la miró por sobre el hombro con esos profundos ojos de un color indescifrable; de hecho seguía preguntándose si eran realmente verdes ó azules.  ¿Por qué razón le parecían tan conocidos?... Se parecían a los de Alexander Night…
            Parpadeó un poco sorprendida por su pensamiento.
            ¿Estaba siendo arrastrada por un verdadero extraño, y de nuevo lo que se le venía a la cabeza era Alexander Night? ¿Se había vuelto loca? Probablemente, hacía unos cuantos años atrás.
            El hombre la miraba fijamente mientras caminaba, con un brillo de absoluta aprobación en lo más profundo de sus ojos y una sonrisa de medio lado.
            —¿Le molesta que la toque? —Preguntó arqueando una de sus cejas.
            Kirs en cambio apretó los labios y arrugó la frente al oír la pregunta.
            —Lo que me molesta es que me este arrastrando con usted. No me preguntó si quería ir, solo comenzó a tirar de mi como si fuera un saco de papas —Alegó mientras intentaba detener el paso del hombre, afirmando ambos pies en el suelo. Pero era inútil… él era tristemente mucho más fuerte que ella.
            El hombre rió, lo cual a ella le pareció aun más irritante.
            —Oiga, no soy su payaso personal ¿De acuerdo? Ahora suélteme antes de que recurra a mi última opción: Gritar.
            De alguna forma, Kirsten sentía que en lugar de asustarle la idea de ser encontrado como un pervertido acosador, él parecía más bien divertido tanto por la situación como por la visión de ella gritando en medio del salón de baile.
            —Debería estar más agradecida, Señorita Shower, le salvé de aguantar un buen rato más en compañía de un verdadero pervertido —Touché. Él tenía razón —. Así que lo que pido de cambio, son unos minutos en su compañía.

***

            Alexander se sentía demasiado entretenido en esos momentos.
            Había recordado a Kirsten Shower como una jovencita callada y relegada siempre a quedarse en un rinconcito de los salones de baile. Apenas y había sabido cosas de ella por intermediaria de Francesca, que algunas veces en las pocas visitas que había hecho a Blasius durante su ausencia en Nueva York —Actualmente, Blas y Francesca vivían en Alaska y pensaban trasladarse a algún país latino durante un tiempo—, ella sacaba a tema sus llamadas con Kirsten.
            Sabía que su flor favorita era el girasol y que su pasatiempo ideal era tener la cabeza dentro de un libro. Estaba enterado que ella estaba a punto de terminar la universidad, y estaba en medio de prácticas como profesora de primaria y educación elemental.
            La había mantenido siempre, grabada en sus memorias como una jovencita de apenas diecisiete años.
            Tal vez por eso no se preparaba para lo que encontró.
            Apenas cruzó la puerta de entrada —Con una invitación robada, cuya procedencia no deseaba explicar en esos momentos—, se dedicó a buscar a Kirsten con la mirada mientras se hacía paso entre las personas.
            No mucho tiempo después, una cabellera color rojiza —Casi naranja— captó su mirada. Definitivamente era la única mujer con ese tono de cabello dentro de la mansión; si alguna vez hubiera habido alguna otra, seguramente ya se lo habría tintado de otro color. En lo personal, Alex había adorado el cabello de Kirsten, era hermoso y especial.
            Y saber que ella no se lo había tintado de algún color distinto, lo hacía sentir inexplicablemente satisfecho.
            No había venido allí por ella. Se había repetido muchas veces, pero aun así, su mente no pudo controlar a su impulsivo cuerpo que sin más que esperar comenzó a andar con la vista en alto hacía su compañera.
            Y por Odín[1]. Mientras más se acercaba, más su cuerpo ardía.
            Definitivamente era ella, pero era toda una mujer, nada que ver con la niña a la que había visitado por última vez en su alcoba hacía ya cinco años. El vestido turquesa con hermosos decorados, enfundaba a Kirsten como si de un guante se tratase, realzaba los atributos de su cuerpo y probablemente hacían brillar sus ojos azules.
            La piel del escote se veía cremosa y suave; y sus labios rojos resaltaban sensualmente mientras hablaba.  Bella. Indiscutiblemente bella.
            Ahora no sabía si haber vuelto era tan gran idea como lo hizo sonar Ethan en Sidney.
            Luego su mirada había viajado hacía el compañero de Kirsten, quien la miraba como si se estuviera desnuda y ofreciéndosele descaradamente. No falta decir que eso lo hizo molestar, casi como si una bestia se agitara en su interior completamente furiosa.
            Solo él podía tocarla. Sólo él podía mirarla de esa forma. Kirsten Shower era suya, solo suya.
            Y así fue como se aproximó a ellos sin pensar y se llevó a Kirsten, como ella dijo, arrastrada y sin preguntar.
            De alguna forma, Alex había esperado que ella se mantuviera callada y se dejara llevar por él, tal vez por eso fue que se sorprendió tanto cuando ella comenzó a luchar contra su agarre y posteriormente se quejó de ser tratada como un saco de papas.
            Ahora se sentía indudablemente divertido.
            Los agiles y brillantes ojos de Kirsten Shower lo miraban fijamente completamente disgustada. ¿Desde cuándo esa niña se había convertido en una mujer tan segura de sí misma? Ah… Cierto… estuvo cinco años completamente ausente de su vida.
            ¿Por qué esa idea lo deprimía repentinamente?
            —¿Acaso no hay ninguna persona que pueda hacerle compañía?... Que solitario —Dijo ella asintiendo —. Pero lo cierto es que tengo cosas que hacer.
            —¿Cómo escurrirte por los rincones oscuros hasta encontrar una salida? —Preguntó Alex con interés, sin apartar la vista de ella.
            Kirsten parpadeó sorprendida y enseguida pasó a mirarlo con algo de desconfianza y mucha cautela.
            —¿…Quien es usted? —Susurró enarcando ambas cejas.
            Parece que ya no se dedicaba a huir por los rincones.
            —Pensaba que en las fiestas de disfraces no se revelaba la identidad —Alegó con una sonrisa satisfecha, y Kirsten lo miró completamente estupefacta.
            —Seamos sinceros, somos los únicos que llevan un antifaz esta noche —Aprovechando la distracción y que habían dejado de caminar, Kirs se soltó de él y pasó a cruzarse de brazos.
            Alex miró con cuidado alrededor y enarcó las cejas.
            Le daba la razón a Kirsten. Había toda clase de trajes, pero nadie que evocara el lado romántico de  las fiestas de disfraces. En esos momentos era cuando extrañaba las antiguas fiestas de sociedad y sus extravagancias… Podían ser mucho más agradables que las de la actualidad.
            Regresó a mirar a Kirsten, un mechón de su cabello se escapó de su peinado y se deslizó desde su nuca hasta el escote. Inevitablemente, Alex estiró su mano y deslizó el rebelde mechón tras la oreja de la joven.
            —Definitivamente, creo que el Londres de mil ochocientos, sería una mejor época para ti —Admitió con voz suave, manteniendo su mano y rozando con suavidad la oreja de ella con la punta de los dedos.
            Los ojos de ella lo miraban de regreso abiertos de par en par, mientras se estremecía ligeramente ante los delicados roces. Se veía absolutamente tentadora, sobre todo esos labios entreabiertos y coloreados de un tono suave y discreto.
            Que Odín tuviera piedad de él…


[1] Dios de los cielos. El Dios más poderoso dentro de la mitología nórdica/escandinava.
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Haciendo publicidad..

Buenas noches a todas las chicas que me leen, quiero hacer publicidad de un Compendio de Historias Cortas, que ya lleva más de un año en intento de publicarse.
Me complace anunciar que ya está en proceso de corrección y dentro de poco lo publicaremos en nuestros respectivos blogs.



El Volumen de Historias Cortas, "Is London's to Love?" es una pequeña evocación hacía la parte romántica de un Londres de los años de 1800. Lleno de bailes, criaturas míticas, aristocracia y por supuesto, gallardos caballeros buscando un buen partido como esposa.

Participamos tres escritoras en él, lamentablemente una de ellas está completamente retirada de la parte literaria hasta nuevo aviso y aun así nos ha dado todo su apoyo en el desarrollo de este volumen. Como ya mencioné, esta en un proceso de corrección, casi a punto de hallar la luz.

Las autoras:
J.C. Hyacinth

Esperamos poder publicarlo dentro de poco, así que esperamos sea bien recibido por ustedes.
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Besos a Medianoche. Capítulo III. Parte II.


            El vestido de Abby y un simple antifaz habían arreglado todos sus problemas. Solo bastó un poco de maquillaje debajo, y un brillo con un color no tan oscuro prácticamente natural—, ya que sus labios eran bastante rojizos por si solos.
            Pero aun así, Kirsten sentía que todo el mundo sabía quién era. De hecho, el hombre vestido de vaquero que había pasado por su lado hacía un rato la había saludado sin más.
            —¿Y… De que es lo que vienes vestida, Kirs querida? —Había preguntado su madre, enfundada en un traje a lo Marilyn Monroe(1), con la peluca incluida y el lunar sobre su mejilla que seguramente estaba dibujado con lápiz negro. Los ojos azules de Eloisa Shower, la escudriñaban con profundo interés; desde el inicio de las faldas del fino vestido de seda color azul cielo, hasta sus cabellos rojizos arreglados a lo alto de su cabeza y del cual se escapaban delicados rizos.
            —Soy… una “mujer misteriosa”, supongo.
            Kirsten podría hasta jurar, que a su madre se le había escapado una ligera sonrisa.
            —Pues, sin ánimos de herirte, pero de misteriosa tienes muy poco —Graznó con voz animada y divertida.
            Lo más lastimero es que Kirsten tuvo que darle la razón momentos después. Su cabello la delataba por sí solo.
            Era triste ser la única pelirroja —Con un color más bien naranja—, entre toda esa masa de personas.
            <Realmente me desmotiva…> Pensó, justo antes de suspirar y pasar a observar con lentitud los alrededores.
            Sus padres realmente habían dado todo de ellos mismos para decorar el lugar. De por sí, que ya era un salón exquisito con suelos y pilares en mármol y papel tapiz de color melocotón; habían movido algunos muebles a un rincón, junto con una mesa de cristal los cuales ahora mismo estaban abarrotados de jovencitas —Aparentemente de sociedad, como lo fue ella alguna vez—, inclinándose y susurrándose entre ellas, mientras reían y disfrutaban de los chismorreos. Ella nunca había sentido pasión por eso, y se alegraba con toda su alma de haber superado ya esa etapa.
            Por otra parte, había una mesa buffet con un completo surtido de pasabocas y exquisitos bocadillos de comida inglesa; decorada con una apetitosa fuente de chocolate y con ramos de nomeolvides y gladiolas, una interesante combinación en donde las gladiolas parecían resaltar más con sus vivaces colores que los pequeños, frágiles y azules pétalos de la otra flor.
            Nomeolvides. Que nombre tan curioso… E infinitamente hermoso para una flor.
            Estaba lleno de personas por todas partes. Parpadeó. Todos los amigos de sus padres y su hermano Viktor, quién era el homenajeado en la ocasión, se encontraban presentes.
            Algunos hombres hablaban en círculos sosteniendo vasos de whisky; y algunas mujeres con finas copas de champaña en su mano, se paseaban por la habitación de dos en dos, hablando de quien sabe que cosas.
            Qué dios los librara a todos.
            Ya había olvidado cómo eran esos molestos eventos, que más bien le causaban pudor y estremecimiento. Todos allí eran unos completos hipócritas. Sí, con la misma y directa palabra.
            Por eso es que Kirsten, en sus anteriores años como señorita debutante en esos eventos de alcurnia, prefería colarse en los rincones ó moverse a alguna que otra habitación. La única chica con la que realmente se había llevado bien, había sido Abby… Solo ella, que parecía tan fuera de lugar como la misma Kirsten, y aun así a Abigail le encantaba empaparse de chismorreos.
            Siempre era la primera en saberlo todo.
            Como aquella vez que…
—Mi padre es uno de los socios de las empresas de Alexander Night ¿Sabes? Y esta tarde, pasando por su oficina me enteré de ciertas cosas. Al parecer, el señor Night se ha ido esta mañana de Nueva York a Australia, sin razón aparente y por tiempo indefinido.
            Sorprendida, al recordar exactamente las mismas palabras con el  mismo tono de voz en que Abby las había dicho, Kirsten agitó la cabeza intentando borrarlas.
            Habían pasado cinco años desde que había  visto por última vez a Alexander Night. Se suponía que lo había olvidado, su primer amor… Un enamoramiento infantil y sin sentido.
            Pero inevitablemente, el ambiente la hacía sentir tan melancólica…
            Y lo único que hacía era recordarle a todo él.
            Caminando entre la multitud y pasando fuertemente saliva, Kirs decidió ir a por un buen vaso de limonada fría y agradable… Ó tal vez, sólo quería borrar de sus pensamientos el alto y fornido cuerpo del Señor Night, sus profundos y de alguna forma sabios y antiguos ojos. Y ese aroma.
            Dios, ese aroma aun la perseguía. Y Aquella vez en que pudo sentir su calor, por una mera y vulgar casualidad —Recordemos aquella vez en que patéticamente intentado huir de un hombre baboso y desagradable, tuvo la “brillante” de saltar de la ventana, quedando ridículamente colgada de un árbol—, para aquel entonces solo quería tener memorizadas esas  pequeñas cosas en su mente.
            Y ya a esta edad, y a estas alturas… Solo quería olvidarlo.
           
            Y allí vamos de nuevo… ¿No podía simplemente dejarlo estar? ¿Qué pasaba con ella?
            Tomó aire varias veces, con el mayor de los disimulos y finalmente se centró en lo que era realmente importante: escapar de allí.
            Buscó rápidamente en reloj de oro que colgaba en una de las paredes de la habitación, y entrecerró los ojos intentando ver la hora. Seguro ya había pasado bastante tiempo, había cumplido con venir y había felicitado a Viktor hacía ya mucho rato…
            Pero apenas su mirada se encontró con el reloj, se desinfló todas sus esperanzas de regresar a casa.
            ¡¿QUÉ?! ¡¿Apenas las once?! Oh, dios santo… Jamás iba a escapar de esa bendita fiesta.
            —Pero que tenemos aquí…
            Ay no… Comenzaba a oler a cerdos en el aire.
            Lentamente, Kirsten giró su rostro y miró sobre su hombro.
            Reginal Huperson. El hombre regordete y grasiento, cuyo primer botón de su disfraz de… Cowboy(2)… parecía a punto de reventar y salir volando, dispuesto a impactarse no muy halagadoramente en la frente de un pobre idiota; la miraba fijamente con expresión admirada y sus pequeños y oscuros ojos —que apenas eran visibles en ese rostro tan lleno y grande— estaban clavados en el escote de su espalda.
            Reginal la había estado acosando desde que entró a sociedad, pero gracias a Dios cuando dejó de asistir a esas fiestas, el hombre desapareció de su vida.
            Parecía que las cosas no podían ponerse peor. Primero Alexander Night, ahora Reginal Huperson.
            En lo personal, definitivamente hubiese preferido que Alexander Night fuera el que estuviera mirándola de manera lasciva y deseosa en esos momentos, y no el hombre grotesco y pervertido que estaba tras ella.
            —Señor Huperson… —Saludó en apenas un hilo de voz casi imperceptible —. Qué bueno verlo de nuevo.
            Ni hablar. Él había sido una de las principales razones por las que había dejado de frecuentar esas fiestas… Aun podía recordar aquella vez que intentó tocarle los pechos frente a medio salón de baile.
            —Lo mismo digo, Kirsten. Estás tan bella y deslumbrante como siempre —Sus mejillas se arrugaron un poco cuando le intentó mostrar una sonrisa… Sugestiva, suponía.
            —¿Cómo supo que era yo? Llevaba antifaz precisamente para eso —Admitió por fin, Kirsten con expresión un poco contrariada, que gracias al cielo estaba muy bien oculta bajo esa milagrosa mascara con forma agraciada de mariposa.
            Huperson rió escandalosamente, mientras se sujetaba la panza con ambas manos.
            —Querida, tu cabello tan al estilo neón resalta sobre todos aquí.
            ¿Neón? ¿Era una ofensa o una alabanza, primeramente?... ¿Sería muy maleducado dejarlo hablando solo? Sí, definitivamente muy maleducado.
            —Gracias —Contestó con la mayor simpleza posible intentando casi sonar agradecida de verdad, lamentablemente el tono de voz le salió totalmente cortante.
            A Kirsten definitivamente le gustaba su cabello. A pesar de lo llamativo que podía ser, era una muestra de lo única que era entre esa multitud de idiotas que se lamían y olisqueaban los traseros entre ellos.
            “Yo sí tengo cerebro, por eso escapé de aquí”.
            El señor Huperson comenzó a acercarse lentamente a ella, y por la expresión de su rostro, Kirs estaba muy segura que tenía intenciones de: 1. invitarla a bailar, ó 2. Proponerle ir con él a algún sitio poco concurrido.
            —Oh, Srta. Shower —Una tercera voz, se oyó en ese momento. ¿Qué tenían las personas el día de hoy, que llegaban y la saludaban desde la espalda?
            Un tirón en su antebrazo la hizo sobresaltarse. El calor de una mano masculina, la dejó anonadada.
            Rápidamente alzó el rostro, para encontrarse con un perfecto ejemplar del fantasma de la opera(3). Alto, oscuro y visiblemente musculoso bajo toda esa ropa negra y esa capa a juego de terciopelo rojo.
            El cabello de un castaño claro lo tenía peinado hacia atrás impecablemente. La mitad del rostro en sentido horizontal estaba cubierto por un antifaz blanco con decorados en rojo; y unos brillantes ojos verdes sensuales y cargados de sabiduría, le regresaron la vista por una milésima de segundo.
            El corazón de Kirsten dio un furioso vuelco con ese pequeño gesto.
            —La señorita Shower me había prometido acompañarme a tomar una copa de champaña, espero no le incomode —Dijo el desconocido, con voz dulzona y aterciopelada. Ese tipo de voz a la que no te puedes negar a nada, y que consiguió que la piel de Kirs se erizara de golpe.
           Reginal pareció sumamente contrariado ante la idea, pero finalmente asintió con el ceño fruncido.
            Pero antes de que pudiera despedirse de ella, el otro hombre ya la arrastraba con delicadeza lejos de allí.
            Y ella solo podía pensar, totalmente azorada… “¿Qué demonios?”


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1. Marilyn Monroe: Fue una actriz de cine, cantante y modelo estadounidense. Con el paso del tiempo, llegó a ser una de las actrices más famosas de Hollywood y uno de los principales símbolos sexuales de todos los tiempos.

2. Cowboy: En español vaquero.

3. Fantasma de la opera: Es una novela gótica que combina romanceterrormisterio y tragedia. La historia trata de un hombre misterioso que aterroriza la Ópera de París para atraer la atención de una joven vocalista a la que ama.
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Capítulo III. Parte I.

Capítulo III. Parte I.





            Nueva York

            Sin esperarlo, uno de los mechones de sus cabellos rojizos le nubló con ligereza la vista. Suspirando, sus dedos recorrieron un pequeño camino y lo llevaron detrás de la oreja.
            Tomó nuevamente el vestido que reposaba con cuidado sobre la cama y lo alzó, colocándolo frente a su cuerpo y mirándose en el espejo. La verdad, siempre había pensado que el rosa no sentaría para nada con ella, es más, su cabello solía verse aun más pelirrojo de lo que era por el contraste y los matices de los colores.
            —¿Y bien? —En ese momento se dio vuelta y observó fijamente a Abigail. La joven se encontraba acostada bocabajo en la cama de la espaciosa habitación, mientras degustaba el sabor de uno de los caramelos de menta que Kirsten le había regalado anteriormente.
            Abby entrecerró los ojos mientras apoyaba la mandíbula en la palma de su mano derecha, y con la mirada captó cada brillo y detalle del elegante vestido de noche.
            —Siendo sincera, Kirs, se ve patético en ti.
            Kirsten se mordió el labio y dejó caer el vestido en el suelo, luego se dio vuelta y caminó directo a su armario rebuscando en el interior con insistencia. Había sacado prácticamente todos los vestidos de noche que poseía y ninguno le sentaba bien.
            Sus ojos rodaron al instante al otro lado de la habitación, allí sobre la mesa de noche estaba una elegante invitación enmarcada en dorado.
            Desde que tenía diecisiete no asistía a ninguna reunión de ese tipo. A donde iban las personas adineradas de Nueva York para divertirse y pasar un rato agradable, hablando de grandes inversiones de dinero y los últimos chismes de la hija/hijo de X político.
            Pero su madre había insistido con demasiado ahínco esta vez.
            …Y aunque le doliera, seguía tratándose de su madre. Solo esta noche y regresaría a su rutina como estudiante muy cerca de graduarse como profesora para niños de preescolar.
            Resopló y se volvió para mirar de nuevo a Abigail, quien jugaba animadamente con su almohada en forma de corazón.
            —¿Y entonces, qué hago? —El tono de su voz, reflejaba un poco su desesperación —…¡Abigail! ¡Escúchame cuando te hablo!
            Abby pestañeó un par de veces y alzó la cabeza para mirarla con una sonrisa.
            —Perdona... ¿Qué me decías?
            —¿Te estás burlando de mí, cierto?
            Los ojos azules de Abigail se abrieron de par en par.
            —¡Juro que no!
            Dejándose caer sentada sobre la cama, Kirsten suspiró con una pesadez entremezclada con cansancio que rivalizaba con la de Abby justo después de terminar un manuscrito retrasado. Viendo su expresión un tanto desgraciada, Abigail se sentó sobre las rodillas y la miró con fijeza.
            —No es tan grave como para que entres en este tipo de estados —Declaró arqueando una ceja y suspirando como si el tema la fastidiara.
            —Oh sí, es grave, muy grave… —Contestó llevándose una mano a la mejilla y entrecerrando los ojos mientras miraba directamente a su armario ­—. No quiero ir.
            —Entonces, no vayas —Abigail la miraba como si hubiese dado la respuesta más sabia y perfecta del mundo.
            Eso solo hizo que Kirsten arrugara el ceño.
            —No puedo simplemente no ir, Abby… Se lo prometí a mi madre. Es el cumpleaños de uno de mis hermanos, no puedo fallarle en esto; Además, hace mucho que no está toda nuestra familia reunida.
            Abby la miró fijamente agitando sus pestañas, y finalmente le sonrió.
            —No te envidio ¿Sabes? —Seguidamente de murmurar eso, se puso de pie y salió de la habitación, dejando a Kirsten visiblemente sorprendida pero sin atreverse a preguntar hacia donde se suponía que iba.
            Igualmente no fue necesario. Abigail regresó a la habitación con un vestido envuelto en plásticos y se lo tendió a Kirsten, quien dudó un poco antes de tomarlo.
            —Fue el único vestido que me llevé de casa de mis padres —Dijo Abby ladeando la cabeza con una sonrisa —, pero no te preocupes, no lo he usado así que nadie lo notará en el baile… Y siento que te quedará maravilloso.
            Un poco contrariada y con el corazón en la garganta por el gesto tan bonito de Abby de haberle prestado la única prenda que se había llevado de casa de sus padres —Si era así, debía ser un vestido absolutamente preciado para ella—, lentamente retiró el plástico grisáceo que cubría la tela y miró dentro.
            ….Era hermoso… De un azul celeste brillante y elegante, con incrustaciones de pedrería en la parte del escote que bajaba en curvas a toda la parte que debería ir adherida a la cintura y cadera.
            —…Oh… Abby…
            Al oír su tono de voz tan agradecido y lleno de admiración, Abigail rió.
            —Ya, ya. No es nada, Kirs. Solo… Ve allí, intenta divertirte y por supuesto, evita a las arpías de la sociedad.


***


            —Bienvenido a casa, Mi señor.
            Mientras examinaba con ojo crítico a su mayordomo, Alexander se iba sacando el abrigo después de haber dejado la maleta en el suelo.
            —Theo… estás más viejo desde que te vi por última vez.
            Theodore, su mayordomo desde hacía años, sonrió al oír sus palabras. Recibió el abrigo y asintió con la cabeza.
            —Cinco años no pasan por encima de las personas, mi señor.
            Era cierto, ahora su cabello estaba totalmente canoso, mientras que cinco años atrás aun se encontraba moteado de negro; las arrugas a ambos lados de la boca se habían acentuado y las líneas de expresión en su frente estaban más marcadas.
            La expresión de Alex se ablandó. Había conocido a Theo cuando era apenas un niño. Descendía de una familia que lo había servido por generaciones y que sabían su oscuro secreto… Desde su conversión a vampiro, y las desdichas que eso causó.
            Alex los había visto morir uno a uno, y pensar que ahora Theo correría el mismo destino, lo hacía sufrir infinitamente.
            —Deberías cuidarte mucho más —Él mismo se ocupó de levantar la maleta con semblante solemne, haciendo que Theo arqueará sus cejas.
            —¿Señor?
            Sin prestar atención a la pregunta con entonación algo sorprendida, Alexander se adentró a la casa y miró alrededor. Todo seguía tal cual como lo había dejado —Por supuesto que estaba impecable y sin polvo—, las paredes con papel tapiz en colores cremas y marrones, los muebles antiguos del recibidor y todo con un aire más que todo colonial.
            Era como retroceder en el tiempo a la época de mil ochocientos. Dando un suspiro nostálgico, paso a mirar de soslayo a Theodore.
            —¿Cómo han estado las cosas desde que me fui? ¿Investigaste lo que te pedí?
            Theo, que seguía sus pasos mientras Alex caminaba adentrándose más y más en la casa, asintió con una ligera y apenas visible sonrisa.
            —Bastante tranquilas —Afirmó —. Y sí, esta noche la familia Shower tendrá una fiesta de disfraces en su mansión, celebrando el vigésimo quinto cumpleaños de uno de sus hijos; Mañana en la tarde hay un día de campo en casa del señor L’Fountain, y….
            Alex parpadeó.
            —¿La familia Shower?
            Había enviado una carta a Theo, días atrás cuando Ethan lo había convencido de volver a Nueva York. Al principio se sintió muy recio ante la idea, pero finalmente se rindió ante las palabras del vampiro rubio, que tenía un poder sobre la mente de los demás innegable; sinceramente no supo en qué momento accedió a regresar…
            …Pero regresando al tema de la carta, Alex había avisado a Theo de su regreso y como un extra le pidió que se informara de todos los eventos en sociedad para esa semana. Sí, pretendía regresar a las andadas.
            Había desaparecido durante cinco años, pero para esa gente no era extraño que no envejeciera. Lo mejor que se podrían inventar los empresarios y sus vaporosas e insoportables mujeres era que se conservaba demasiado bien para su edad, ó que en dado caso, desde luego, se había hecho alguna operación.
            Al menos podría quedarse en la ciudad otros cinco años, antes de que comenzaran a percatarse de la inminente realidad.
            Alex deseaba retomar alguna que otra relación empresarial con esos traseros adinerados. No había regresado allí por Kirsten Shower… Nunca por Kirsten.
            Y entonces, Theo había mencionado a la familia de su compañera, y enseguida actuaba como un perro faldero al que le acababan de lanzar un trozo de carne.
            "No estoy aquí por ella… Yo no vine a verla… No estoy interesado…"
            —¿A qué horas es la fiesta de la familia Shower, Theo?.
            ¡Maldita sea!
            —Comienza a las nueve de la noche, mi señor —Theo parpadeó mirándolo fijamente con interés —. Pero al estar fuera de la ciudad usted no fue invitado.
            Alex se giró y comenzó a caminar hacía las escaleras.
            —Un vampiro no necesita invitación… Sobre todo si es una fiesta de disfraces.
            
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Entrada de prueba/Remodelación

Esto cambió bastante desde la última vez que publiqué algo... No tengo excusas para dar a nadie, me alejé mucho de la escritura durante todo este tiempo (ya más de un año). Quiero aclara que no fue por falta de imaginación, porque puedo jurar que cada día imaginaba cosas distintas y nuevas, pero aun así no lograba exteriorizarlas con las palabras correctas. No espero que las personas puedan seguirme nuevamente, porque se que como escritora responsable y cumplida he fallado durante el tiempo que me ausenté... Mis gustos por la literatura han cambiado, y mi propia personalidad también.Hace años, pensé que iba a convertirme en una escritora famosa; que yo realmente podría llegar a publicar un libro en físico, y a la final podría dedicarme a estudiar literatura ó artes visuales siendo algo que realmente me apasionara.Pero hoy en día, con dieciocho años, realmente me gustaría confesarles a todos que estoy estudiando una carrera que nunca pensé me interesaría, más sin embargo, en mi pasión en estos momentos....Y ya a punto de culminar mi primer año de universitaria, comprendí que algo le faltaba a mi vida.Antes realmente no sabía administrar el tiempo, no podía simplemente tener enfoque para un novio, mis amigos, mi familia, escribir, estudiar y leer todo a la vez, así que simplemente deseché algunas cosas de mi vida de las cuales hoy me arrepiento con mucho pesar.Así que decidí regresar. He retomado muchas cosas que hice a un lado por no saberlas manejar... Y espero poder esta vez, culminar lo que hace ya mucho tiempo empecé.A partir de hoy retomo mi blog en donde lo dejé (Aunque por supuesto tuve que volver a empaparme del tema antes de comenzar a publicar de nuevo).Y pienso remodelarlo un poco... Aunque no sé que cabecera ponerle ahora...