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Nada por ahora
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Amor Al Azar. Historia 1º. Capitulo 4

Si hace un par de días, Frederic había estado de un humor de perros, no tenía ganas de describir el que estaba teniendo en esos momentos. Por más que llamaba al teléfono de Marissa, ella nunca respondía. Más de un par de veces llamó a la casa de Leonard con la esperanza de que ella fuera la que respondiera, y solo para tener que inventar una patética escusa cuando era su jefe el que contestaba.

Se estaba volvieron jodidamente loco.

-Oye, Fred… ¿Qué demonios te sucede? –La voz de Simon llegó a sus oídos. Frederic tenía la cabeza entre las manos y se obligó a sí mismo a levantar la vista y cruzarla con la de su compañero.

A pesar de la corta edad de veinticuatro años, Simon Barket, el acompañante más joven entre todos ellos, era atractivo en una manera muy primitiva, con ojos enormes y azules y cabellos sedosos de un tono rubio. Era una de las pocas personas en las que Frederic se sentía en la capacidad de confiar. Después de todo, Simon era ingenioso, ocurrente y audaz en muchos sentidos.

-¿Por qué lo peguntas?

-Porque desde hace unos días pareces un muerto en vida, amigo mío –Aseguró con el ceño severamente fruncido.

Frederci suspiró.

-Me he acostado con una mujer de la cual me he enamorado. Pero al parecer todo fue un simple juego para ella –Soltó de golpe sorprendiéndose a sí mismo. Simon Silbó mientras se cruzaba de brazos pensativamente –Y ella es once años menor que yo.

Simon volvió a silbar.

-Pues, ¿Qué tiene? Deberías de perseguirla o que se yo. No es como si la diferencia de edad importara realmente.

Frederic lo fulminó con la mirada.

-Además, la chica en cuestión es la hermana pequeña de mi jefe –Concluyó. La mandíbula de Simon cayó.

-Ok –Dijo –Olvida el asunto, porque es totalmente un desgraciado caso perdido.

Él arqueó una ceja.

-¿No estabas hace unos momentos dándome ánimos?

-Eso fue antes de saber que estábamos hablando de Marissa… Por todos los santos, Fred ¿En qué demonios te has metido, pregunto yo?

La tarde pasó rápido, para agradecimiento d Frederic. Logró sonsacarle a Paul la ubicación de la universidad de Marissa, poniendo como escusa que tenía la necesidad de darle un recado por parte de Leo. Gracias al cielo, Paul no había mostrado resistencia, casi Frederic estaba agradecido con el hombre. Marissa y Paul tenían una rara y estrecha amistad, en donde él era como una especie de hermano para ella.

A la mañana siguiente, aparcó el automóvil frente a la universidad y apagó el motor mientras encendía un cigarrillo y aspiraba el aire con fuerza. Hace mucho tiempo que no fumaba, pero la ansiedad le había ganado.

Un vaso con café del Starbuck’s más cercano, reposaba en el portavasos al lado del cambio de velocidad. Agudizó la vista cuando los jóvenes comenzaron a entrar a la universidad. Le hicieron recordar los días en los que también estudiaba para graduarse en educación. Se desesperó con la nostalgia invadiendo su corazón… Tal vez, si él fuera todavía uno de esos jovenzuelos entre los veinte y los veinticinco años, las cosas no serían tan difíciles entre él y Marissa.

Necesitaba decirle que la amaba, tal cual como el aire que respiraba. Hacérselo ver y buscar las formas de que ella lo aceptara. Ya hablaría después con su jefe y hacerle ver que tenía limpias intenciones de una relación completamente seria con ella.

Rió amargamente, ni en un millón de años esperó verse tan patético como en ese momento. Totalmente desesperado por una mujer.

Entonces la vio.

Marissa llevaba un abrigo largo de color blanco, una falda negra a medio muslo y medias blancas que se perdían al inicio de sus botas a la mitad de la pantorrilla. Sus oscuros cabellos estaban sujetos en lo alto de su cabeza, por una prensa para cabello que dejaba caer algunos rizos alrededor de su aniñada y hermosa cara. Un suspiro de satisfacción se escapó de sus labios al hallarla sana y salva. Por lo menos hasta que clavó la vista en el acompañante de la mujer que consideraba suya.

EL chico la observaba embobado, casi como si Marissa no llevara absolutamente nada de ropa encima. La rabia se coló por sus venas en cuanto él le dijo algo y ella sonrió. Esa sonrisa, solo podía ser suya. Marissa no debía sonreírle a nadie más que no fuera él mismo.

Abriendo la puertezuela de golpe, fue consciente de las miradas fascinadas de las mujeres y las intimidadas de los hombres.

-¡Marissa! –Exclamó, haciendo que ella se detuviera de golpe y que al observarlo abriera sus ojos oscuros, sorprendida. Frederic observó al chico a su lado con expresión fulminante -¡Tu! ¡Piérdete! –Rugió y el chico no se hizo de rogar, un segundo y ya estaba a tres metros de distancia.

Tomando a Marissa con brusquedad por el brazo, la llevó a rastras detrás del edificio, fuera de las miradas curiosas de los estudiantes.

-¿Qué haces? ¡Suéltame, me haces daño! –Exclamó zafándose de su agarre y retrocediendo un par de pasos. Los ojos de Marissa estaban entrecerrados.

-¡¿Así que esto era?! –Preguntó en un grito enojado sobresaltándola -¿Te encanta seducir a los hombres, no es así?

-¿De qué demonios hablas, Frederic? –Preguntó con expresión de desentendimiento.

-¡De que te divierte seducir a los hombres, obviamente! Y cuando por fin vez que ellos caen en tus redes, vas y decides ignorarlos ¿Quién era ese chico? ¿Tú última conquista? ¿Tu nueva pareja sexual? ¡Te comportas como una zorra!

El estruendoso sonido que invadió el lugar, dio a entender que ella le había propinado una bofetada en defensa a los hirientes insultos que salían de su boca sin piedad.

-¡No me hables así! Porque ambos sabemos que mi virginidad se fue en tus manos detrás de ese callejón –Las lágrimas inundaron los oscuros ojos de ella y el dolor estaba apoderándose con lentitud de su precioso rostro -¿Cómo puedes decir eso, Frederic? ¡No se trataba del sexo! En ningún momento fue así. ¡Lo quería porque lo compartiría contigo! –Sollozo ella -¿Acaso no eras tú el que me seducía con esas miradas en el bar? Cada vez que te observaba de reojo, te encontraba mirándome de una manera en que nadie más me había visto antes, y mi cuerpo solo respondía en torno al tuyo.

Él, sorprendido abrió la boca, pero ella lo detuvo con una seña para que le dejara continuar.

-Estuve tres noches seguidas sin dormir, después de esa noche –Aseguró Marissa -¡Y cuando me abrazaste y besaste el día de la cena! ¡Dios! Entendí que me había enamorado de un hombre que lo único que sabía de él era su nombre, apellido, que tenía treinta años y que trabajaba para mi hermano mayor. Y luego, después de que me visitaras y estuviéramos juntos, espere que me llamaras o que enviaras algún mensaje. No me resistí y al día siguiente te llame… ¡Pero fuiste tan cruel y encima estabas con otra mujer!

-¡Es mi trabajo!

-Me importa una mierda –Lloró ella amargamente -¿Cómo esperas que me sienta luego que saber que el hombre al que amo y con el cual había estado, al día siguiente de nuestro encuentro este con otra mujer? ¡Tú nunca me tomaste enserio! Y yo aun así, sigo siendo tan idiota y sigo amándote tanto como para entregarme a ti de nuevo si me lo pidieras… Después de todo… ¿No es esa la única manera en que puedo tenerte para mí?

La respiración de ella terminó entrecortada por el esfuerzo de su discurso y los jadeos que surgieron de sus labios. Frederic la observó fijamente antes de acercarse a ella.

-Marissa…

-¡No! ¡No te me acerques! –Exclamó ella alejándose bruscamente. Pero él la atrapó y la abrazó contra su cuerpo.

-Pensaba que iba a volverme loco sin ti –Susurró a su oído, haciendo que el cuerpo de ella se estremeciera –Yo también estuve tres noches sin pegar el ojo después de nuestro primer encuentro; también espere un mensaje tuyo esa noche y te necesite tanto todo este tiempo, Marissa. Te he amado con silenciosa locura a pesar de que todo mi ser quería gritarlo, yo no sabía porque me sentía así, hasta después de haber estado juntos por primera vez. Cuando no respondías el móvil me sentí en el mismísimo infierno… pensé que solo había sido un juego para ti, mientras que para mí había sido lo más grandioso que me había sucedido en toda la vida.

-Pero tú eres un acompañante –Susurró ella quedamente, con el rostro oculto en su pecho. Frederic la obligó a alzar la vista y limpió con los pulgares cada una de las cristalinas lágrimas que se escapaban de sus ojos.

-Lo dejare –Dijo –Estoy dispuesto a hacer lo que sea por ti, Marissa. Pero por favor, no te atrevas a dejarme porque eso me destrozaría hasta acabar conmigo. Como la más dolorosa y letal de las muertes.

Marissa sonrió para él.

-Te amo, Frederic. Te he amado desde que nuestros ojos se encontraron por primera vez.

Él pensó lo mismo cuando volvió a atraerla contra su cuerpo. Las gotas de lluvia comenzaron a descender pero ninguno de los dos se movió. Pensando que esa hermosa ilusión desaparecería en el momento menos esperado.

Cerrando los ojos, Frederic besó la frente de ella con suavidad.

El juego de la seducción. Aun me pregunto… ¿Quién fue el que sedujo a quien?

6 comentarios:

mariana

este capitulo me encanto espero el proximo saludos

Antonella

Nah... Mariana aqui termina la historia! jeje

Sheyla Drymon

pleaseeee Antonella un pequeño epílogo, que le demuestre que la ama,

Pleaseeeee, se nota que me gustó mucho la historia no?? jejeje

Escribes muy bien, me gustó mucho cómo se relacionaron los protagonistas, como actuaron frente a las diversas situaciones en las que se vieron comprometidos

Mis felicitaciones por la historia, pero un pequeño epílogo ^^

Que cansina soy ^^

besosss

Antonella

No tranquila, cherry! =)... Enreliada pensaba en hacer un final alternativo a peticion de otra chica! pero iba a ser un final que la djaria ---> o________o... Y luego vendrian a buscarme y despues a descuartizarme!

PD: Cuando pueda te hago tu epilogo! =)

KaRoL ScAnDiu

Me Encanta el blog y como escribes. Espero que te pases por mi blog donde publico mi novela que esta llena de seduccion, pasion y sangre. Si quieres nos enlazamos, tu dimelo... Besos...
http://www.deseoyoscuridad.blogspot.com

Anónimo

La historia es buenisima, amo tu forma de escribir. Gracias por publicar en internet todas tus historias. Actualmente me tienes enganchadisima con Besos de Medianoche.