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Nada por ahora
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Capítulo I

Capítulo I

Los lunes eran los peores días de las semanas. En especial los lunes, algo temprano en la mañana, cuando el profesor que se encargaba del área vocacional, lo llamaba sin falta a su oficina para una reunión temprana.

El profesor de música, Jake Morgan, era una verdadera piedra en el zapato. Tenía el cabello negro, ni muy corto así como tampoco largo y unos vaporosos ojos color marrón oscuro que podrían fácilmente confundirse con el negro.

Era la sensación entre las estudiantes femeninas de Wilston High School. Un instituto algo caro, en el que se les permitían las becas a estudiantes prodigios. Como por ejemplo a él mismo.

—Deja de jugar con mi lápiz, Kyle —Jake le golpeó ligeramente la mano, haciéndolo soltar el objeto y dejándolo caer en el escritorio.

Su despacho era amplio, con ventanales cubiertas por cortinas de color crema. El escritorio era de madera de roble, en un tono oscuro y había una pequeña estantería de libros en el mismo tono, con algunos que otros trofeos de música.

Era algo molesto que fuera en tonos pasteles. Si fuera por él, lo hubiese pintado de negro o de un azul oscuro.

—Como quieras —Dijo encogiéndose de hombros y recostando completamente la espalda de la silla.

Jake frunció el ceño en su dirección y se cruzó de brazos dejando escapar un suspiro.

—No creas que a mí me gusta reunirme contigo todos los lunes en las mañanas —Admitió llevando su mano a sus ojos y frotándolos con cuidado —. Ver tu cara me irrita.

Eso arrancó una sonrisa de sus labios.

—El sentimiento es mutuo, profesor.

Enseguida, un silencio se hizo espacio entre ambos.

—¿Sabes ya en qué universidad entrar? ¿La carrera que deseas estudiar? —La misma pregunta, de todos los lunes en la mañana.

—Llevare a mi banda al estrellato, eso es lo único en lo que puedo pensar —Y la misma respuesta obtenida.

Un tic se hizo espacio en el ojo derecho de su profesor.

—¡¿Cómo demonios puedes ser tan terco?! —Le gritó enojado —. Siempre escucho lo mismo, cada vez que te pregunto ¿Qué eres estúpido? No puedes lanzar tu vida por la borda, solo por una maldita banda que quizás jamás verá la luz del día.

Kyle se levantó de la silla, completamente enojado y con amenazas de golpearlo en la cara.

—Se supone que eres mi orientador —Siseó, algo dolido por sus palabras y disfrazando su tono con un veneno latente por sus venas —. Deberías apoyarme, no desalentarme.

—Te apoyo —Jake lo observó fijamente indicándole que se sentara de nuevo, pero como ambos sabían, no volvería a tomar asiento —. Porque tienes mi apoyo es que necesito sacar ideas idiotas de tu cabeza. Kyle, tienes que comprender que esa banda no te llevará a ningún lugar.

Chistó mientras lo fulminaba con la mirada, dejo sus manos dentro de los bolsillos del pantalón de su uniforme y se dio la vuelta.

—Lo que haga o deje de hacer, realmente no tiene nada que ver contigo. No te metas.

Como era de esperarse, Jake no intentó detenerlo. Nunca lo intentaba y no parecía dispuesto a intervenir… Cosa por lo que él agradecía en silencio.

Odiaba cuando su profesor comenzaba a decir chorradas respecto a la banda; él realmente sabía aguantarse cada sesión del lunes en la mañana, pero no evitaba molestarse cuando Jake salía de sus casillas y iniciaba una retahíla de idiotas frases psicoanalíticas.

Caminó por el pasillo frunciendo la frente con enojo, y amenazando con la mirada a cualquiera que se atreviera a observarlo. Para él, era normal un escándalo de vez en cuando.

Y más cuando las chicas idiotas, se arrinconaban y susurraban cosas cuando creían que él no las oía.

Como por ejemplo en ese momento.

—¡Kyle!

Oh, Joder…

El cabello color arena de Karen Dindson, se tambaleaba con el movimiento de sus caderas. La falda color oscuro del uniforme, le llegaba a medio muslo y las medias negras subían hasta sus pantorrillas. Cualquier hombre diría que Karen era una belleza, con su tez bronceada y sus ojos entre verdes y marrones.

Pero él sabía la verdad… Era un verdadero fastidio.

Ella avanzó y se colgó confiadamente de su brazo, haciendo que soltara un gruñido que expresaba su molestia.

—Suéltame —Sentenció enojado.

Karen fue prudente por primera vez en su vida, y se alejó de él unos cuantos pasos, con expresión nerviosa.

—¿Cómo puedes comportarte así con tu novia?

Él rodó los ojos.

—No eres mi novia.

—Lo soy —Los ojos de ella relampaguearon con furia —O se te olvidó que lo hicimos hace dos noches, detrás del club.

Esa afirmación lo hizo reír con ironía. Caminó intentando ignorarla, pero sin poder contener su respuesta.

—Estaba ebrio, Karen —Dijo con crueldad. Y era verdad, simplemente había estado noqueado y no había sabido medir sus acciones. Si hubiese estado en sus cabales en ese momento, habría sabido mantener las distancias con ella.

Karen era solo un peso en los hombros. Era demasiado caprichosa y egoísta, y desde luego, no sabía contener sus actos hasta el punto de dañar a todos los que la rodeaban.

—¡No puedo creer que dijeras eso, Kyle Hastings! —Le gritó siguiéndole el paso —¡Tú me amas!

Él se detuvo y entrecerró sus ojos totalmente enojado.

—No digas idioteces —Habló en un tono de voz bajo, sin muchas ganas de armar una escena con ella —Yo no amo a nadie, y si lo hiciera, te aseguro aquí mismo que no sería a alguien tan superficial como tú.

El rostro de Karen empalideció totalmente, y por un momento sus ojos se desorbitaron antes de encenderse con furia y con una promesa que él no deseaba descifrar.

—¡Hastings! –La voz de Michael Flym, uno de sus compañeros del aula, lo hizo suspirar de alivio por la interrupción de su conversación con Karen. El joven alto y atlético de cabellos rubios oscuros y ojos azules, le devolvió la mirada y sonrió cortésmente hacia Karen.

Rodó los ojos cuando la muchacha le devolvió la sonrisa coquetamente, en un vago intento de conquista, que fue olímpicamente ignorado.

—Michael —Saludó inclinando su cabeza.

El rubio pasó completamente de Karen y se concentró en él.

—Lastima que no te pasaras hoy por la sinfónica —Le dijo con expresión decaída —. Te perdiste de la práctica de Alyssa.

Su compañero estaba en la sinfónica, con el instrumento del chelo. El nombre de Alyssa Benington no le pareció tan anormal… Era bastante común oírlo durante todo el día y por cada pasillo del instituto.

Karen resopló fastidiada.

—Esa estúpida, es una creída nada más —Murmuró, de manera que solo él fuera capaz de oírla. Ella se cruzó de brazos frunciendo el ceño al ver que la conversación giraba en torno a la princesa de Wilston High School y no alrededor de ella.

Prácticamente se dispuso a darle la espalda, cuando algo en el pasillo llamó su atención. Abrió los ojos de par en par cuando notó algo que era bastante común también.

Como siempre, Chelsea Johanssen, estaba rodeada de un grupo de chicas. Que parecían burlarse de ella.

Johanssen siempre llevaba una máscara fría por rostro y parecía ignorar cada una de las burlas y amenazas recibidas, lo que conseguía avivar aun más el fuego de odio por parte de ellas. Kyle jamás había logrado entender, porque esa chica, tan pálida, delgada y visiblemente frágil, podría ganarse tanto odio por parte de varias jóvenes.

Michael y Karen también clavaron la vista con interés en el suceso. Karen rió sarcásticamente y observó lo acontecido con diversión.

—Es una imbécil —Dijo con voz llena de resentimiento —Además que es un tonta malcriada y que le encanta ofender a los demás, nunca hace nada para defenderse.

Apretó los puños a ambos lados de su cuerpo, por el trato que recibía Chelsea. Entonces las tres chicas la empujaron haciendo que cayera sentada en el suelo y que sus libros cayeran con ella.

Risas crueles invadieron el pasillo. Risas llenas de burlas, que lo dejaron helado y que luego lo llenaron de determinación y odio hacia todas aquellas personas, en cuanto la chica que estaba en el suelo bajo la vista buscando algo de dignidad para recoger sus cuadernos.

No se dio cuenta que tanto él como Michael se habían aproximado hacia las tres chicas y Chelsea, con intenciones de defenderla, hasta que aparecieron dos nuevas figuras.

—¿Tienes algún problema, imbécil? —Los cabellos rubios de la chica caían en ondulaciones sobre su espalda hasta su cintura. El uniforme a su medida y con la falda un poco más larga que el medio muslo. Sus ojos color ámbar brillaban llenos de fuego y odio hacia las tres jóvenes que molestaban a Chelsea —Avisaré de esto al profesor auxiliar, y les esperara un precioso castigo a las tres.

Noelle Travis. La imponente muchacha, presidenta de la sinfónica. Poseía un rostro de ángel y una voluntad de hierro, así como también era la chica más hermosa en el instituto, después de la mismísima princesa.

Noelle se cruzó de brazos y las tres chicas, nerviosas, se dieron vuelta y corrieron en dirección contraria.

A nadie le sorprendía esa escena, y más aun cuando otra chica llamó aun más la atención. Alyssa Benington se arrodilló al lado de Chelsea y le ayudó a levantar todos sus libros.

Tenía su largo cabello color rojo vino sujeto en una cola alta. Sus rasgados ojos verdes, eran tan sigilosos y juguetones como los de un gato, y su cuerpo era cuidadosamente moldeado por el uniforme reglamentario. Su tez era de un tono porcelana y los rasgos de su rostro, hacían suspirar a todos y cada uno de los chicos en el instituto. Era demasiado hermosa. Y a la vez demasiado misteriosa.

Kyle dejo de observar a la princesa de Wilston High School, para observar de nuevo a Chelsea. Parpadeó medianamente sorprendido al ver como su fría expresión se había ablandado ligeramente con la aparición de ambas chicas.

Los ojos color chocolate brillaban ligeramente agradecidos, y sus mejillas se encontraban sonrojadas por la expectación. Ella nunca sonreía, por lo que sabía y lo que había visto… Pero era capaz de poner una expresión inocente y llena de gratitud en su rostro. Los cabellos castaños, estaban cortados un poco más debajo de los hombros y las puntas se enroscaban en graciosos rizos.

Era difícil describir el cuerpo de ella, ya que siempre usaba el uniforme unas dos tallas más que la propia.

—¿Estás bien, Chels? —Preguntó Alyssa, levantándose y luego tendiéndole la mano para ayudarla a ponerse de pie.

—Lo estoy… —Dijo con voz baja, como si temiera ofender a alguien con su habla.

—Te he dicho que si te molestan, vayas a buscarnos o busques a un profesor —Suspiró Noelle, tendiéndole el último de los libros que estaban en el suelo.

Las tres se dieron vuelta y comenzaron a caminar al lado contrario de donde él se encontraba, mientras conversaban tranquilamente.

—Y allí van… —Suspiró Michael —Las tres señoritas prodigios de la sinfónica.

Él ladeó la cabeza.

Las tres genios de la música de Wilston High School. La pianista y directora, Noelle Travis. La violinista y encargada de las partituras, Chelsea Johansson. Y desde luego la corista y la chelista Alyssa Benington.

Aunque era extraño verlas juntas y más aún oírlas tocar una pieza en conjunto, cuando lo hacían, provocaban un extraño sabor en la boca. La música de las tres se complementaba entre sí.

Las tres jóvenes de dieciocho –Alyssa y Noelle- y diecisiete –Chelsea-, no tardaron en desaparecer por una de las puertas, ignorando la mirada de todos los demás estudiantes.

—Vamos —Dijo a Michael, dispuesto a irse a su aula antes del comienzo de la siguiente clase.

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For You Only: Prologo

For You Only




Género: Drama/Romance Sentimental
Resumén:

Kyle Hastings solo desea una cosa, Lograr el excito de su banda de rock callejero y lograr sacarlos del club nocturno en el que trabajan.

Aaron Granger solo busca salir de la rutina. Intentando encontrar emoción en un mundo pálidamente vacio, en compañía de su mejor amigo Kyle.

Jake Morgan solo se interesa en cumplir el deseo de su padre al volverse educador, deshaciéndose de sus mayores sueños de convertirse en un compositor.

Para los tres hay una cosa en común: El amor es unilateral. Una simple palabra que no tiene sentimientos y que es una mera ilusión. Por lo menos así creían… Y lo más impresionante de todo, es que tres jovencitas están dispuestas a enseñarles el verdadero significado de una palabra que carecía de sentidos.





Prologo

Era otoño. Claro que definitivamente era otoño. Qué cosas idiotas pensaba… Obviamente si las calles están cubiertas de hojas de colores opacos como una oscura y poco gustosa alfombra tétrica, solo ocurriría en el jodido otoño.

Su respiración se veía corrompida ligeramente por el frio mientras ajustaba la bufanda alrededor de su cuello.

—¿Cariño? ¿Ya te vas? —Preguntó su madre. Él alzó la vista y la observó de reojo antes de seguir ajustando su ropa y colocar el abrigo sobre ella.

—Eso parece —Le dijo acercándose y plantando un sonoro beso en su mejilla. Se calzó las botas para nieve y abrió la puerta dando la bienvenida al aire frio de la tarde, que jugaba sobre su rostro como un niño travieso. Entrecerró los ojos y gimió en silencio. Si de tarde el frio era literalmente insoportable, a estas horas de la noche era terrible.

Frunciendo el ceño se acercó a la moto aparcada en el garaje de la casa y tardó muy poco en calzarse los guantes y colocarse el casco. Arrancó del lugar, apenas se subió y encendió los motores.

La brisa bailaba al compás de la velocidad de la moto, y acariciaba sus mechones de cabellos negros, haciéndolos revolotear. Había sido una suerte, que hubiesen recogido las hojas durante la mañana.

Si no hubiese sido imposible sacar su Harley de paseo.

La hora nocturna, que había escogido para salir había sido la indicada. El tráfico era imperceptible, y las calles se veían ciertamente desoladas sin una sola alma alrededor.

El sonido de su motocicleta era lo único que se oía a parte del silbido del frío viento de la estación. Después de un camino de aproximadamente diez minutos, aparcó su harley en el callejón trasero y la cubrió con la sabana de color crema, que siempre usaba para protegerla de la vista.

El olor maloliente del viejo y ruidoso club nocturno picó en su nariz.

Él sabía apreciar que trabajar allí tres veces a la semana, dos horas por noche, podría traer sus beneficios. Licor gratis por ejemplo.

Llevó las manos inconscientemente a los bolsillos de su chaqueta mientras caminaba hasta alcanzar la puerta trasera del club. El sonido de la música y el hedor a licor rancio, era el ambiente característico de “The Night’s”.

—Llegas tarde, Kyle.

El sonido de una tan conocida voz masculina, hizo que sus piernas abandonaran un poco su paso apresurado. Observó de reojo a su lado izquierdo, el club estaba lleno de mujeres con poca ropa y hombres borrachos que daban palmadas a los traseros de ellas. Una visión enfermiza.

—Hadrien —El segundo guitarrista de la banda callejera en la que estaba desde hace tres años, se encontraba sentado en uno de los bancos con el ceño fruncido. Su cabello rubio cenizo le llegaba hasta los hombros y vestía una chaqueta de cuero con un extraño estilo de lagartija (N.A: Kyle se refiere a un estilo de cocodrilo -.-) que aterrorizarían a cualquiera. El líder de su banda podría tener un talento con la guitarra de los mil demonios, pero en cuanto a elegir vestimenta era un total fracaso.

Hadrien se levantó y tomó uno de los cigarrillos de su cajeta, lo encendió y comenzó a fumarlo. El humo hizo que tosiera y frunciera el ceño con molestia.

—¡Joder! Quita tu asqueroso cigarro de mi cara —Dijo en un tono de voz bajo pero a la vez amenazante.

Su expresión causó una risa en Hadrien, quien ignoró su petición y siguió fumando su cigarrillo, apartándose un poco de él y moviéndose entre la multitud.

Tanta conversación, era molesto. Nótese el sarcasmo, que Hadrien hablaba muy poco. Puso los ojos en blanco y lo siguió con una mueca de fastidio reflejada en su cara, hasta que llegaron a la parte trasera del escenario.

Arqueó una ceja mientras se movilizaba hasta alcanzar su bajo. LO observó atentamente analizándolo, antes de clavar la vista en Theo, su otro compañero de banda y el baterista.

—Conseguiste arreglar la cuerda rota —Dijo mientras inclinaba la cabeza en forma de respeto. Theo era un experto a la hora de arreglar uno de los instrumentos rotos, y por eso tenía toda su admiración. Con el cabello color caoba cortado al ras y los ojos de un extraño tono azul, que lo hacían parecer más un gato que un hombre, Theo era inteligente y de cierta manera muy interesante para las personas del sexo opuesto—. Gracias.

Y un baterista, que era capaz de tocar con los ojos vendados y hacerlo a la perfección.

—Ten más cuidado la próxima vez, Kyle —Theo tomó un trago de su cerveza y luego lo observó de reojo —. Intenta no golpear a nadie con tu instrumento o acabaras llorando cuando ya no pueda repararlo.

Kyle soltó un suspiro avergonzado.

—Pelea de borrachos. Solo intentaba ayudar a Aaron —Entonces parpadeó y observó a su alrededor con la esperanza de ver a su amigo —.Y hablando de eso… ¿En dónde está?

Y como si hubiese sido invocado, la risa de Aaron se oyó como un estruendo y su alta y atlética figura apareció de la nada. Dos mujeres intentaban colgarse de su brazo y el las esquivaba con elegancia y cuidado.

En su rostro estaba una sonrisa, que solo quienes lo conocieran bien entenderían que era completamente falsa. Así era Aaron, siempre amable… A pesar que deseara lo contrario.

Las dos mujeres, una rubia oxigenada con el cabello obviamente teñido y una morena de cara autosuficiente –ambas con poca ropa sobre sus moldeados cuerpos- saltaban sobre él con instintos sexuales saliendo de sus poros.

Kyle rodó los ojos. Allí iba la cosa de nuevo.

Se acercó en un movimiento silencioso y con gran sigilo, imitando a los movimientos de un gato. Deslizó los brazos por la cintura de Aaron y recostó en silencio, su barbilla del hombro de su amigo.

Fulminó a ambas mujeres con la mirada y se aseguró que su rostro expresara odio para ahuyentarlas.

—Paren de tocar lo que me pertenece por derecho —Dijo fría y calculadoramente. Las expresiones de ambas no tenían precio.

Tanto la rubia como la morena, empalidecieron instantáneamente. Sonrisas falsas surcaron sus rostros antes que se dieran vuelta y se fueran, tambaleándose completamente desconcertadas.

Enseguida una risa surcó la habitación, y retumbó en el estomago de Aaron.

—Gracias —Dijo mientras se separaba y limpiaba las lágrimas de humor de sus oscuros ojos marrones. Su cabello negro estaba perfectamente cuidado y como era de esperarse, vestía un simple jean en tonos oscuros y una polera de color negro. En su espalda colgaba el estuche con su guitarra.

Kyle se encogió de hombros, restándole importancia y se dio vuelta hasta volver a alcanzar su bajo.

—Me pregunto qué demonios tienes que atraes a las mujeres, como la luz a las moscas.

Aaron solo sonrió mientras se acercaba en silencio y se dejaba caer sentado sobre una de las pilas de cajas. La parte de atrás del pequeño escenario dentro del establecimiento, era el único sitio donde podían estar y sentirse a gusto.

Theo y Hadrien los observaban fijamente y en silencio, uno con el cigarrillo entre los labios y el otro tomando tranquilamente su vaso de cerveza.

—¿Qué?

—¿Al fin se definieron? —Preguntó Hadrien sonriendo burlonamente y apagando el cigarrillo con su pie.

Kyle lo fulminó con la mirada antes de tomar su bajo y caminar hasta el otro lado de la parte de atrás del improvisado escenario.

Aaron rió.

—Sabes porque lo hacemos, Hadrien así que para.

—Es que es insólito, que se hagan pasar por pareja y rechacen a tantas mujeres —Dijo frunciendo el ceño ligeramente acercándose a su guitarra —. Eso no lo haría un hombre normal.

Lo haría uno que ya tenía suficiente de mujeres, de sus caprichos e idioteces. Desvió la vista fastidiado por el rumbo que comenzaba a tomar la conversación, aunque debería de estar acostumbrado por las constantes bromas de sus amigos… Pero no hacían más que molestarlo.

—Solo ahuyentamos a las mujeres que nos parecen fastidiosas o de mal gusto —Se oyó la voz de Aaron, mientras descolgaba el estuche a su espalda y sacaba su guitarra con sumo cuidado.

—Lo sabemos —Theo y Hadrien hablaron al unisono y luego soltaron una carcajada.

—Algún día encontraran a una chica amen de verdad —Theo limpió sus lágrimas de la risa y vacío el resto del contenido de su vaso, en una de las macetas cercanas. Un ritual que aplicaba siempre que iban a tocar. Luego tomó las baquetas de su bolsillo y las lanzó al aire para luego atraparlas de nuevo —. Y entonces será una verdadera mierda.

Amor. Irónicamente esa palabra lo hacía querer reírse en la cara de Theo.

En su vida no había espacio para el amor, ni ahora, ni después. Se negaba a salir herido… Simplemente no querría volver a repetirlo y darle la satisfacción de sufrir por culpa de una mujer.

Siguió a sus compañeros por las escaleras del escenario y arrugó la frente mientras tomaba su bajo fuertemente.

Dio una mirada de reojo a los espectadores e hizo una mueca.

Algún día saldrían de ese apestoso lugar y triunfarían como lo merecían. Algún día. Él se encargaría de ello.

Esperó pacientemente a que el resto de los integrantes acabaran por alistarse.

Y bajo la mirada de las personas en el club nocturno, comenzaron a tocar los acordes de One Last Kiss, la canción original de Madina Lake.
6

Remodelación del blog

Hola chicas-cos... ¿Que tal les va?

Bueno, vengo a responder unas preguntas y de por sí a avisar que si ven un cambio en el blog, pues no se asusten.

Voy a modificar el blog para comenzar la publicación de una blog-novela. Sé que he dicho con anterioridad, que no escribiria más novelas largas, pero mientrashago las correcciones de mis historias ya terminadas, me ha apetecido publicar algo. Algo largo. Bueno, y entre hoy tarde y mañana hasta la noche, el blog estara remodelado y comenzare con la publicación del prologo de la historia que está titulada: For You Only.


Aclaratoria de unos comentarios en el blog que coincidian en lo mismo:

La serie los condenados, no se publicará más en el blog. Chicas o chicos, ya dije que iba a continuar en una editorial -si es posible- pero ahora estoy corrigiendo. No habrá links para descargarlos, así que lo siento.
Y Realmente no sé cuando esten publicados. Pero cuando lo sepa, prometo avisarles por aquí.


Saludos,
Anto.