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Nada por ahora
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Amor Al Azar. Historia 1º. Capitulo 3

Capitulo Tres

Al día siguiente, Frederic le pidió a Paul que le permitiera obtener la noche y el resto del día siguiente, completamente libre.

El secretario pareció estupefacto –Era la primera vez que Frederic, quien era totalmente entregado a su trabajo, pedía alguna vez tiempo libre- pero no mostró resistencia, en realidad incluso se atrevería a decir que Paul parecía extrañamente feliz, agregando que le había preguntado si no deseaba toda la semana completa. Frederic simplemente había arqueado una ceja.

La mañana y toda la tarde estuvo ejerciendo su trabajo de acompañante, con una joven viuda en un acto benéfico. Sentado en uno de los bancos bajo las sombras, la mujer intentó un par de veces, dirigir su mano para alcanzarle la entrepierna.

Movimientos que Frederic evitó audazmente –Lo que lograba la costumbre a ese tipo de cosas -.

Llegó a su casa alrededor de las diez, estaba totalmente agotado por el trabajo. Pero su cuerpo y mente necesitaban encontrarse con Marissa. Se dio una ducha y se vistió con una camiseta de A&F, y tomó las llaves.

Para cuando partió a casa de Leonard estaba lloviendo con fuerza y eran cerca de las once de la noche. Se estacionó y maldijo por lo bajo cuando salió del auto y terminó empapado debido a la lluvia. Su cabello mojado caía por su frente y su ropa pesaba mucho más, tocó el timbre del elegante pethouse y mientras esperaba, sacudió su cabello empapado.

La puerta se abrió y un jadeo femenino flotó en el aire. Marissa parpadeaba sorprendida y una mano cubría sus labios.

-Hey –Saludó él con una pequeña sonrisa en los labios.

-Pensé que no vendrías –Admitió ella. Frederic la analizó, su cuerpo estaba cubierto por una pijama rosa con detalles en azules. Sus risos sueltos le llegaban a la mitad de la espalda.

Frederic se encogió de hombros.

-Se me hizo tarde en el trabajo –Dijo.

Marissa se hizo a un lado y lo dejo pasar en busca de una toalla en el armario y se la tendió.

Frederic secó sus cabellos y la observó cruzarse de brazos con expresión pensativa. Él dejó caer la toalla en la silla y para sorpresa de ella pasó a sacarse la camiseta mojada dejando a la vista su pecho desnudo.

Los ojos de Marissa se clavaron en los de él y notó como la respiración de ella se hacía pesada.

Desabotonó su bragueta y se deshizo de los zapatos y medias para luego quitarse los jeans y dejarlos caer al suelo, quedando solo con los mojados y ajustados bóxers de color negro.

Marissa enrojeció mientras deslizaba los ojos por su cuerpo prácticamente desnudo. La respiración se le corto y sus labios se separaron en un suspiro para dar asomó a su lengua, mientras se relamía los labios. Frederic noto como apretaba los brazos contra sus pechos y juntaba sus muslos al detener los ojos en su entrepierna.

-¿Quieres que meta tu ropa a la secadora? –Preguntó con voz ronca. Sus ojos brillaban con expectación y lujuria y eso calentó su cuerpo, endureciendo aun más su erección.

-No –Dijo –Ya se secara sola –Se cruzó de brazos y se recostó de la pared –Ahora solo deseo que te desnudes para mí.

Ella abrazó su cuerpo y él notó como temblaba en silencio, deseándolo de la misma forma que él a ella.

Marissa llevó sus manos hasta los primeros botones de la camisa para dormir. Los desabrochó uno a uno, encendiéndolo aún más cuando la prenda rozó su piel al caer, revelando sus pechos desnudos y sus pezones erizados. Su figura era delicada y su vientre ligeramente abultado.

Ella deslizó los dedos dentro del mono del pijama y lo dejó caer al suelo, quedando simplemente en unas bragas de color negro. Frederic bajó avista hasta la unión de sus muslos.

-Las bragas –Demandó.

Marissa apretó los labios y frunció el ceño.

-El bóxer –Soltó ella.

-Quítatelas, Marissa –Sentenció, entrecerrando los ojos. Ella dudo, pero llevó las manos a la elástica de las bragas y las deslizó revelando un triangulo de rizos castaños.

Su miembro saltó enviando una oleada de placer por su cuerpo. Se quitó el bóxer y se acercó a Marissa, se arrodillo en el suelo sorprendiéndola.

-Abre las piernas.

Ella jadeó asustada en respuesta.

-¿Qué harás?

Frederic cruzó una mirada caliente con ella.

-Deseo Verte.

Gimiendo en respuesta, Marissa separó los muslos en respuesta. Frederic soltó un jadeo placentero al observarla.

-¡Dios santo, Marissa! Estás tan húmeda... –Y sin decir nada más, sumergió la cabeza entre los muslos de ella, probando y saboreándola. Jactándose de su sabor y deleitándose con cada gemido que ella soltaba en respuestas a sus intimas y sensuales caricias. La condujo al orgasmo dos veces, hasta que las piernas de ella temblaron por el esfuerzo.

Después no supo en qué momento, entre besos apasionados y siendo guiado por su aroma, llegaron a la habitación de ella.

Frederic había metido unos cuantos preservativos en el bolsillo de su pantalón, se apresuró en colocárselo y en volver junto a ella.

Le separó os muslos y mientras devoraba sus labios y se degustaba con la textura de sus pecho contra sus manos, entró en ella con fuerza y profundamente arrancándole un fiero gemido de su garganta.

Con dos embestidas, Marissa alcanzó un nuevo orgasmo, sorprendiéndolo por la rapidez. Esperando a que ella se recuperara, salió de su interior y le dio vuelta sobre su estomago, dejándola sin respiración por la posición que había adquirido sobre sus manos y rodillas.

Está vez entró en ella con embates furiosos y necesitados. Jugó con los pezones de Marissa y deslizó los labios por su nuca.

La liberación lo alcanzó, justo cuando los músculos que envolvían su miembro se contrajeron en busca de la liberación, apretó a Marissa contra él sintiendo como era llevado al éxtasis dentro de su cuerpo.

Las respiraciones entrecortadas y jadeantes, de ambos entremezcladas era música para sus oídos.

Con cuidado, salió del interior de Marissa y se dirigió l baño para deshacerse del preservativo que envolvía su ahora flácido miembro. Se lavó las manos y cuando regreso, Marissa aun seguía en la misma posición buscando recuperarse.

Levantó el rostro en cuanto el cuerpo de Frederic hundió el colchón de la cama. Ella le dedicó una sonrisa mientras se daba vuelta y se acurrucaba contra él. Frederic a aceptó gustoso, apretándola contra su cuerpo.

-¿Te quedaras, cierto? –Frederic hundió su nariz en los cabellos de ella, aspirando profundamente.

-En efecto –Susurró –No creo poder levantarme con lo seco que me hs dejado.

Ni por eso. SI fuera por él permanecería por siempre acurrucado contra ese hermoso cuerpo femenino.

Contra esa mujer, que comenzaba a hacerle perder la cordura y que no sólo lo hacía parte de sus juegos de seducción, si no que se adueñaba lentamente de su corazón.

Y que dios lo ayudara, porque no solo deseaba cederle su corazón a ella, si no que deseaba con todas sus fuerzas ser él el dueño del corazón de Marissa Snow.

Hicieron el amor muchas veces más durante el día, e incluso vieron una película juntos. Frederic se sentía extasiado mientras compartía momentos al lado de Marissa.

Para cuando volvió a casa se percató de lo solitario que estaba todo sin ella alrededor. Se había vuelto adicto a su presencia, a su risa, a su aroma. Se había vuelto adicto a toda ella, como si fuera alguna especie de droga.

En la noche necesitó el calor del cuerpo de ella y revisó su teléfono móvil con la esperanza de encontrar algún mensaje de parte de ella, pero solo encontró el buzón totalmente vacío.

Y mientras se imaginaba a Marissa junto a él, descubrió con ironía que estaba patéticamente enamorado de una chica de diecinueve años. Y que con solo un par de horas sin ella, comenzaban a enloquecerlo.

La mañana siguiente fue todo un infierno. Tenía dos trabajos, y en ninguno de los dos trabajos podía tener la mente enfocada en revelar sus encantos a las mujeres.

Su humor era de perros, a pesar de esto intento disimularlo en la cena a la que tuvo que asistir con una hermosa modelo que había contratado sus servicios. Toda la jodida noche, la mujer buscaba escusas para lanzarse sobre él y rozarle los pechos contra el costado, cosa que no hacía más que enervar su poco agradable humor.

Y justo intentaba zafarse de ella cuando su móvil sonó. Hay… La vida de un acompañante no era en definitiva parada nada fácil.

-Diga –Contestó enojado.

-… -El silencio del otro lado de la línea no hizo más que enervarlo -¿Frederic? –La voz suave de Marissa era un tono cauteloso.

-¿Marissa? –Preguntó sorprendido a pesar de que ya había reconocido su voz. La modelo se abalanzó sobre él aprovechando el momento de distracción. Frederic gruñó –Disculpa, estoy trabajando en estos momentos.

-Pero…

-Hablamos luego, Marissa –Sabia que había colgado bruscamente, pero la jodida mujer prácticamente había desabrochado la bragueta de sus pantalones. Ya se disculparía con ella de la manera correctamente.

Cuando llegó a casa esa noche, y marcó el número de ella, solo sonó la contestadora del otro lado de la línea.

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Amor Al Azar. Historia 1º. Capitulo 2

Capítulo Dos

Pasados tres días, Frederic se sentía con ganas de cometer algún homicidio con tal de aligerar la tensión. Apretó la mandíbula, mientras dejaba caer su cabeza contra la almohada.

Llevaba tres noches seguidas sin lograr pegar el ojo, y enormes bolsas se habían formado bajo sus ojos.

Se quitó las sabanas de encima por medio de una patada y caminó a la cocina a paso apresurado, principalmente a donde se hallaba la cafetera, donde se encontró a si mismo sirviendo una taza de café muy bien cargado. Se sentó en la silla del comedor y se frotó la cara con su mano libre.

Por todos los santos que no era ni meramente capaz de desaparecer de su mente el rostro de Marissa. Y su cuerpo insistía una y otra vez en recordar, lo bien que se amoldaban el uno al otro.

Todas las jodidas noches que no había podido dormir fueron a causa de sus sueños con ella. En lugar de tomarla detrás de la pared de aquel baño, lo hacía entre las sabanas de satén blanco de su cama. Se levantaba completamente duro y sudoroso con la necesidad de tomarse una ducha helada.

Dejó caer su cabeza hacia atrás y observó fijamente el techo. Hace mucho tiempo que no había sentido esto por una mujer.

No. Nunca había sentido esto por una mujer.

Se frotó los ojos e incorporándose tomó un sorbo de café.

Al terminar la taza, se levantó y observó su reflejo en el espejo.

Los cabellos oscuros caían sobre su frente y en la parte de atrás acariciaban levemente su nuca. Los ojos de un inconfundible tono chocolate le devolvían la mirada. Necesitaba una buena afeitada para despejar su fuerte mandíbula.

Solo llevaba unos bóxers de seda negros; el resto de su cuerpo estaba descubierto. Su pecho musculoso y su vientre delgado, fruto de una buena alimentación y una hora de deportes diaria. Las piernas largas y musculosas y los brazos tonificados. Su piel estaba bronceada, debido a la piscinada a la que había asistido en su último trabajo.

Soltó un suspiro.

Con treinta años se veía bastante bien.

Bufó cuando observó el reloj. Eran las ocho de la noche. Esa noche se había una cena en casa de Leonard Snow y él no debía faltar, sería como decepcionar las buenas intenciones de su jefe.

Caminó hasta su habitación, se bañó y se afeitó. Eligió vestirse con una polera de cuello alto color negro, que se ajustaba a la musculatura de su pecho y unos jeans desgastados. Se calzó unos zapatos converse negro de corte bajo y tomando las llaves de su automóvil, se encaminó a la casa de Leonard.

Como era de esperarse, todos los acompañantes y Paul asistieron. Simon, Elliot y Paul vestían tan casual como él mismo y durante toda la cena hablaron de cosas triviales, Frederic no tardó en excusarse con la intención de ir al baño.

Se enjuagó la cara y se apoyó contra el marco de la puerta durante unos minutos. Cuando salió del cuarto de baño encontró que la luz salía de uno de los cuartos y el sonido de la televisión llamó su atención. Asomó su cabeza por la puerta y sus ojos quedaron clavados en la figura que se encontraba en el sofá.

Marissa Snow tenía las piernas contraídas contra su pecho, el mentón descansaba sobre sus rodillas y su mirada estaba perdida en la película. Su corazón palpitó rápidamente, se veía inhumanamente irreal, inocente y perfecta allí donde se encontraba.

Pero ella pareció darse cuenta de su presencia puesto que despegó sus ojos de la pantalla y la clavó en él. Marissa parpadeó un par de veces mientras él entraba en la habitación y cerraba silenciosamente la puerta tras él.

-¿Frederic? –Preguntó en un susurro, mientras bajaba las piernas del sofá. Llevaba una camiseta y un mono para dormir, se veía hermosa y tiernamente adorable con esa expresión de sorpresa y desconcierto en sus bellos rasgos.

Y otra vez comenzaba a sentirse seducido por ella. Se acercó y se sentó al lado de Marissa en el sofá y la atrajo hacia él, sintiendo su frágil y curvilíneo cuerpo chocando contra su pecho y la envolvió en un abrazo que calentó cada parte de su ser. Suspiró cuando el aroma de sus cabellos le llegó a la nariz. Era un extraño aroma a piñas y a chicle.

Dios… Cuanto había deseado verla. Pensó en esos tres días que estuvo a punto de volverse loco sin ella.

¿Qué demonios le sucedía?

Tomando impulso, se obligó a sí mismo a separarse de ella.

Marissa parpadeaba entre sorprendida y atareada. Lo observó a los ojos y con su delicada mano le acarició la mejilla. Frederic no se resistió a sus impulsos y atrayéndola hacia él, dejó caer su cabeza hasta que sus labios se encontraron en un candente beso.

Fue calmado, mucho más de lo que lo fue su primer encuentro, simplemente se besaron y se mantuvieron abrazados. Frederic comenzaba a pensar que ambos se sentían a gusto con el otro. La atracción era inminente y fuerte.

Ella lo seducía. Y quisiera o no, Frederic caía en sus juegos de seducción. Ella se separó de él, suspirando contra sus labios. Sus ojos lo observaban como si fuera la criatura más fascinante del mundo, esa mirada estremeció su corazón.

Con los dedos, ella rozó los labios de él antes de pasar sus antebrazos por detrás de su cuello y besarlo nuevamente.

Sentía el corazón de ella palpitar contra su pecho. Era una sensación extraña. Su ingle palpitó con dolorosa necesidad cuando Marissa se sentó a horcajas sobre sus piernas, volvía a sentir ese deseo arrollador que sintió la primera vez que la vio.

Deslizó las manos hasta su trasero y la apretó contra si, haciéndola jadear debido a la erección que presionaba ligeramente el punto de unión entre sus piernas.

Frederic estuvo tentado a tumbarla en el sofá con la intención de hacerle el amor sin contratiempos. Estuvo a punto de hacerlo cuando sintió su móvil sonar dentro del bolsillo. Frunciendo el ceño, lo sacó de su bolsillo y descubrió que era un mensaje de Simon.

¿Qué te ha sucedido? ¿Te tragó el inodoro, por casualidad? Jaja… Mueve tu culo, que esperamos por ti para el postre.

Simon.

Suspirando, levantó a Marissa sin dificultad y la puso de pie. Ella lo observó con perplejidad.

-¿Qué sucede? –Preguntó compungida.

Frederic se levantó incomodo, con la protuberancia que se había formado en la parte baja de su cuerpo y la cual chocaba de manera molesta contra sus pantalones.

-Tengo que irme –En los ojos de ella se notó con levedad y durante una milésima de segundo el anhelo y el dolor entremezclado. Marissa se hizo a un lado para darle paso.

-Entiendo –Murmuró. Sus ojos chocaban con los de él durante unos segundos. Hasta que él se acercó a ella y tomando un mechón de cabello entre sus dedos, lo olisqueó disfrutando del dulce aroma.

-No es porque no desee quedarme –Susurró y por la expresión en el rostro de ella, llegó a la conclusión de que su mirada estaría cargada de lujuria y deseo.

-Mi hermano no estará aquí mañana en la noche, ni pasado mañana en todo el día.

Era una invitación, Frederic lo sabía.

Y por todos los santos que estaba dispuesto a aceptar lo que ella le ofrecía libremente. La deseaba con tanto ardor.

Cerró los ojos, y la acercó a él, besándola con el deseo y la necesidad a flor de piel y quemándole la ingle.

Al separarse, los labios de Marissa estaba rojos e hinchados por sus besos y su expresión era de aturdimiento.

Entonces notó el par de ojeras que se formaban bajo el par de bellos ojos oscuros de ella. Le besó los parpados con gentileza y se separó por completo de ella.

-Nos vemos –Ella asintió y lo observó irse en completo silencio.

Bajó las escaleras y todos los acompañantes lo observaban con diversión, delatando que antes de aparecerse, había sido el tema principal de conversación. Simon se encogió de hombros y sonrió de oreja a oreja.

-Me pregunto qué tanto hacías allí arriba,

-No tienes ni idea –Dijo entre dientes mientras se sentaba en la mesa y escuchaba parlotear a sus compañeros, hasta que logró zafarse e irse a casa.

Esa fue la primera noche en los últimos tres días que pudo dormir completamente bien y sin interrupciones.

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Amor Al Azar. Historia 1º. Capitulo 1


Historia 1º. Juegos de seducción.


Capitulo Uno

"Me pregunto... ¿Quien fue el que sedujo a quien?"


-Ella es Marissa, mi hermana menor, chicos –Había inquirido su jefe Leonard Snow con cara de pocos amigos –Ha insistido en que la trajera conmigo, ya que no deseaba quedarse sola.

Y el resto de la maldita noche, Frederic Drayton, siendo el acompañante más viejo de todos dentro de la agencia Black Prince, había pasado el resto de la noche haciéndole el amor y devorándose con la mirada a la pequeña y dulce hermanita de su jefe.

Entre trago y trago, su miembro se endurecía dolorosamente al imaginársela sudorosa y abierta ante él mientras se ambos se enredaban entre las sabanas blancas de su cama.

Todo ese sedoso cabello castaño desparramado sobre su almohada y ese angelical rostro contraído por el éxtasis que le provocarían sus expertas caricias. Casi podía sentir sus suaves muslos apretándose alrededor de sus caderas y las paredes de su sexo envolviendo su miembro terriblemente erecto.

Tomó otro trago de whisky al sentir como, con un dolor casi agónico, su miembro se endurecía hasta un punto inimaginable.

Las suaves curvas del cuerpo de Marissa, una muchacha de diecinueve años, estaban envueltas por un ajustado vestido negro de tirantes, que le llegaban más o menos hasta las rodillas.

Apretó la mandíbula contra todo pronóstico.

¿No estaría muy necesitado de sexo como para acabar deseando a una chiquilla de apenas diecinueve años?

Era cierto que llevaba algún tiempo sin acostarse con ninguna mujer, pero era la falta de tiempo que terminaba consumiéndolo. Y a parte de sus clientas, no se permitía a si mismo las energías suficientes para acudir a alguna que otra mujer dispuesta a compartir su cuerpo y su cama con él.

Y que dios lo ayudara, porque no pensaba acudir a alguna de sus clientas habituales para calmar sus salvajes y primitivas necesidades.

Aun así…

Rascándose la barbilla, que era oscurecida por una barba incipiente de dos días, optó por seguir con la vista clavada en ella siguiendo cada uno de los elegantes movimientos de Marissa Snow.

Ella reía y conversaba alegremente con cada uno de los acompañantes, que parecían perdidamente enamorados de ella –en un sentido meramente fraternal- lamentable, que él no se sintiera de la misma forma y la sobrecogiera como una hermana pequeña.

Pero no, Frederic tenía que ser un jodido insaciable que le apetecía en esos momentos, desear a la hermana pequeña de su jefe.

Entonces, el par de ojos dorados de Marissa Snow, se clavaron fijamente en él, mientras la conversación alrededor de la mesa se dispersaba.

Ella le devolvió la mirada con intensidad, entrecerrando muy ligeramente los ojos que reflejaban un urgido deseo que lo dejo atónito por unos segundos. Frederic arqueó una ceja y sonrió divertido, mientras que ninguno de los otros acompañantes pareció percatarse del extraño y singular acontecimiento. Ella se relamió los labios y con la misma mirada caliente sobre él, se acarició “inocentemente” el lugar descubierto sobre el escote de su vestido.

Frederic apretó la mandíbula.

"Maldición" Ella estaba al tanto de que él la deseaba y por su expresión y lo que sus centellantes ojos le reflejaban, Marissa sentía el mismo deseo casi irrefrenable.

Le dio una mirada significativa y arrastró sus ojos por el cuerpo de ella, antes de levantase y excusarse para ir al baño que quedaba en las afueras del bar.
La música, resonaba en el interior del local y estallaba en sus oídos, mientras cruzándose de brazos se recostaba de la pared. Unos seis o cinco minutos después, Marissa salió y clavó su par de ojos dorados en él.

Ninguno de los dos se atrevió a romper la espesa nube de silencio y tensión sexual durante unos minuto completo.

Frederic se acercó a ella hasta quedar frente a frente, estaba seguro de que en esos momentos sus ojos deberían de estar enardecidos por el deseo. El escotado vestido mostraba el inicio de los sugerentes pechos de Marissa, provocando que su boca se le hiciera agua al imaginarse uno de sus pezones erectos dentro de su boca. Acariciándolo y probando la aterciopelada piel.

Marissa pareció entender el giro que habían dado sus pensamientos, por lo que le dedico una sonrisa conocedora.

-Te mueres por colarte debajo de mi falda. Toda la noche sentí tu mirada clavada en mí, como si estuviera paseándome totalmente desnuda por el local –Observó la bragueta de Frederic con interés y luego su sonrisa se ensancho aun más –Y esta es la prueba de ello ¿no? –Sin previo aviso, la mano de ella sujeto el bulto que había formado en sus pantalones, arrancándole un gemido de placer desde lo más profundo de su garganta.

-Oh dios… -Dijo, entonces la arrastró con él hacia detrás de la pared de los años, en el rincón más oscuro donde la luz de la luna no alcanzaba a alumbrar. La noche se presentaba seductora e imprescindible.

La empujo contra la pared y besó esos carnosos y rojos labios. La devoró con impaciencia y deseo. Las curvas del cuerpo de Marissa eran sensuales y perfectas, se amoldaban increíblemente bien a sus propios músculos, causándole una explosión de sentidos.

Introdujo la lengua dentro de esa pequeña y sexy boca y exploró cada rincón de ella, deleitándose con su sabor y disfrutando del caliente movimiento en el que se enredaron ambos, explorándose el uno al otro.

Mientras la besaba, se encargó de bajar los tirantes del vestido y deshacer el escote. Marissa no llevaba sostén y ella gimió contra su boca cuando el frio aire nocturno, golpeó sin piedad sus pechos desnudos.

Deslizó su mano hasta ahuecar uno de sus llenos senos y con el pulgar le acarició el pezón erecto contra su mano. Ella se estremeció en respuesta y separándose ligeramente con los ojos cerrados, murmuró un “oh, dios” cerca de sus labios.

-¿Te gusta? –Le preguntó, rozando los labios contra el cuello de ella.

-Oh, si… -Dijo.

Él rió contra su cuello, deleitándose con la suavidad aterciopelada del cuerpo de ella.

-¿Quieres que lo haga con mi lengua?

Marissa soltó un ronco gemido al tiempo que separaba las piernas en respuesta a las acaloradas palabras pronunciadas.

-Oh ¡Sí, sí!

Y hecho, se introdujo el endurecido pezón en la boca haciendo que gritara de placer. Succionó, lamió y besó ambos montículos hasta dejarlo rosado por sus atenciones. Sentía que iba a explotar si no estaba en su interior.

Le levantó la falda y dejó que el ajustado vestido negro se le arremolinara en la cintura. Gruñó de placer cuando notó la humedad proveniente de sus bragas.

La ayudó a deslizar la prenda por sus largas y torneadas piernas y la guardó en el bolsillo de su chaqueta.

Ella lo observó fijamente mientras desabotonaba el pantalón y dejaba al descubierto su miembro erecto. Sacó la cartera del bolsillo trasero de su pantalón y con desespero, se concentró en rasgar el papel y en colocarse el preservativo. Atrayéndola hacia él la beso con fiereza, penetrando en su boca con la lengua, mientras la levantaba y la hacía envolver los suaves muslos alrededor de sus caderas.

-Dios… -Susurró en un gemido –He deseado esto durante toda la noche.

Y en una brutal embestida desesperada, invadió de lleno el interior de ella. Marissa soltó un grito de dolor, mientras enterraba las uñas en su espalda. Esto lo heló completamente, al igual que las lágrimas en los ojos de ella.

-Santo dios… No sabía que… -Pero no pudo continuar hablando. Marissa era estrecha y deliciosamente, su cuerpo encajaba a la perfección en su interior. Sus caderas comenzaron a moverse de manera involuntaria contra ella, embistiéndola.

Ella soltó un gemido ahogado de placer, que lo llevó completamente al límite. Bajó la cabeza y capturó los suculentos labios, besándola de nuevo mientras aumentaba el ritmo y la fuerza de sus poderosos embates. Ella enterró de nuevo las uñas y le mordió el hombro al alcanzar el orgasmo.

Un par de embestidas más y él se le unió en un ronco gemido, a través del más puro de los éxtasis.

Las respiraciones entrecortadas de ambos, hicieron presencia en la noche. Frederic, que había dejado caer su cabeza en la curvatura que se formaba por la conexión del hombro y cuello de ella, se separó y la bajó al suelo.

Las piernas de ella temblaban, y la sangre resbalaba con facilidad por sus muslos, la muestra de la pérdida de su virginidad. Marissa respiraba con dificultad y se aguantaba de los hombros de él en busca de apoyo para mantenerse en pie y no perder el equilibrio.

Frederic se sintió repentinamente estúpido en ese momento.

-¿Eras virgen y no me detuviste? –Preguntó con molestia en su voz.

Marissa levantó la vista que permanecía clavada en el suelo y la clavó en él. Su respiración era desigual y su expresión intangible.

-“Con” o la forma que yo decida perder la virginidad es mi problema.

-¡Joder! –Exclamó -¿Incluso en una pared detrás de un baño? ¡Me lo hubieses dicho antes y por lo menos busco una cama decente! –terminó mientras deslizaba la mano entre sus cabellos.

Marissa se quedó en silencio observándolo fijamente durante unos instantes, entonces arregló su vestido cubriendo sus pechos y muslos llenos de sangre. Él siguió su ejemplo y retirando el preservativo de su ahora flácido miembro, se subió y abotonó sus pantalones.

-Aun así –Inició ella –Ha estado genial –Susurró.

Frederic apretó los labios y miró el reloj con suspicacia.

-Entra al baño y límpiate. Esperare aquí hasta que salgas.

Ella hizo lo que él le dijo sin rechistar o hacer algún comentario, y solo unos minutos después salió del baño con algo de brillo en sus rojos labios, el maquillaje retocado completamente y su cabello perfectamente arreglado. Sin ningún rastro de la anterior pasión que los había invadido.

Por alguna razón, el que ella pareciera tan intachable y repentinamente inocente lo enervó.

-No podemos entrar juntos –Inquirió Marissa, observando hacia la puerta de entrada donde se oían los estruendosos sonidos de la música.

-No –Dijo él –Yo me iré. Tú entraras y dirás que te encontraste con alguna amiga o si no inventa una escusa completamente creíble.

Antes de que llegara a darse vuelta, ella tomó la manga de su chaqueta y lo jaló del brazo. Él frunció el labio, ante la repentina electricidad que recorrió su cuerpo, a pesar de llevar una gruesa capa de ropa entre las manos de ellas y su brazo.

-Si me vas a decir que no le diga a tu hermano, pues no te molestes. De todas formas no tengo intención de morir o peor aún, de que me despidan.

-No es so –Soltó ella, y acercándose más a él, entrecerró los ojos mientras observaba sus labios con repentino anhelo.

Seducido por la expresión de deseo en el angelical rostro de ella, bajó la cabeza y capturo sus labios en un apasionado beso, atrayendo su cuerpo al de ella. Deslizó sus manos tocándola, era sorprendente como a pesar de haber tenido sexo con ella, todavía no lograba saciarse… En cambio, una oleada de crítica lujuria se apoderaba de él.

Rompiendo el beso de forma busca, se separó de ella antes de llevarla de nuevo al rincón detrás del baño y poseerla como una bestia salvaje.

-Buenas noches, Marissa –Dijo casi sin respiración y de manera ronca, antes de darse la vuelta e irse.

¿Qué demonios le pasaba dejándose seducir por una cría más de diez años menor que él?