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Nada por ahora
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Amor Al Azar. Historia 1º. Capitulo 1


Historia 1º. Juegos de seducción.


Capitulo Uno

"Me pregunto... ¿Quien fue el que sedujo a quien?"


-Ella es Marissa, mi hermana menor, chicos –Había inquirido su jefe Leonard Snow con cara de pocos amigos –Ha insistido en que la trajera conmigo, ya que no deseaba quedarse sola.

Y el resto de la maldita noche, Frederic Drayton, siendo el acompañante más viejo de todos dentro de la agencia Black Prince, había pasado el resto de la noche haciéndole el amor y devorándose con la mirada a la pequeña y dulce hermanita de su jefe.

Entre trago y trago, su miembro se endurecía dolorosamente al imaginársela sudorosa y abierta ante él mientras se ambos se enredaban entre las sabanas blancas de su cama.

Todo ese sedoso cabello castaño desparramado sobre su almohada y ese angelical rostro contraído por el éxtasis que le provocarían sus expertas caricias. Casi podía sentir sus suaves muslos apretándose alrededor de sus caderas y las paredes de su sexo envolviendo su miembro terriblemente erecto.

Tomó otro trago de whisky al sentir como, con un dolor casi agónico, su miembro se endurecía hasta un punto inimaginable.

Las suaves curvas del cuerpo de Marissa, una muchacha de diecinueve años, estaban envueltas por un ajustado vestido negro de tirantes, que le llegaban más o menos hasta las rodillas.

Apretó la mandíbula contra todo pronóstico.

¿No estaría muy necesitado de sexo como para acabar deseando a una chiquilla de apenas diecinueve años?

Era cierto que llevaba algún tiempo sin acostarse con ninguna mujer, pero era la falta de tiempo que terminaba consumiéndolo. Y a parte de sus clientas, no se permitía a si mismo las energías suficientes para acudir a alguna que otra mujer dispuesta a compartir su cuerpo y su cama con él.

Y que dios lo ayudara, porque no pensaba acudir a alguna de sus clientas habituales para calmar sus salvajes y primitivas necesidades.

Aun así…

Rascándose la barbilla, que era oscurecida por una barba incipiente de dos días, optó por seguir con la vista clavada en ella siguiendo cada uno de los elegantes movimientos de Marissa Snow.

Ella reía y conversaba alegremente con cada uno de los acompañantes, que parecían perdidamente enamorados de ella –en un sentido meramente fraternal- lamentable, que él no se sintiera de la misma forma y la sobrecogiera como una hermana pequeña.

Pero no, Frederic tenía que ser un jodido insaciable que le apetecía en esos momentos, desear a la hermana pequeña de su jefe.

Entonces, el par de ojos dorados de Marissa Snow, se clavaron fijamente en él, mientras la conversación alrededor de la mesa se dispersaba.

Ella le devolvió la mirada con intensidad, entrecerrando muy ligeramente los ojos que reflejaban un urgido deseo que lo dejo atónito por unos segundos. Frederic arqueó una ceja y sonrió divertido, mientras que ninguno de los otros acompañantes pareció percatarse del extraño y singular acontecimiento. Ella se relamió los labios y con la misma mirada caliente sobre él, se acarició “inocentemente” el lugar descubierto sobre el escote de su vestido.

Frederic apretó la mandíbula.

"Maldición" Ella estaba al tanto de que él la deseaba y por su expresión y lo que sus centellantes ojos le reflejaban, Marissa sentía el mismo deseo casi irrefrenable.

Le dio una mirada significativa y arrastró sus ojos por el cuerpo de ella, antes de levantase y excusarse para ir al baño que quedaba en las afueras del bar.
La música, resonaba en el interior del local y estallaba en sus oídos, mientras cruzándose de brazos se recostaba de la pared. Unos seis o cinco minutos después, Marissa salió y clavó su par de ojos dorados en él.

Ninguno de los dos se atrevió a romper la espesa nube de silencio y tensión sexual durante unos minuto completo.

Frederic se acercó a ella hasta quedar frente a frente, estaba seguro de que en esos momentos sus ojos deberían de estar enardecidos por el deseo. El escotado vestido mostraba el inicio de los sugerentes pechos de Marissa, provocando que su boca se le hiciera agua al imaginarse uno de sus pezones erectos dentro de su boca. Acariciándolo y probando la aterciopelada piel.

Marissa pareció entender el giro que habían dado sus pensamientos, por lo que le dedico una sonrisa conocedora.

-Te mueres por colarte debajo de mi falda. Toda la noche sentí tu mirada clavada en mí, como si estuviera paseándome totalmente desnuda por el local –Observó la bragueta de Frederic con interés y luego su sonrisa se ensancho aun más –Y esta es la prueba de ello ¿no? –Sin previo aviso, la mano de ella sujeto el bulto que había formado en sus pantalones, arrancándole un gemido de placer desde lo más profundo de su garganta.

-Oh dios… -Dijo, entonces la arrastró con él hacia detrás de la pared de los años, en el rincón más oscuro donde la luz de la luna no alcanzaba a alumbrar. La noche se presentaba seductora e imprescindible.

La empujo contra la pared y besó esos carnosos y rojos labios. La devoró con impaciencia y deseo. Las curvas del cuerpo de Marissa eran sensuales y perfectas, se amoldaban increíblemente bien a sus propios músculos, causándole una explosión de sentidos.

Introdujo la lengua dentro de esa pequeña y sexy boca y exploró cada rincón de ella, deleitándose con su sabor y disfrutando del caliente movimiento en el que se enredaron ambos, explorándose el uno al otro.

Mientras la besaba, se encargó de bajar los tirantes del vestido y deshacer el escote. Marissa no llevaba sostén y ella gimió contra su boca cuando el frio aire nocturno, golpeó sin piedad sus pechos desnudos.

Deslizó su mano hasta ahuecar uno de sus llenos senos y con el pulgar le acarició el pezón erecto contra su mano. Ella se estremeció en respuesta y separándose ligeramente con los ojos cerrados, murmuró un “oh, dios” cerca de sus labios.

-¿Te gusta? –Le preguntó, rozando los labios contra el cuello de ella.

-Oh, si… -Dijo.

Él rió contra su cuello, deleitándose con la suavidad aterciopelada del cuerpo de ella.

-¿Quieres que lo haga con mi lengua?

Marissa soltó un ronco gemido al tiempo que separaba las piernas en respuesta a las acaloradas palabras pronunciadas.

-Oh ¡Sí, sí!

Y hecho, se introdujo el endurecido pezón en la boca haciendo que gritara de placer. Succionó, lamió y besó ambos montículos hasta dejarlo rosado por sus atenciones. Sentía que iba a explotar si no estaba en su interior.

Le levantó la falda y dejó que el ajustado vestido negro se le arremolinara en la cintura. Gruñó de placer cuando notó la humedad proveniente de sus bragas.

La ayudó a deslizar la prenda por sus largas y torneadas piernas y la guardó en el bolsillo de su chaqueta.

Ella lo observó fijamente mientras desabotonaba el pantalón y dejaba al descubierto su miembro erecto. Sacó la cartera del bolsillo trasero de su pantalón y con desespero, se concentró en rasgar el papel y en colocarse el preservativo. Atrayéndola hacia él la beso con fiereza, penetrando en su boca con la lengua, mientras la levantaba y la hacía envolver los suaves muslos alrededor de sus caderas.

-Dios… -Susurró en un gemido –He deseado esto durante toda la noche.

Y en una brutal embestida desesperada, invadió de lleno el interior de ella. Marissa soltó un grito de dolor, mientras enterraba las uñas en su espalda. Esto lo heló completamente, al igual que las lágrimas en los ojos de ella.

-Santo dios… No sabía que… -Pero no pudo continuar hablando. Marissa era estrecha y deliciosamente, su cuerpo encajaba a la perfección en su interior. Sus caderas comenzaron a moverse de manera involuntaria contra ella, embistiéndola.

Ella soltó un gemido ahogado de placer, que lo llevó completamente al límite. Bajó la cabeza y capturó los suculentos labios, besándola de nuevo mientras aumentaba el ritmo y la fuerza de sus poderosos embates. Ella enterró de nuevo las uñas y le mordió el hombro al alcanzar el orgasmo.

Un par de embestidas más y él se le unió en un ronco gemido, a través del más puro de los éxtasis.

Las respiraciones entrecortadas de ambos, hicieron presencia en la noche. Frederic, que había dejado caer su cabeza en la curvatura que se formaba por la conexión del hombro y cuello de ella, se separó y la bajó al suelo.

Las piernas de ella temblaban, y la sangre resbalaba con facilidad por sus muslos, la muestra de la pérdida de su virginidad. Marissa respiraba con dificultad y se aguantaba de los hombros de él en busca de apoyo para mantenerse en pie y no perder el equilibrio.

Frederic se sintió repentinamente estúpido en ese momento.

-¿Eras virgen y no me detuviste? –Preguntó con molestia en su voz.

Marissa levantó la vista que permanecía clavada en el suelo y la clavó en él. Su respiración era desigual y su expresión intangible.

-“Con” o la forma que yo decida perder la virginidad es mi problema.

-¡Joder! –Exclamó -¿Incluso en una pared detrás de un baño? ¡Me lo hubieses dicho antes y por lo menos busco una cama decente! –terminó mientras deslizaba la mano entre sus cabellos.

Marissa se quedó en silencio observándolo fijamente durante unos instantes, entonces arregló su vestido cubriendo sus pechos y muslos llenos de sangre. Él siguió su ejemplo y retirando el preservativo de su ahora flácido miembro, se subió y abotonó sus pantalones.

-Aun así –Inició ella –Ha estado genial –Susurró.

Frederic apretó los labios y miró el reloj con suspicacia.

-Entra al baño y límpiate. Esperare aquí hasta que salgas.

Ella hizo lo que él le dijo sin rechistar o hacer algún comentario, y solo unos minutos después salió del baño con algo de brillo en sus rojos labios, el maquillaje retocado completamente y su cabello perfectamente arreglado. Sin ningún rastro de la anterior pasión que los había invadido.

Por alguna razón, el que ella pareciera tan intachable y repentinamente inocente lo enervó.

-No podemos entrar juntos –Inquirió Marissa, observando hacia la puerta de entrada donde se oían los estruendosos sonidos de la música.

-No –Dijo él –Yo me iré. Tú entraras y dirás que te encontraste con alguna amiga o si no inventa una escusa completamente creíble.

Antes de que llegara a darse vuelta, ella tomó la manga de su chaqueta y lo jaló del brazo. Él frunció el labio, ante la repentina electricidad que recorrió su cuerpo, a pesar de llevar una gruesa capa de ropa entre las manos de ellas y su brazo.

-Si me vas a decir que no le diga a tu hermano, pues no te molestes. De todas formas no tengo intención de morir o peor aún, de que me despidan.

-No es so –Soltó ella, y acercándose más a él, entrecerró los ojos mientras observaba sus labios con repentino anhelo.

Seducido por la expresión de deseo en el angelical rostro de ella, bajó la cabeza y capturo sus labios en un apasionado beso, atrayendo su cuerpo al de ella. Deslizó sus manos tocándola, era sorprendente como a pesar de haber tenido sexo con ella, todavía no lograba saciarse… En cambio, una oleada de crítica lujuria se apoderaba de él.

Rompiendo el beso de forma busca, se separó de ella antes de llevarla de nuevo al rincón detrás del baño y poseerla como una bestia salvaje.

-Buenas noches, Marissa –Dijo casi sin respiración y de manera ronca, antes de darse la vuelta e irse.

¿Qué demonios le pasaba dejándose seducir por una cría más de diez años menor que él?

2 comentarios:

mariana

hola me gusto tu historia cuentame como es el bueno espero el proximo capitulo si quieres pasate por mi blog http://mundomagicodemariana.blogspot.com

Anónimo

me mantuvo en vilo hasta el final